Los agujeros negros supermasivos suelen encontrarse en el centro de las galaxias. Allí concentran enormes cantidades de masa, influyen en el movimiento de las estrellas y, cuando absorben suficiente material, pueden producir algunas de las emisiones más intensas del universo.
Por eso llamó tanto la atención un destello detectado en las afueras de una galaxia situada a unos 750 millones de años luz de la Tierra. La señal no procedía del núcleo, sino de una región separada de él por más de 30.000 años luz.
Las observaciones realizadas con el telescopio espacial Swift de la NASA y varios instrumentos terrestres revelaron la causa: un agujero negro de alrededor de un millón de masas solares había destrozado una estrella. Durante varios meses, el estallido llegó a brillar en luz ultravioleta más que toda la galaxia que lo rodeaba.
Una estrella delató al agujero negro
El fenómeno fue detectado inicialmente en noviembre de 2025 por el Zwicky Transient Facility, un observatorio que registra cientos de miles de cambios de brillo cada noche.
Un algoritmo de inteligencia artificial identificó el destello, denominado TDE 2025abcr, porque presentaba características similares a las de un evento de disrupción de marea. Lo extraño era su posición, ya que este tipo de fenómenos suele buscarse cerca del centro de las galaxias.
Una disrupción de marea ocurre cuando una estrella pasa demasiado cerca de un agujero negro. La diferencia de gravedad entre el lado más próximo y el más lejano termina deformándola hasta despedazarla.
Parte del material estelar es expulsado, mientras el resto empieza a girar alrededor del agujero negro. Al calentarse, esos restos producen un destello capaz de observarse a enormes distancias.
En este caso, el brillo alcanzó una potencia equivalente a unos 10.000 millones de soles. Swift midió además una temperatura cercana a los 30.000 grados Celsius, mientras otros observatorios analizaron el espectro de la señal y descartaron explicaciones alternativas.
El estallido permitió localizar un objeto que, en condiciones normales, habría sido muy difícil de encontrar. Al no estar absorbiendo grandes cantidades de gas antes del evento, el agujero negro apenas emitía luz detectable.

Cómo terminó tan lejos del centro galáctico
Los astrónomos lo describen como un agujero negro errante o aparentemente "huérfano". Eso no significa que se formara en medio de la nada, sino que probablemente nació en el centro de otra galaxia y terminó desplazado durante una fusión.
Una de las hipótesis plantea que varias galaxias chocaron y sus agujeros negros centrales quedaron atrapados en una interacción gravitatoria. Durante ese proceso, el objeto menos masivo pudo ser expulsado hacia las regiones exteriores de la galaxia resultante.
Otra posibilidad es que todavía pertenezca al núcleo de una pequeña galaxia enana que está siendo absorbida por otra mayor. Las estrellas de ese sistema podrían haberse dispersado hasta resultar difíciles de distinguir, mientras el agujero negro permanecía en la zona.
Los investigadores consideran probable que la galaxia principal conserve otro agujero negro supermasivo en su núcleo. El que destruyó la estrella sería, por tanto, un segundo objeto desplazado.
Antes de este hallazgo, ya se había confirmado otro evento parecido a unos 2.600 años luz del centro de una galaxia. TDE 2025abcr se produjo más de diez veces más lejos, lo que lo convierte en el caso más extremo detectado hasta ahora.
Una nueva forma de encontrar agujeros negros errantes
Los eventos de disrupción de marea son poco frecuentes. Se calcula que en una galaxia determinada puede ocurrir uno aproximadamente cada 100.000 años, aunque los grandes rastreos del cielo encuentran varias decenas al observar millones de sistemas al mismo tiempo.
Hasta hace poco, las búsquedas se concentraban casi por completo en los núcleos galácticos. La lógica era sencilla: si allí se encontraban los agujeros negros supermasivos, también era donde debían aparecer las estrellas destruidas por ellos.
Este descubrimiento demuestra que ampliar la búsqueda hacia las regiones exteriores puede revelar una población que hasta ahora pasaba inadvertida. Los destellos producidos por estrellas despedazadas pueden funcionar como señales temporales de la presencia de estos objetos.
El Observatorio Vera C. Rubin podrá detectar muchos más cambios de brillo mediante sus rastreos amplios y repetidos del cielo. El telescopio espacial Nancy Grace Roman, por su parte, permitirá buscar eventos similares en galaxias más lejanas y estudiar etapas anteriores de la historia del universo.
Combinar esos datos con observaciones ultravioletas y de rayos X podría ayudar a determinar cuántos agujeros negros errantes existen y qué procesos los alejaron de los centros galácticos.