Hoy hace seis días que aparecieron los famosos papeles de Panamá. Una vez ha bajado la espuma inicial y hemos aclarado que hay cosas muy feas y condenables pero que son legales, ¿ha ido alguien a la cárcel? No. ¿Alguien ha devuelto algún dinero? No. De momento ha dimitido un señor islandés que no teníamos el gusto y alguno de los afectados ha reconocido públicamente tener sociedades en Panamá, pero aclarando que hace años regularizó su situación. Ah, y una señora que es familiar del Rey, pero que legalmente no es Familia Real, ha dicho que la culpa de su tema panameño es de ETA.
Vaya, que pasar pasar, no ha pasado nada. Al menos de momento.
¿Por qué? Pues quizás porque no podía pasar nada, más allá de la condena moral que ha pagado el señor islandés en solitario y que quizás acabe pagando alguien más. Y aunque a algunos (y a algunas) les pueda parecer que lo que estoy haciendo es justificar estas actuaciones, lo que hago es describir una situación que no porque sea desagradablemente condenable deja de ser la pura realidad. Si me hace el favor, mírese un fragmento de una entrevista que El Mundo le hace a un ministro panameño a quien, justamente, el caso lo ha pillado en Europa:
Más allá del cinismo, lo que dice este señor es que cuando pasaron los hechos había unas leyes, ahora hay otras y en los países de origen hay una legislación propia. Por lo tanto, si quién tenía empresas en Panamá y regularizó su situación con su Hacienda o bien ha pasado tiempo tiempo que el caso ha prescrito, el tema está muerto (por cierto, en España gracias a la amnistía fiscal se pagaron multas del 10% por unas cantidades que tenían que haber tributado como mínimo 4 veces más, situación que no veo que provoque muchos aspavientos. Vaya, que si de 100 €, tenías que haber pagado 52, con la amnistía pagaste 10. Bonito. Y alentador).
Y eso sí que pone de mala leche. Como lo hace que Hacienda te discuta poder desgravarte o no la tinta de la impresora, mientras la gente con pasta puede pagarse sistemas para evadir impuestos. Ahora bien, ¿en este cabreo hay un punto de envidia? Lo digo por una conversación escuchada en un bar esta mañana.
Eran dos y el que estaba más encendido decía pestes de los defraudadores. Unas cuantas. Y ha estado bastante rato. Hasta que el otro lo ha cortado y le ha soltado: “¿Y si tú pudieras, no harías lo mismo”?. El encendido, el que estaba dando clases de moral, ni se lo ha pensado 2 segundos y ha soltado un más que convencido: “Y taaanto!!!.
¿Y usted? ¿Si pudiera defraudar la mayoría de sus ganancias, lo haría? No hace falta que me lo diga, solo contéstese sinceramente.
