"Hoy no se rompe ningún acuerdo político, sino que el acuerdo político muta". Así describió a principios de junio del 2016 la cupaire Eulàlia Reguant la decisión de su grupo parlamentario de no apoyar los primeros presupuestos elaborados por el gobierno de Carles Puigdemont a pesar del pacto de gobierno que habían firmado meses antes. Cinco años y medio después el pacto de la CUP ha vuelto a mutar y los primeros presupuestos de Pere Aragonès tampoco han contado con el apoyo de los anticapitalistas. No obstante, esta vez la situación es diferente, el Govern no vive asediado en el Parlament por el resto de grupos de la Cámara como el 2016. Aragonès incluso se ha podido permitir escoger socios y ha decidido aliarse con los comunes de Jéssica Albiach y rechazar la mano tendida de los socialistas de Salvador Illa.

Con todo, la mutación del pacto ha provocado múltiples efectos secundarios. De entrada ha borrado la imagen de un gobierno sustentado sobre el 52% independentista. Esta mayoría ha saltado por los aires al segundo. El primero fue el debate de política general, cuando las resoluciones posteriores hicieron evidente las diferencias entre los tres socios por lo que respecta a la estrategia independentista. La CUP presentó en aquel debate una propuesta de resolución apostando por un nuevo referéndum que no contó con el apoyo de ERC y Junts.

Tensión ERC-Junts

La negociación de los presupuestos, además, ha provocado también tensión entre ERC y Junts. Ante la negativa de la CUP a apoyar las cuentas, el partido de Carles Puigdemont emplazó a Aragonès a liderar una alternativa para salvar el proyecto. La decisión del president de optar por el apoyo de los comunes irritó a Junts hasta el punto que rechazó participar en las negociaciones con los diputados de Albiach. No fue, sin embargo, una respuesta unánime dentro del partido. Para el conseller de Economía, Jaume Giró, la prioridad era sacar adelante las cuentas, mientras la portavoz, Elsa Artadi, exigía a Aragonès blindar la mayoría del 52% y reclamaba una reunión entre Aragonès y Jordi Sánchez.

En el debate a la totalidad de los presupuestos, el diputado Joan Canadell, protagonizó una intervención durísima cargando contra los comunes y advirtiendo que se abría la puerta al autonomismo y al tripartito, lo cual provocó signos evidentes de malestar de Aragonès y que los consellers republicanos abandonaran el hemiciclo. También entre los consellers de Junts hubo voces tildando de excesiva la cargada. No obstante, la intervención de este diputado había sido acordada con los responsables del grupo parlamentario que conocían el contenido.

Enmiendas sin los comunes

Después de aquel acuerdo de ERC con los diputados de Albiach, Junts dejó claro además que no tenía intención de votar enmiendas de los comunes a los presupuestos. Y no lo tendrá que hacer. Las enmiendas para introducir los acuerdos con la formación morada han sido tramitadas y firmadas conjuntamente por los grupos de ERC y Junts y no figuran los comunes. Además el partido de Puigdemont ha relativizado aquel pacto argumentando que en realidad el acuerdo de ERC con los comunes no tiene una afectación significativa en los presupuestos elaborados por Economia, lo cual les permite avalar las enmiendas.

A partir de aquí, una vez superado el debate la estrategia de Junts ha sido rebajar la tensión que se disparó las horas previas al debate presupuestario. También se ha conjurado internamente a evitar la disparidad de discursos exhibidos con los presupuestos. Ni siquiera el revés que el gobierno de Pedro Sánchez propinó a ERC incumpliendo el acuerdo sobre el catalán en las plataformas audiovisuales ha provocado que Junts aprovechara para desgastar a los socios en uno de los frente habituales de la confrontación entre las dos fuerzas independentistas. La reacción pública de la portavoz parlamentaria ante un tema considerado clave fue de muy baja intensidad y se limitó a un llamamiento a negociar conjuntamente en el Congreso.

Comodidad de ERC

La incomodidad del partido de Puigdemont con el acuerdo con los comunes, contrasta con la satisfacción de los republicanos con la incorporación de los comunes a la ecuación parlamentaria. Fuentes republicanas admiten que esta combinación les da la posibilidad de superar las votaciones en el Parlament sobre la gestión de Govern con los comunes, mientras que los cupaires se reservan para aquellas votaciones que afectan a la estrategia independentista.

Por su parte, Albiach ya ha dejado clara su disposición a que el acuerdo presupuestario sea el inicio de una larga colaboración, en qué entran en juego también el Ayuntamiento de Barcelona y el Congreso de los diputados.

La demostración de que el entendimiento entre los republicanos y los comunes va más allá de los presupuestos no se ha hecho esperar. Esta semana los votos de los morados han permitido la aprobación del decreto del Govern sobre energías renovables a pesar de los votos en contra de la CUP.

Cuestión de confianza

Este nuevo escenario, sin embargo, deja muchas incógnitas abiertas. De entrada, dónde queda el compromiso de Aragonès con la CUP de someterse a una cuestión de confianza a media legislatura. Tanto desde de ERC como de presidencia ya se advirtió a la CUP que la auténtica cuestión de confianza se tenía que ventilar con la votación de los presupuestos. Según esta versión, la CUP ha roto el acuerdo de investidura y, por lo tanto, los republicanos quedan liberados de aquella votación que se tenía que hacer a mediados del 2023.

No se ha concretado, sin embargo, la respuesta. Aragonès admitió cuando anunció en la galería gótica del Palau de la Generalitat que había cerrado el acuerdo con los comunes para aprobar los presupuestos, que la decisión de la CUP de votar en contra de la tramitación de las cuentas obligaba a revisar el pacto de gobierno. Esta revisión no se hará, según ERC, antes de que los presupuestos hayan superado toda su tramitación.

De momento, la CUP ha sentido el impacto de la nueva situación. De golpe, el teléfono ha dejado de sonar. Y así lo admitió este martes la cupaire Eulàlia Reguant, cuando le preguntaron en la sala de prensa del Parlament si el Govern les ha telefoneado para seguir negociando los presupuestos: "La respuesta es sencilla: No. Hablan mucho con los comunes, pero con nosotros, no".

Dirección estratégica

También Junts reclama una nueva revisión de aquel pacto. Y hacerlo en una negociación conjunta de los tres partidos independentistas. La formación de Puigdemont exige saber en qué ha quedado la mayoría independentista del 52% después de la votación de los presupuestos. Quiere saber también cómo se concretará la dirección estratégica conjunta que se había fijado en el acuerdo de investidura con ERC como marco en el cual decidir la hoja de ruta para avanzar en la reivindicación de autodeterminación. Junts ha apostado desde el primer momento que esta dirección estratégica se situe en el marco del Consell per la República y, de hecho, este fue uno de los temas que levantó más polémica en aquella negociación.

Asimismo, reclaman concretar ya la propuesta nacional del Govern, la estrategia a seguir una vez se constate qué resultado consigue la mesa de diálogo, que, en opinión de este partido, será nulo. Y, de nuevo, el referéndum se pondrá encima de la mesa.

 

En la imagen principal, el president, Pere Aragonès, saluda a la líder de los comuns, Jéssica Albiach, al acabar el debate a la totalidad de los presupuestos en el Parlament / Sergi Alcàzar