La Comunidad de Madrid es la zona cero del coronavirus en España, el territorio más golpeado por la pandemia. Lo es desde el principio y los números hblan por si solos. Cuando se declaró el estado de alarma los casos positivos confirmados por PCR eran de 2.940 y se duplicaban a diario. Por su parte, los muertos eran un centenar. Dos meses más tarde, los contagios ya suman 65.269 y las defunciones llegan a las 8.760 (sin contar las miles de las residencias). Las autoridades autonómicas se han escudado en la ineficiencia e incompetencia del mando único del Estado. Pero la gestión de la presidenta Isabel Díaz Ayuso ha dejado mucho a desear y han situado a la dirigente conservadora en el ojo del huracán.

A las fotografías y portadas de "viuda negra", con gran dosis de sobreactuación, se han sumado declaraciones absurdas, decisiones polémicas y escándalos diarios. Desde el drama de las residencias y la fiesta del hospital de campaña de Ifema hasta las becas comedor de Telepizza o la insistencia para pasar a la fase 1 en contra de criterios sanitarios, con dimisiones incluidas. La última polémica es el aparthotel de lujo donde se está alojando estas semanas, inicialmente pagado por un hotelero amigo. La sombra de la corrupción plana de nuevo sobre la Puerta del Sol. Pero a todo esto hay que sumar los graves errores de gestión, que han generado mucho malestar dentro de sus propias filas.

En el debate político madrileño ya aparecen expresiones como "adelanto electoral" o "moción de censura"

El PP quería convertir a Isabel Díaz Ayuso, discípulo del aznarismo, en la nueva Esperanza Aguirre. Era un perfil nuevo, desconocido, sin grandes mochilas en la espalda ni mucha trayectoria política. A duras penas había sido viceconsejera durante dos años y community manager de Pecas, el perro de Aguirre, de quien gestionaba la cuenta de Twitter. Para esta operación los populares escogieron un tótem del aznarismo más beligerante, el polémico Miguel Ángel Rodríguez, como jefe de gabinete de la nueva presidenta de la Comunidad. Es él quien está detrás de su estrategia. Pablo Casado fiaba su recuperación electoral a la Comunidad de Madrid, el buque insignia de los conservadores. Pero no contaban con que chocaría con un iceberg como la crisis del coronavirus.

Las continuas controversias y meteduras de pata de la presidenta madrileña han generado mucho malestar no sólo entre la oposición, sino también dentro de las filas del Partido Popular. Por eso algunos dirigentes de Génova le han reclamado que abandone su papel de "viuda negra" y aprenda de otros compañeros. Algunas voces contraponen su gestión errática con la del alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida. En contraste, con un perfil mucho más bajo, el alcalde de Madrid ha conseguido una imagen más natural y de buen gestor, que incluso le reconoce la oposición.

No son pocos los que apartarían a Ayuso, entre los suyos y entre Ciudadanos, su socio de coalición, con quienes se han tensado mucho las relaciones. La gestión de la pandemia sólo ha sido la guinda del pastel. En el debate político madrileño ya aparecen expresiones como "adelanto electoral" o "moción de censura". Son los mecanismos que podrían activar la presidenta Ayuso y el vicepresidente Aguado si las cosas se acaban de torcer. De momento no están descartados.

Sombra de corrupción

El último escándalo es el aparthotel de lujo donde se aloja, de la cadena Room Mate, propiedad del empresario amigo Kike Sarasola. Desde el gobierno autonómico decían que lo pagaba de su bolsillo. Pero ayer el Portal de Contratación de la Comunidad de Madrid adjudicaba una adjudicación de 565.749 euros a Room Mate por la explotación de dos hoteles cedidos durante la emergencia sanitaria para personas mayores sin coronavirus. Esta información fue corregida atribuyéndolo a un "error". Con la modificación, el adjudicatario pasó a ser la Coordinadora del Tercer Sector, por un valor de 240.000 euros, con la finalidad de adaptar las habitaciones y la contratación de personal asistencial. Desde la Coordinadora del Tercer Sector no tienen constancia de este dinero. Desde la oposición ven un "presunto delito de soborno". La Puerta del Sol, después de ver pasar a Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes, no escapa de la sombra de la corrupción.

La Puerta del Sol, después de ver pasar a Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes, no escapa de la sombra de la corrupción

Fase 1 contra criterios sanitarios

La otra polémica reciente es la del cambio de fase de desescalada, que la Comunidad de Madrid ya pidió para este lunes. Lo hizo sin escuchar los criterios de los técnicos sanitarios, provocando la dimisión de la directora general de Salud Pública, e incluso en contra del criterio del consejero de Sanidad autonómico. El informe de los técnicos era claro: no se cumplían las condiciones para dar un paso en el desconfinamiento. Díaz Ayuso admitió que cambió de opinión después de reunirse con empresarios madrileños, priorizando las razones económicas. A cambio, ha empezado el reparto masivo de unas mascarillas, las FFP2, que los sanitarios han advertido que no son las más adecuadas para los ciudadanos. Después del no del Ministerio de la semana pasada, el ejecutivo ha vuelto de pedirlo para el lunes que viene. El viernes se conocerá el nuevo veredicto del Estado.

Dos meses polémicos

Pero las controversias, más allá de sus declaraciones, han sido constantes durante toda la gestión del coronavirus. Las imágenes de la fiesta de cierre del hospital de Ifema (que no ha funcionado tan bien como se ha vendido), con aglomeraciones, la obligaron a pedir disculpas delante de la opinión pública, junto al alcalde Almeida (que tardó mucho menos en pedir perdón). Un mes y medio después de adjudicar las becas comedor a empresas como Telepizza tuvo que rectificar: cuando acabe el contrato el lunes que viene, se pondrá en marcha una alternativa. A todo esto hay que sumar aviones con material sanitario que no acababan de llegar, personal sanitario que no ha sido renovado o el drama de las residencias descuidadas, que hacen subir exponencialmente el balance real de muertos por covid-19.

Aznar reaparece y Casado desaparece

En este contexto, sólo el padre político ha salido a defender a su hija, la alumna poco aventajada. El expresidente José María Aznar hizo de maestros de ceremonias de la presidenta madrileña este lunes en un coloquio virtual. Elogió sus "altas cualidades políticas". Y recurrió a la ironía: "No sabes lo que te envidio porque los hijos de Chávez te insulten cada día a ti en lugar de a mí". Mientras tanto, el actual líder del PP y máster en aznarismo, Pablo Casado, está prácticamente desaparecido. En pleno hundimiento de su buque insignia, como el Titanic, sus comparecencias públicas se pueden contar con los dedos de una mano. Sus ruedas de prensa, casi ni eso.

 

 

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