Me parece que era Ramón María del Valle-Inclán quien dijo que en España se premia todo lo que es malo. Y eso a pesar de que el gran autor teatral se ahorró tener que sufrir, porque se murió en 1936, lo que sucedió en España durante la Guerra Civil y después, con el franquismo, una vez que el Estado quedó en manos de los que vestían camisa azul y lucían un ridículo bigote que les perfilaba el labio superior. Si el bigote de Hitler es el icono del nazismo, este bigotito lo es del franquismo. La literatura española nos da muchos ejemplos del goce que producen las alabanzas de los pícaros, de aquellos sinvergüenzas que se valen de las malas artes para ascender —y subsistir—, sin necesidad de demostrar ningún mérito.

La política española actual está dominada por una mezcla que combina a los descendientes directos de la gente del bigotito con los pícaros crecidos al amparo de la protección de unos partidos políticos que se han convertido en la cueva perfecta para que personajes que no serían nada en el mundo de la libre competencia vivieran muy bien y obtuvieran un dudoso reconocimiento social. Eso vale tanto para los políticos azules como para los supuestamente rojos, líderes de un PSOE mutante no porque sus dirigentes creyeran que fuese necesaria una renovación de la ideología ideada en plena revolución industrial, algo muy lógico, sino porque la acomodación de sus líderes al establishment decoloró la rosa hasta el punto de que no la reconoce ni Dios.

Ayer mismo cacé un par de tuits en la red que son el mejor resumen del descenso progresivo del PSOE a los infiernos. Odón Elorza, un licenciado en derecho que en 1991 se convirtió en el primer alcalde socialista de Donostia, lanzó un tuit con un solitario interrogante y la fotografía de una rosa negra que reposaba en un charco de sangre roja. La alegoría era muy buena y potente. Pero uno de estos avispados internautas que saben darle la vuelta a todo con ironía, replicó el tuit de Elorza con otro que decía: “Odón está destrozado, no cómo cuando torturaban en Intxaurrondo, que tenía impasible el ademán”. ¡Pum! Mientras el general Galindo se esmeraba con el trabajo sucio por encargo del Señor X, Elorza callaba, pese a lo que se diga en sus elogiosas reseñas biográficas, que lo presentan como un rebelde, casi a la altura de Pasqual Maragall, otro de aquellos dirigentes socialistas que miraron hacia el otro lado para no saber qué pasaba con los GAL.

Pedro Sánchez no me da pena alguna, porque es como Odón Elorza, sólo se acuerda de santa Bárbara cuando truena. Su coraje es postmortem

Ahora el Señor X ha encontrado un nuevo Galindo para cargarse la democracia interna del PSOE con el asesinato en pleno comité federal del secretario general y dar el poder a la líder del partido regionalista andaluz, aquel PSOE cuyos anteriores se sientan hoy en el banquillo de los acusados por la estafa de los ERE. Manuel Vázquez Montalbán no lo imaginó mejor en su versión novelada de una circunstancia similar ocurrida en el comité central del PCE. En 1981, el PCE ya estaba en crisis. Y su primo hermano —al que tutelaba sin poder controlar del todo, como ocurre con el PSOE y el PSC—, el PSUC, también sufría una tensión interna brutal. Era una crisis de identidad, generacional y estratégica del Partido, escrito con mayúsculas, que había dominado el antifranquismo pero que en democracia se convirtió en subalterno porque no consiguió desligarse de las apolilladas dependencias ideológicas soviéticas, dado que estaba secuestrado por unos dirigentes que en 1976 regresaron a España desde París, Praga, Bucarest y Moscú con la convicción de que la inversión les aseguraría la victoria. No fue así. Como se ve con la airada emergencia de los nietos de aquellos comunistas, el reproche que surge de Podemos es que el PCE se convirtió en una pieza más del sistema, como los sindicatos.

Pedro Sánchez no me da pena alguna, porque es como Odón Elorza, sólo se acuerda de santa Bárbara cuando truena. Su coraje es postmortem, de cuando ya no podía hacer otra cosa que intentar zafarse de la cornada del toro andaluz, el de "la autoridad soy yo", el que enseña en público unos atributos tan grandes y lozanos como los del toro de cartón de Osborne, símbolo de la españolidad narcisista. Si la feminización de la política es eso, que Dios nos asista. Susana Díaz, nacida en 1974, tiene una biografía en Wikipedia que desprende ese tufo populista de los caudillos latinoamericanos, alabando los orígenes humildes de la señora, pero que no puede ocultar lo evidente, que ella es otro ejemplo de cómo se ha reclutado el personal político en España cuando no se salía directamente de la entraña del franquismo: desde los 23 años Díaz vive de la política, mediante la cual ha progresado socialmente, a pesar de que entonces abandonó los estudios, trepando de cargo en cargo hasta llegar... a Ferraz. Su licenciatura actual en derecho es un decorado.

La guerra socialista de las dos rosas tiene similitudes con el conjunto de guerras acaecidas en la segunda mitad del siglo XV que se conocen con ese nombre y que enfrentaron a la Casa de Lancaster con la Casa de York para dirimir quién debía ocupar el trono de Inglaterra. Ambas ramas nobles descendían de los Plantagenet a través de Eduardo III, y por eso los Lancaster adoptaron como emblema una rosa roja, y los York, una rosa blanca. Aquel conflicto dinástico terminó con la extinción de los Plantagenet, que fueron sustituidos por la familia Tudor, al tiempo que debilitó a la nobleza. Todos los historiadores sabemos que aquellas guerras llevaron al final de la Edad Media inglesa para abrir las puertas a la configuración del nacionalismo inglés, al que contribuyó de manera extraordinaria William Shakespeare, y a la primacía de las ideas.

¿Cuánto tardarán en ser amnistiados Manuel Chaves y José Antonio Griñán, si es que son condenados, después de los servicios prestados por el PSOE de la rosa negra al PP?

La guerra socialista no es tan épica. Por el contrario, no denota ningún renacimiento. Faltan, precisamente, las ideas. La Casa de los Sanchistas enarbola la rosa roja porque una buena porción de sus votantes ha ido abandonando despacio pero sin pausa las filas socialistas y Sánchez quería detener la sangría con “un no es un no”. Su público sería como un vecino mío, que ayer mismo me paró en la puerta de casa para decirme que él, andaluz de origen y militante socialista desde tiempos inmemoriales, estaba escandalizado con la maniobra de la Casa de los Susanistas . "Ya hace tiempo que no les voto" —me dijo— "pero ahora dejaré de pagar la cuota. Todo tiene un límite". La hibernación del PSOE será larga y no sólo porque las disputas internas lo han dejado malherido, sino porque no tiene ningún proyecto alternativo al que proponen el herederos de aquellos franquistas con bigotito y gomina que convirtieron España —incluyendo a Catalunya— en un latifundio controlado por los mediocres, los pícaros y los corruptos.

¿Cuánto tardarán en ser amnistiados Manuel Chaves y José Antonio Griñán, si es que son condenados, después de los servicios prestados por el PSOE de la rosa negra al PP? En Catalunya ya sabemos como va eso, ¿verdad? El caso Pallerols es el mejor ejemplo. UDC, además, ha caído en el olvido rápidamente. A ver qué pasará con el PSOE.

 

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