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Pedro Sánchez pasa por su peor crisis de credibilidad. El presidente español sitúa la invasión de Ceuta como una adversidad más de las que ha tenido que afrontar su gobierno: la pandemia, los incendios, la DANA valenciana… Ocupa portadas, tertulias, y el mismo Sánchez ha tenido que comparecer en el Congreso para dar explicaciones, igual que había pasado anteriormente con los casos de corrupción que le asedian esta legislatura. Pero esta vez es diferente; coinciden algunos de sus socios parlamentarios consultados por este periódico: el socialista ha gobernado mal este verano, ha quedado sobrepasado por la crisis, no ha calculado bien la magnitud de la tragedia y, sobre todo, su estrategia de desinformación se percibe tan evidente como la de Felipe González con los GAL, José María Aznar con el 11-M o José Luis Rodríguez Zapatero negando la crisis económica.

Le advertía sin tapujos de esto último este jueves la líder de Podemos, Ione Belarra, durante el debate en el Congreso sobre Ceuta. Y ella no fue, ni mucho menos, la única que daba por hecha una autoría marroquí. Además de la oposición de PP y Vox, acusan a Marruecos de haber orquestado o como mínimo permitido el asalto de Ceuta socios como Sumar, Esquerra Republicana, Bildu o el PNV, aparte también de Junts per Catalunya. Sánchez se ha quedado solo pidiendo "prudencia"; la excusa que pone sobre la mesa para decir que necesita pruebas más concluyentes; una información de inteligencia que le permita ejecutar una decisión de acusar a Marruecos que ya no tendría marcha atrás.

Lo único diferente del jueves respecto a su entrevista el lunes en la cadena SER es que Sánchez abogó por una "colaboración diferente" con Marruecos en la frontera de Ceuta y Melilla. Pero para Sánchez, indican fuentes de diversas formaciones políticas presentes en el hemiciclo español, ya es demasiado tarde; ya ha quedado como un presidente que se pliega ante Marruecos y que no es capaz de encarar el conflicto diplomático. "Pusilánime" era la palabra utilizada por Gabriel Rufián (ERC) para referirse al ejecutivo socialista. Uno de los puntos más flojos del discurso de Sánchez de este jueves es que defendió que la policía española y la marroquí actuaron con humanidad, pero el informe policial hecho público esta semana acredita que las fuerzas de Marruecos, como mínimo, ayudaron a los inmigrantes a dirigirse a la frontera.

Las maniobras de desinformación del Gobierno español han tenido, además, las piernas muy cortas. El miércoles el director de la policía española insistía en un comunicado en que ningún informe inculpaba a las autoridades marroquíes, y al cabo de un rato el documento se hacía público, con la evidencia del "guiado activo" por parte de las Fuerzas de Marruecos de los inmigrantes. Y al día siguiente, Sánchez aseguraba durante la comparecencia que su Gobierno había convocado a la embajadora marroquí el 21 de agosto para pedirle explicaciones sobre los comentarios de dos ministros marroquíes reivindicando Ceuta y Melilla. La embajadora no se encontraba en España ese día y el Ministerio de Exteriores se vio obligado a aclarar que, en realidad, la reunión había sido con el encargado de negocios marroquí en Madrid.

Mientras las encuestas continúan situando un horizonte electoral catastrófico para el PSOE, con PP y Vox superando los 200 escaños, el Gobierno da muestras de malestar interno; con la ministra de Defensa, Margarita Robles, poniendo cara de pocos amigos durante la comparecencia de Sánchez. Días antes, ella protagonizó un acto de deslealtad a la estrategia del ejecutivo asegurando que el CNI sí que había emitido informes que alertaban de un aumento de inmigrantes que cruzaban la frontera; cosa que ha provocado un choque entre ella y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ahora mismo entre las cuerdas.

El líder de uno de los socios imprescindibles de Sánchez esta legislatura opina en privado que esta es la peor crisis política del actual mandato, aunque en el ámbito personal, vio al presidente del Gobierno peor en junio del año pasado, cuando el Tribunal Supremo encarceló a Santos Cerdán. Da por hecho que Marruecos, tratándose de un estado policial, como mínimo sabía perfectamente que se estaba organizando un asalto. Y también dispara contra el PP, por tener una actitud "irresponsable": se encontrará exactamente con el mismo problema cuando gobierne, indica.

Ceuta estropea la intención de Sánchez de arrancar el curso con iniciativa

El Gobierno pretendía arrancar septiembre con iniciativa política; algo que ya consiguió el año pasado Sánchez responsabilizando a las autonomías del PP de una mala gestión de los incendios y proponiendo un pacto de Estado contra el fuego y el cambio climático. Ahora el ejecutivo pretendía hacer lo mismo con la vivienda, presentando un decreto ley al comienzo del curso. Grupos parlamentarios consultados por este periódico explican que durante el verano han hablado menos con el PSOE de lo que esperaban, a causa de la gestión que la administración de Sánchez hacía de la crisis migratoria.

Y también tenía Sánchez voluntad de presentar en este último tramo del año los presupuestos de 2027. Los socios asumen —y no lo esconden en la sala de máquinas de la Moncloa— que la voluntad de Sánchez es convertir los presupuestos en arma electoral: tiene asumido que si los presenta los perderá pero, como mínimo, le puede servir para centrar las elecciones en su modelo de país y no en una de sus incontables crisis.

La crisis de Ceuta: llueve sobre mojado

El caso es que, aunque Sánchez consiguiera cerrar esta crisis, la legislatura ya estaba completamente enfangada. El presidente socialista continúa asediado por los casos de corrupción de la gente con quien se rodeó, y también las investigaciones a familiares suyos. Y en el Congreso no tiene mayoría; allí continúa la agonía.