Si eres de los que no les gustan las verduras, no te preocupes porque aún estás a tiempo de que te gusten. Una nueva investigación apunta a que nuestros gustos alimenticios no están arraigados en el ADN y, por lo tanto, pueden cambiar.  Hasta cuando pensamos que no nos gusta el sabor de algo.

Es normal que muchos paladares rechacen alimentos como el brócoli, las coles de Bruselas, el repollo, la col rizada, los rábanos o la rúcula, sobre todo en el caso de los niños y jóvenes. Su sabor amargo no resulta en principio atractivo para nuestro cerebro.

Pero un estudio llevado a cabo en la Universidad de Buffalo y publicado en la revista Chemical Senses sugiere que probar alimentos más amargos, particularmente los que se encuentran en una dieta saludable, cambia las proteínas en la saliva que afectan la forma en que percibimos el sabor de los alimentos

Brócoli

La investigación subraya que las papilas gustativas pueden cambiar su percepción y, aunque factores como la genética, la cultura, el medio ambiente y la educación desempeñan un importante papel en el desarrollo de nuestros paladares, el proceso es más complejo y puede evolucionar.

Según los científicos, las proteínas salivales alteraron disminuyendo la sensibilidad al estímulo amargo. Mediante la exposición a estos alimentos en la dieta, se pueden alterar estas proteínas tal y como han demostrado con un experimento que han llevado a cabo con ratas expuestas a dietas inductoras de proteínas salivales.

En la infancia, los cerebros en desarrollo prefieren alimentos que proporcionen energía, como los azúcares y las sales. Pero eso no quiere decir que no se deban introducir otro tipo de alimentos. Lo más aconsejable es probarlo 10 o más veces para obtener buenos resultados.

Coles de Bruselas

Los expertos también proporcionan algún que otro truco para acelerar ese proceso. A la hora de comer, no sólo empleamos el gusto, si no también el resto de sentidos: vista, olfato, sonido y tacto. Cuanto más atractivo sea el alimento en conjunto, mayor probabilidad habrá de hacerlo más apetecible. Así que para empezar, se puede aumentar el disfrute sensorial de los platos para estimular el cerebro.

Otro consejo es fomentar la relación de los niños con la comida lo antes posible, así como con el resto de la familia, para hacer de la elaboración de los menús y la cocina un asunto familiar. Hacer recetas, experimentar con los sabores, aprender a manipular los alimentos y elaborar recetas con alimentos saludables tiene un efecto muy educativo y beneficioso.

Los beneficios de una dieta basada fundamentalmente en el consumo de verduras ha demostrado científicamente su acción protectora y la reducción del riesgo de múltiples enfermedades como el cáncer, la obesidad y las patologías cardiovasculares entre otras.

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