Cuando Alberto Núñez Feijóo recibió el primer 'no' del Congreso a ser investido presidente del Gobierno, se puso en marcha la cuenta atrás para una repetición electoral: si antes del 27 de noviembre no hay ningún acuerdo para investir a un jefe del ejecutivo estatal, España volverá a las urnas el 14 de enero de 2024. Estas se convertirían en las decimoséptimas elecciones generales que se celebrarían en el Estado desde la Transición, y sería la tercera vez que se tienen que repetir comicios ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo para la gobernabilidad y poner fin a un Gobierno en funciones. Los otros dos precedentes se remontan a una época bastante reciente: el 2016 y el 2019.
Ahora queda un mes para que esta eventual repetición electoral se pueda evitar. El candidato a la investidura es Pedro Sánchez, pero hoy por hoy la presidenta del Congreso, Francina Armengol, no ha fijado ninguna fecha para que se celebre el debate en el que el socialista podría revalidar el cargo de presidente del Gobierno. El PSOE (121) necesita articular una mayoría con varios partidos para poder conseguirlo: Sumar (31), ERC (7), Junts (7), Bildu (6), el PNV (5) y el BNG (1). Los únicos que han confirmado ya su apoyo son los seis diputados de Bildu. Entretanto, las negociaciones, que sin estar rotas tampoco están cerradas, siguen su curso. Ante la hipótesis que no hubiera acuerdo y el Estado tuviera que volver a las urnas, ¿cómo cambiaría la aritmética parlamentaria? ¿Quién podría salir más beneficiado? Si miramos los precedentes, estos son claros: el bloque de la derecha es el que sale mejor parado, mientras que la izquierda tiende a perder fuelle.
La repetición electoral del 2016
Después de las elecciones del 20 de diciembre de 2015, ninguno de los candidatos consiguió llegar a la mayoría para poder ser investido. Era la primera convocatoria en que irrumpían Podemos y Ciudadanos, que llevó a un escenario de una mayor fragmentación y de una presencia más amplia de otras formaciones, un hecho que obligaba tanto al Partido Popular como al PSOE a tener que contar con más de un socio para poder llegar a la Moncloa. Tanto es así que Mariano Rajoy ni siquiera intentó la investidura, rechazando la propuesta del rey Felipe VI para intentarla. Quien sí que lo intentó fue Pedro Sánchez, que llegó a un acuerdo con Ciudadanos, claramente insuficiente para acercarse a la mayoría, ya que solo sumaban 130 escaños.
En el eje izquierda-derecha, el año 2015 tenían una fuerza sustancial los primeros. La suma del PSOE (90), Podemos (69) e Izquierda Unida (2) reunía más de 11,6 millones de votos y 161 diputados; mientras que el Partido Popular (123) y Ciudadanos (40) estaban por debajo de los 10,8 millones de sufragios, pero con dos escaños más que la izquierda (163) a consecuencia de la ley electoral y de las circunscripciones más pequeñas, que tienden a favorecer al partido ganador. Seis meses después —el 26 de junio de 2016—, los ciudadanos volvían a votar y dejaban un panorama más favorable para la derecha: el PP de Rajoy revalidaba la victoria con 14 escaños más (137) y casi 700.000 apoyos más, mientras que cortocircuitaba el crecimiento de Ciudadanos, que retrocedía a las 32 actas y se dejaba por el camino casi 400.000 sufragios. La suma conjunta hacía que entre los dos superaran los 11 millones de votos y subieran conjuntamente 3,4 puntos porcentuales y seis escaños más. Y eso que la participación bajó del 73,2% al 69,8%, un efecto que percibió más la izquierda.
En esta nueva convocatoria de comicios, se consiguió por primera vez tejer y construir una coalición de los partidos situados a la izquierda del PSOE: Podemos e Izquierda Unida se presentaron bajo el paraguas de Unidos Podemos. Esta fórmula buscaba hacer el 'sorpasso' a los socialistas, ya que entre los votos de la formación de Pablo Iglesias y Alberto Garzón habían llegado al 24% de los apoyos el año 2015. No obstante, el intento no salió bien: UP llegó a 71 escaños (los mismos que sumaban por separado en diciembre del 2015), pero el descenso en votos fue notorio, cayendo de los 6,1 millones a los 5 justos. Y el panorama no fue mejor para el PSOE: perdieron 100.000 votos y cinco actas (85). Mientras que la derecha crecía en 250.000 sufragios, seis escaños y 3,4 puntos porcentuales; la izquierda retrocedía 1,2 millones de apoyos, cinco diputados y 3,6 puntos porcentuales.
Desde aquellos comicios, los bloques izquierda-derecha empezaron a quedar más definidos. Rajoy y Rivera llegaron a un acuerdo de legislatura y el popular se sometió a dos debates de investidura a finales de agosto en los que no llegó a la mayoría suficiente para ser investido (tenía 170 votos). Es entonces cuando la presión hacia el PSOE se intensificó y varios dirigentes cuestionaron la continuidad de Pedro Sánchez como secretario general. Él quería intentar un gobierno con Unidos Podemos y Ciudadanos, una fórmula inviable por los 'vetos' cruzados entre unos y otros. Finalmente, el 1 de octubre, en un Comité Federal insólito por la tensión vivida, Sánchez dimitió como secretario general porque se negaba a una abstención para investir a Rajoy. El 29 de octubre de 2016, el gallego revalidaba la presidencia del Gobierno con la abstención de 68 diputados socialistas.
Las dos elecciones generales del 2019
La legislatura 2016-2020 tampoco se pudo agotar y, de hecho, volvió a haber elecciones antes de que se cumplieran tres años de la última convocatoria. El 1 de junio de 2018 prosperaba una moción de censura contra Mariano Rajoy después de la sentencia del caso Gürtel. Los socialistas volvían a la Moncloa siete años después y lo hacían de la mano de Pedro Sánchez que, contra todo pronóstico, hacía unos meses que había vuelto a ser secretario general del partido al imponerse en unas primarias contra Susana Díaz y Patxi López. Aquel primer gobierno de Sánchez tuvo una corta duración porque no consiguió aprobar los presupuestos de 2019, una decisión que impulsó el socialista a convocar elecciones anticipadas.
El 28 de abril de 2019, el PSOE ganaba los comicios estatales, un hecho que no pasaba desde el 2008. Con una participación superior al 75%, el bloque de la izquierda salía bastante musculado, rozando los 11,5 millones de votos. Los socialistas consiguieron 123 escaños, Unidas Podemos obtuvo 42 y Compromís (que se presentó en solitario, sin UP), 1. Del otro lado, el Partido Popular obtenía su peor resultado histórico (66 diputados), con Ciudadanos pisándole los talones (57) y la aparición de Vox por primera vez en el Congreso (24). La suma de los tres partidos no llegaba a las 150 butacas, a pesar de sumar 11,2 millones de sufragios. Las desavenencias entre el PSOE y Unidas Podemos imposibilitaron formar un gobierno de coalición, un planteamiento al cual los socialistas se resistían, que después extendieron el 'veto' a Pablo Iglesias para que no fuera vicepresidente y a la falta de acuerdo sobre las carteras que le correspondían a cada formación. Sánchez se sometió a dos sesiones de investidura fallidas a finales de julio, en las cuales solo contó con el voto afirmativo del PRC y las abstenciones de UP, ERC, PNV, Bildu y Compromís.
La consecuencia fue que se tuvieron que repetir las elecciones el 10 de noviembre de 2019. La participación en relación con los comicios de abril se desplomó 9 puntos, una bajada que percibió, principalmente y de nuevo, la izquierda. Los socialistas volvieron a ganar, pero perdieron casi 800.000 votos y tres escaños (120). Por otra parte, Unidas Podemos también acusó el desgaste por la pugna con el PSOE en la anterior legislatura y se dejó por el camino cerca de 700.000 sufragios y siete actas (35). A su vez, surgió un nuevo competidor en este espacio ideológico, Más País, partido con quien acordó una coalición Compromís. La marca consiguió tres representantes en el Congreso. En total, la sangría de votos de la izquierda fue de 800.000 papeletas y ocho escaños.
Paradójicamente, tanto el Partido Popular como Vox crecieron de manera sustancial a costa de Ciudadanos, que se desplomó desde los 57 escaños hasta los 10. Los populares pasaron de 66 a 89 con prácticamente 700.000 votos más, la extrema derecha obtuvo 28 actas más que en abril con un millón de sufragios más, mientras que Cs solo retuvo 1,6 millones de apoyos con respecto a los 4,1 que había obtenido siete meses antes. La suma de los votos de los tres partidos también bajaba en comparación con abril, un hecho influido por la caída de la participación. Con todo, el bloque PP + Vox + Cs conseguía saltar de los 147 a los 151 diputados. En esta ocasión, sin embargo, PSOE y Unidas Podemos se entendieron rápidamente y anunciaron 48 horas después de los comicios que formarían un gobierno de coalición. La investidura de Pedro Sánchez salió adelante el 7 de enero de 2020 con los votos afirmativos del PNV, Más País, Nueva Canarias, el BNG y Teruel Existe, además de las abstenciones de ERC y Bildu.
El independentismo se ha mantenido en las repeticiones electorales
En el caso de los bloques de la izquierda y la derecha española, los dos precedentes sitúan a la derecha como la principal beneficiaria de las repeticiones electorales y, singularmente, quien sale más reforzado es el Partido Popular. La caída de la participación la acusa más la izquierda, con un electorado más desmovilizado (influido, probablemente en los dos casos que ha habido, por la falta de acuerdo entre el PSOE y Podemos), mientras que la derecha se mantiene más activada y se aprecia una mayor concentración de voto. Sin embargo, ¿cómo han incidido las repeticiones electorales en el independentismo? Tanto en el año 2016 como en el 2019, ERC y Junts se han mantenido en valores muy similares a los comicios anteriores. En junio del 2016, Esquerra mantuvo los 9 escaños del 2015, en tanto que Convergència siguió con los 8 de Democràcia i Llibertat, a pesar de perder casi 100.000 sufragios. En noviembre de 2019, ERC sí que sufrió un retroceso (de 15 a 13 escaños y 150.000 votos menos), Junts continuó con 8 representantes (y 20.000 apoyos más) e irrumpió la CUP con dos actas, rozando los 250.000 votos. De esta manera, el independentismo seguía sumando 23 escaños, como hacía en abril de 2019.
Y ahora, ¿qué dicen las encuestas?
Sin acuerdo antes del 27 de noviembre, habrá elecciones el 14 de enero. Con los dos precedentes explicados, se podría pensar que el Partido Popular sacaría rédito y podría tener, en esta ocasión, mayoría absoluta con sus socios. Ahora bien, ¿las encuestas lo corroboran? Las que se han publicado en las dos últimas semanas, con Pedro Sánchez ya propuesto como candidato a intentar la investidura, coinciden al apuntar un crecimiento de los populares. En la horquilla más baja de los sondeos que incluyen la proyección de diputados, se apunta que Feijóo llegaría a los 144 (siete más que ahora), mientras que en la horquilla más alta se situaría en 149. Ahora bien, lo que también tienen en común estos estudios demoscópicos es que el PP crece a costa de Vox. El partido de Santiago Abascal se desinflaría y, en las proyecciones más optimistas, podría quedarse con 30 actas (tres menos que ahora). Y las más pesimistas les hacen caer hasta las 26 butacas. De esta manera, podría ser que la subida del PP en una eventual repetición de los comicios no fuera suficiente para armar una mayoría que les permita llegar a la Moncloa por el retroceso de Vox.
En la izquierda, no está tan claro que el PSOE crezca. Una encuesta de Sigma Dos de esta semana otorgaba, como mínimo, 117 diputados a los socialistas (que serían cuatro menos que ahora). En cambio, un sondeo de 40dB del 9 de octubre elevaba a Sánchez hasta los 124 escaños. En porcentaje de voto, hay que señalar que la mitad de ellas indican que el PSOE podría superar el 32% de los sufragios, que sería un incremento en relación con el 23 de julio, cuando obtuvieron un 31,7%. Con todo, el hecho de que el debate sobre la amnistía se haya acelerado también refleja un cierto desgaste para los socialistas —al menos, según el CIS: mientras que en septiembre Tezanos proyectaba una victoria socialista con un 33,5%; este octubre los baja al 32,6%. En cambio, el mismo instituto dejaba al PP en el 31,7% en septiembre y ahora llega a un 32,2%. Con respecto a Sumar, la mayoría de estudios también señala un retroceso respecto al 23-J, a pesar de que no tan considerable como el de Vox. Esta 'pequeña fuga' la podría recoger el PSOE.
