Casi quince horas de viaje entre Barcelona y Atlanta, la capital de Georgia, y dos enlaces, el primero en Frankfurt y el segundo en Washington. Este ha sido el periplo que tuvo que recorrer el president, Carles Puigdemont, el miércoles para poder desplazarse a la reunión del Centro Carter apurando al máximo el tiempo de que disponía para seguir el pleno del Parlament y evitando así levantar sospechas por su ausencia. Se trataba de dejar el mínimo rastro posible hasta llegar a su destino para zafarse del finísimo cedazo de la diplomacia española.
Con todo, el president tuvo que dejar constancia documental de su salida del país, señalando como responsable de asumir la suplencia de sus funciones al vicepresident, Oriol Junqueras. El decreto de suplencia, con fecha del martes 4, se publicó el jueves en el Diario Oficial de la Generalitat.
También la ausencia de Puigdemont en el pleno del Parlament, donde se votaron entre otros puntos, la reprobación del nuevo director de TV3, Vicent Sanchis, amenazaba con levantar sospechas, al igual que el hecho de que la agenda pública del presidente aparecía aquel día vacía.
Con todo, el viaje ha conseguido quedar protegido con una contundente cortina de discreción que se ha revelado a muy pocas personas del Govern, entre las cuales, el vicepresident y el conseller d'Exteriors, Raül Romeva.
El president se ha desplazado a Estados Unidos sólo acompañado de su jefe de gabinete, Josep Rius, y de una persona del equipo de Presidència.
El resultado final ha sido consecuencia de una discreción casi absoluta.
