No nos engañemos: si Estados Unidos es la primera potencia mundial no es gracias al petróleo que todavía produce, ni a su ejército ni, tampoco a sus científicos: lo es, por supuesto, gracias a todo eso en parte pero, también –y muy particularmente- al dominio que, con puño de hierro ejerce culturalmente sobre el orbe mediante sus industrias culturales desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Destacan, por supuesto y especialmente, su industria audiovisual y, también, la musical; pero, de un tiempo a esta parte, existe otra industria cultural tan o más importante -la del videojuego- en la que el trono está vacante porque ni Estados Unidos ni Japón –ni por supuesto Europa o China- la dominan con diferencia. Ahora, y con la intención de hacerse con ese centro, aparece otro actor en la película: Arabia Saudí.
Inversión millonaria
A Arabia Saudí se la conoce, primero, por su petróleo, y segundo, por su poco apego a los principios de la democracia occidental, así que su intención de pelear en la batalla cultural a través de una industria tan singular como la del videojuego –que hoy modela el imaginario de los adultos del mañana más que los audiovisuales y la música- es inquietante. De momento, el gobierno saudí ha reservado ya 38.000 millones de dólares para tal empeño, que consiste en convertir al país en un “nuevo referente” del sector.
¿Cómo quieren hacerlo?
Tienen ya una empresa: Savvy Games Group. La sede está en Riad y su objetivo es desarrollar juegos de gran presupuesto y, para aumentar su facturación, editar y publicar en Oriente Medio videojuegos creados en otros países. Empezarán por el mercado del móvil y, después, pasarán a las consolas. Todo, además, se activa en paralelo al intento de convertir mediante contratos a diferentes estrellas mundiales que encaran la recta final de sus carreras, a la liga local de fútbol en un evento de interés mundial. Por supuesto, el ámbito de los deportes es objetivo primordial de Savvy Games. También invierten en empresas consolidadas del sector: Arabia Saudí es buena del 8% de Nintendo y pretenden también incluso hacerse a medio plazo con el control del gigante Electronic Arts. ¿Lo permitirán Europa y Estados Unidos? Pues depende: hoy ya son muchas las empresas de videojuegos que desarrollan sus títulos teniendo en cuenta los intereses y gustos del público chino. Que en Arabia tienen dinero hasta para resucitar a Atari si les da la gana, queda fuera de duda. Otra cosa es que puedan llegar a imponer su manera de entender la vida y las relaciones al resto del mundo a través de los videojuegos. De momento, hay algo claro: van a intentarlo. A mí, si la tal Savvy Games reedita PC Fútbol y alguna aventura gráfica de Lucasfilm, me embaucan rápido.
