Siempre que una novedad causa furor y la gente se abalanza a las tiendas a agotar las existencias del producto de moda, rápidamente surgen mil versiones que imitan al original y, fuera del margen de la legalidad, falsificaciones que dan gato por liebre, pero que el consumidor habitualmente acepta y compra de buen grado para no pagar el precio más elevado del producto original. Como no podía ser de otra forma, ha pasado con los ya archiconocidos muñecos Labubu, como ya pasó un poco antes con los Sonny Angel, o como ha pasado durante décadas con los complementos de alta costura. Con las tiendas vaciando sus almacenes ante la fiebre desatada por el Labubu, la proliferación y venta de falsificaciones se ha disparado. Son los conocidos como Lafufus, a los que las autoridades de todo el mundo ya tratan de poner coto.

Este mismo martes, sin ir más lejos, la aduana de Polonia incautó un cargamento de ni más ni menos que 9.300 labubus de imitación en el paso fronterizo de Świecko, al oeste del país. Los transportaba una furgoneta, cargada de estos peluches falsos, que tendrían en el mercado un valor agregado de 750.000 euros. De acuerdo con las autoridades polacas, los juguetes tenían "logotipos falsificados con una apariencia totalmente legal" y se distribuían en 39 cajas y nueve sacos que, además de peluches, contenían llaveros de los populares muñecos y gran cantidad de adhesivos con certificados de autenticidad falsificados para usar en otros muñecos. Polonia es el país que la empresa china que produce los Labubu, Pop Mart, escogió para comercializarlos en Europa central y del este.

La oficina de aduanas polaca ha recordado tras la incautación que estas imitaciones no solo carecen de estándares de calidad, sino que también pueden ser peligrosas para la salud de los usuarios, ya que se ha comprobado que la pintura se desprende fácilmente. La realidad es que las falsificaciones están ya muy extendidas y tanto compradores como organismos por los derechos de los consumidores o autoridades de diversos países han alertado de su proliferación. En este sentido, la principal preocupación sanitaria reside en que estos peluches falsos no pasan por los mismos controles que los muñecos originales, de manera que podrían contener sustancias químicas potencialmente peligrosas —plomo, tintes o plastificaciones no regladas— o presentar riesgos para la seguridad de los menores.

labubus botiga alemanya efe
Labubus originales en una tienda en Alemania / EFE

Así lo ha señalado, por ejemplo, el Chartered Trading Standards Institute del Reino Unido (CTSI), país en el que a principios de agosto se incautaron más de 2.000 peluches falsificados en diversas tiendas de Manchester y otras localidades. El aviso lo habían dado padres preocupados porque los muñecos Lafufu que habían comprado a sus hijos tenían piezas pequeñas y desmontables, como ojos, manos y pies que se caían y podían suponer un peligro de asfixia. Desde dicha asociación por los derechos de los consumidores británica avisan de que la falta de stock de labubus originales en las tiendas propicia que los padres acudan a por falsificaciones ante la demanda de sus hijos, pero deben tener en cuenta que estas falsificaciones "eluden los rigurosos controles de seguridad y los requisitos de cumplimiento que exige la ley, lo que significa que podrían suponer un peligro".

¿Cómo distinguir un Labubu de un Lafufu?

¿Y cómo distinguir un Labubu original de un Lafufu? Es una pregunta que tratan de responder muchos influencers y fan de estos muñecos en vídeos de TikTok, para prevenir al consumidor o para generar contenido humorístico para otros fans. De acuerdo con el CTSI, el productor original debe indicar un importador o fabricante del país en el que se compra, debe llevar marcadores de autenticidad como una pegatina holográfica, un sello en el pie y un código QR que lleva a la página web oficial de Pop Mart. Otra prueba del algodón es contar el número de dientes: los labubus originales siempre tienen nueve, mientras que en las falsificaciones es una lotería. Además de que en muchas ocasiones es fácilmente identificable cuando el producto falsificado presenta costuras deficientes o colores y formas extrañas.

labubu europa press
Una chica lleva un Labubu como complemento en Pekín / Europa Press

China incauta centenares de miles de lafufus y Pop Mart registra la marca

No solo es una cuestión de Polonia o del Reino Unido, sino un fenómeno ya globalizado. La semana pasada, el organismo del gobierno de Estados Unidos encargado de la seguridad de los productos de consumo también ordenó incautar miles de labubus falsos en los puertos, tal y como señala The New York Times; y en Chipre, se incautaron unos 1.300 muñecos en puntos de venta de toda la isla. Y, además del riesgo de seguridad que suponen las falsificaciones, se han advertido de igual forma estafas: compradores de Estados Unidos han denunciado haber recibido productos falsos y en mal estado de vendedores fraudulentos que prometían labubus originales.

En el país originario de estos siniestros y monos muñequitos, China, ya están acostumbrados a esta plaga del Lafufu: las autoridades aduaneras chinas incautaron solo en junio más de 200.000 productos falsificados y esta dinámica ya se ha convertido en la regla durante todo el verano. En el gigante asiático, de hecho, se producen estas falsificaciones y se venden los lafufus al granel en mercados o en puestos callejeros. Pop Mart ha llegado hasta a registrar legalmente el nombre Lafufu, lo que según los medios oficialistas chinos podría ser una tratar de combatir mejor a los imitadores. Las autoridades del país han prometido perseguir estas falsificaciones para defender la industria legal, pero en ocasiones luchar contra esta marea es como poner puertas al campo o tratar de achicar el agua de un lago con un cubo.