La lógica intuía que la derogación del delito de sedición y la reforma de la malversación pactada entre el PSOE e Izquierda sería el gran caballo de batalla del Partido Popular (PP) para minar la base de credibilidad del gobierno de coalición en la Moncloa. La triple cita electoral del 2023 hacía pensar que otro pacto con independentistas sería la gota china para Pedro Sánchez sabiendo que hay examen en las municipales, en unas cuantas comunidades autónomas y en las estatales previsiblemente hacia finales de año. De hecho, los socialistas se encargaron de tramitar los cambios en el Código Penal por la vida rápida para intentar poner el máximo de distancia posible entre una cosa y el ciclo electoral. El cierto es, pasadas las semanas, la ley del solo sí es sí ha cambiado radicalmente la estrategia.
Los populares huelen la sangre y ahora ponen gasolina en la ofensiva contra el gobierno de Pedro Sánchez ante la cascada de revisiones a la baja y la reyerta pública entre los socios de coalición por la reforma. En el entorno de Alberto Nuñez Feijóo sospechan que esta ley está suponiendo una "sangría" electoral para el PSOE después de que ya haya al menos medio millar de condenados por delitos sexuales que se han beneficiado de las rebajas de penas y una cuarentena hayan salido de la prisión. Desde la sede de la calle Gènova, tienen la convicción de que el gobierno Sánchez está saliendo escaldado, sienten "vergüenza" y recuerdan que no tiene antecedentes.
¿El naufragio de Sánchez?
La obstinación y exageración que hacen en Génova provoca que se aventuren a hacer comparaciones sensibles. Desde la cúpula del Partido Popular se atreven a decir que el revuelo de la ley de Libertad Sexual es "el Prestige de Sánchez". Lo equiparan al desastre vivido en la costa gallega por culpa del vertido de petróleo a finales de 2002. Aquella catástrofe medioambiental la gestionó el ejecutivo de José María Aznar y el entonces ministro del Interior, Mariano Rajoy, que se equivocó relativizando el desastre como unos "hilillos de plastilina" en una comparecencia chapucera. Los de Feijóo están a la espera de calibrar el impacto del choque en la estabilidad del gobierno de coalición. No saben si están haciendo un "teatrillo" dirigido a sus parroquias o si el "teatrillo" es la base de una futura ruptura.
El punto de fricción entre el PSOE y Unidas Podemos es la reforma que los socialistas han registrado para cambiar la ley de Igualdad que quiere aumentar las penas mínimas y que está pendiente de los trámites parlamentarios. En este punto, el PP se aviene a votarla si sirve para arreglar la “chapuza”, respondió el portavoz Borja Sémper este lunes. Aun así, los populares han ido virando el discurso sensiblemente insistiendo que la propuesta del PSOE en el Congreso es “prácticamente igual” a la que presentó el PP el mes de diciembre. Tanto que el vicesecretario institucional, Esteban González Pons, ha pedido este viernes que el PSOE vote a favor del texto del PP.
El abrazo del oso de principios de semana también tiene sus matices y, a estas alturas, no hay interlocución entre los dos principales partidos españoles. Sea como fuere, antes de hacer cualquier gesto definitivo, Feijóo ha encargado a su equipo de confianza que se miren la proposición de ley con lupa por no avalar otro “disparate”, añaden fuentes del entorno, que están molestos por la negativa de los socialistas a negociar nada. Una actitud que, para los populares, evidencia la “soberbia” y el “sectarismo” de Sánchez.
Y protestas contra la norma de Irene Montero
Lejos de apagarse, la ofensiva del PP se esparcirá como una mancha de aceite por por todo el Estado español. Quieren trasladarla a las calles porque creen que está calando y, por eso, preparan concentraciones de protesta en Alicante, Valencia y A Coruña para este sábado. De hecho, desde finales de enero las protestas se han sucedido por diferentes municipios. Sin ir más lejos, en el congreso intermunicipal celebrado en Valencia, Núñez Feijóo hizo responsable a Pedro Sánchez de la crisis del 'solo sí es sí'. Y este domingo el gallego se irá a Sevilla donde apoyará a los candidatos del PP a Andalucía en ciudades de más de 20.000 habitantes. Después del éxito fulgurante de Juanma Moreno Bonilla el junio pasado, Génova quiere mantener el empuje porque consideran que el sur peninsular es una plaza clave de cara a las elecciones generales. Allí se reparten 61 de los 350 diputados que hay en juego.
