El procés, con la sentencia ya en la mano y las protestas todavía en la calle, ha marcado claramente el primer debate electoral del 10-N organizado por TVE y Ràdio 4 con los candidatos catalanes. Un debate, que ha llegado a tres días para el pistoletazo de salida oficial de la campaña y en el que no han participado las primeras espadas. Ni ERC, ni PSC, ni Cs ni tampoco el PP han enviado a los cabezas de lista, los socialistas debido a que su número uno está de baja por prescripción médica. Así, Joan Josep Nuet (ERC), José Zaragoza (PSC), Jaume Asens (Comunes), Laura Borràs (JxCat), Nacho Martín Blanco (Ciudadanos), Jordi Roca (PP), Ignacio Garriga (Vox) y Mireia Vehí (CUP), han sido los encargados de abrir fuego de cara al 10 de noviembre.
El debate no ha conseguido poner sobre la mesa nuevas propuestas con respecto a la posible solución del procés y ha acabdo provocando un debate encendido en el que los partidos se han propiciado críticas y reproches. Uno auténtico todos contra todos, en el que el PSC ha intentado poner en los comunes en el mismo saco que los independentistas, Cs y el PP han vendido una Catalunya arrasada y con un partido socialista que se ha entregado al soberanismo, una ERC y JxCat que han reprochado al PSC que no sea capaz de establecer un diálogo y unos Comuns críticos con independentistas y socialistas a partes igual.
Por otra parte, la CUP y Vox, que se ha estrenado en el debate, han entrado con fuerza. Los cuparies, que se presentan por primera vez en unas elecciones españolas, han atacado al unionismo pero también a Comuns e incluso ha entrado en el cuerpo en cuerpo con ERC y a JxCat, en el primer caso por la abstención a la investidura de Pedro Sánchez, y en el segundo por la actuación de los Mossos d'Esquadra.
Por su parte, Vox, que ya obtuvo representación el 28-A, ha pedido medidas más "determinantes" que el 155 y la Constitución y ha apostado por la ilegalización de partidos y para acabar con los sistema autonómico.
El independentismo endurece el discurso
El hecho que se trate de una repetición electoral y que sólo haga seis meses de la anterior campaña ha provocado que algunos argumentos sean parecidos a los esgrimidos el 28-A, pero también ha habido diferencias, especialmente de la bancada independentista, motivadas por la sentencia y la reactivación de la represión a raíz de las protestas en la calle. Uno de los ejemplos claros de este posicionamiento ha sido el del números tres de ERC, Joan Josep Nuet, que ha lamentado que el diálogo con el PSOE haya quedado "enterrado" y ha asegurado que "el voto gratis no existe".
Sin embargo, ha apostado por el diálogo y ha defendido que si el independentismo gana a las urnas el próximo 10 de noviembre podrá obligar a los socialistas a sentarse a negociar, una negociación que ha dejado claro que tiene que incluir la autodeterminación. Con todo, ha reprochado al PSOE falta de "propuestas" y que dejen siempre la "silla vacía" y ha asegurado que "no hay nada más unilateral que romper la cara a la gente a porrazos".
Laura Borràs, cabeza de cartel de JxCat, ha atacado también a los socialistas por no querer dialogar y optar por la "venganza", no cogiendo ni siquiera el teléfono al presidente Quim Torra. Además, Borràs ha defendido que el modelo territorial -tal como se llamaba el bloque del debate TVE- sólo puede ser la "independencia" y ha acusado a los partidos autodenominados "constitucionalistas" de ser los culpables de que se haya "liquidado" este modelo con las amenazas constantes de 155.
La candidata de JxCat ha evitado durante toda la primera parte interpelar en ERC e incluso en algún momento ha parecido que se la tiraban algún cable para ayudarse. Sin embargo, en la segunda parte, y cuando ya se estaba hablando de la desaceleración económica, Borràs ha criticado que los republicanos se abstuvieran a la investidura de Pedro Sánchez del pasado mes de julio y los ha acusado de darlos sus votos "gratis". Un ataque que Nuet ha optado por pasar por alto y no replicar.
Asens acusa el independentismo de "ingenuo"
Por parte de la CUP, Mireia Vehí ha estado muy dura con el unionismo, poniéndolos todos en el mismo saco, y acusándolos de ser "régimen" y "parte del problema". Incluso ha protagonizado un pique con Jaume Asens, candidato de los Comuns, a quien ha acusado de abandonar el derecho a la autodeterminación y de tenerlo sólo como concepto teórico. Asens, por su parte, ha tildado el independentismo de "ingenuo" por no haber calculado la reacción del Estado y la "correlación de fuerzas" y le ha pedido "autocrítica". En este sentido, ha asegurado que hace falta ir a los "grandes consensos" y construir una "carril central" para encontrado una solución al conflicto. "No se autodetermina quién quiere sino quién puede", ha acabado diciendo.
También ha intentado entrar en el cuerpo en cuerpo con ERC y con el PSC, con quien comparte frontera electoral. En el primer caso, los ha reprochado que el Govern de Catalunya esté "dividido" y los ha acusado de ser "irresponsables", mientras que por la otra lado, ha puesto en el mismo saco PSOE y partidos de derechas, acusándolos de hacer "seguidismo" del PP y buscar una "gran coalición".
La derecha vende una Catalunya "en llamas"
Al otro extremo, PP, Cs y Vox han optado por sacar rédito de las protestas contra la sentencia y los disturbios de los últimos días en las calles de Barcelona, y han pedido más mano dura contra el independentismo. El candidato popular por Tarragona, Jordi Roca, ha defendido que "no se puede dialogar con los que queman ciudad y cortan carreteras", mientras que Martín Blanco, número 5 de Cs, ha hablado de "violencia extrema" y de gente con "miedo a salir a la calle" para pedir un 155 y que se cese al presidente Torra. Por su parte, Ignacio Garriga, de Vox, ha subido el tono, hablando de una Barcelona que es "ciudad refugio de violentos y radicales" y ha pedido decretar el "estado excepción".
Finalmente, José Zaragoza, número dos del PSC por Barcelona, ha intentado erigirse como la "única fuerza" que puede ganar al independentismo en Catalunya", por el roce que le pronostican las encuestas respecto de ERC, así como también a la derecha en España. De esta manera, se ha dedicado a desgastar ERC reprochándoles su rechazo a los presupuestos y su apuesta por la unilateralidad en octubre de 2017, mientras que ha querido poner en el mismo saco los tres partidos de derechas y ha asegurado que si suman gobernarán.
