Mientras el desastre ecológico en curso en el Mar Menor avanza inexorable sin que nada permita intuir que vayamos a volver a ver las aguas hipersalinas y claras que, hasta hace menos de diez años, identificaban a esta laguna litoral, los responsables políticos van a lo suyo. La última ha sido Diana Morant, ministra de Ciencia e Innovación. Según indicó la semana pasada en una convención de las Juventudes Socialistas celebrada, precisamente, en Murcia; la contaminación del Mar Menor se debe “a la materia orgánica” procedente de los fertilizantes que se utilizan en “plantaciones ilegales” que explotan agricultores murcianos en el Campo de Cartagena.
Mientras eso pasa, dice ella con chiste fácil incluido, el presidente murciano Fernando López Miras “mira para otro lado” y éste, al poco, le constesta echándole en cara no haber invertido en la zona todo lo que debía. Todo sucede, además, en menos de una semana y, mientras el Mar Menor no mejora, hasta algo bueno sacamos de todo ello: ahora podemos asignar un valor al tiempo perdido que, entre dimes y diretes, han desperdiciado los responsables políticos que tenían que solucionar el problema. Y no es nada bajo.
El presidente murciano responde
Tras verse acusado de mirar hacia donde no debe, López Miras contestó a la ministra este martes mostrándole su disgusto tras ver como 54 millones de fondos europeos que, explica iban “inicialmente” destinados a “proteger el Mar Menor” acabaron usándose para otros menesteres por decisión del Gobierno. Miras explicó también que, al tiempo, el Gobierno de Murcia invirtió 68 millones de euros en la laguna en 2022. Según ha admitido el propio Gobierno de España por boca de una subdirectora del Ministerio de Hacienda, esos 54 millones de euros se destinaron a financiar gasto sanitario vinculado a la pandemia. La ministra, mientras, explica que el Gobierno central ha destinado “500 millones de euros” y que aborda “el problema” con “ciencia, conocimiento y decenas de científicos del Instituto Español de Oceanografía”
Ya sabemos cuánto nos cuestan
Sea como fuere, lo único cierto es que la antigua laguna cristalina es hoy, sin que al proceso le afecten lo más mínimo las declaraciones de unos y otros, una laguna eutrofizada en la que el aporte de nutrientes de diversa procedencia ha favorecido el crecimiento acelerado de algas y otras plantas verdes. El agua es ahora turbia y, también, hedionda y, al no penetrar ya la luz hasta el fondo del ecosistema, la vegetación no puede realizar la fotosíntesis y muere. Microorganismos y bacterias se alimentan entonces de la materia muerta, consumen el oxígeno que precisan peces y moluscos y el resultado de todo puede verlo cualquiera que visite aquel lugar antaño de ensueño en el que estaban los apartamentos que se regalaban en el 1,2,3.
A finales de 2021, un estudio del Banco de España concluía que, sin el desastre ecológico de por medio, las 117.000 viviendas de la zona tendrían un valor conjunto superior en 4.150 millones de euros al que tenían entonces, cifrado en 9.224 millones. En los siete años que van de 2014 a 2021 el precio de las viviendas en la zona se mantuvo estable mientras que, en Torrevieja (muy cerca) crecieron un 45%. ¿Cuánto nos cuestan pues los cruces de declaraciones de los servidores públicos que están al frente de las instituciones? En general, no se sabe, pero, lo que sí está claro es que a los propietarios del Mar Menor les han costado 4.150 millones de euros.
