Esa es la pregunta que se hacen los medios económicos desde este miércoles en que se ha transmitido en televisión el presunto avance del juicio del Ucraniagate. Los demócratas quieren que la investigación concluya en un impeachment (destitución) del inquilino de la Casa Blanca. La personalidad rupturista de Trump es comparada entre los demócratas de Washington con la del enemigo jurado de Batman. En la Bolsa de Nueva York (ciudad que en el mito es la corrupta Gotham City) los inversores han hecho caso omiso de las alarmas, con el Dow Jones y el S&P alcanzando máximos históricos. Trump es un activo bursátil de primer orden. De ahí que el equipo de Nancy Pelosi (presidenta de la Cámara de Representantes, o Congreso) haya decidido subir el tono del altavoz para ver si aumenta el ruido.

La investigación la propició una queja anónima (hasta cierto punto) de un agente de la CIA que había escuchado el 25 de julio una llamada entre Trump y Volodímir Zelenski (presidente de Ucrania) en la que el primero a cambio de la ayuda americana de 400 millones de dólares (ya entregada) pedía que se investigara a Hunter Biden y a su padre Joe Biden, vicepresidente de EE.UU. con Obama y candidato a la presidencia en 2020. Este último había demandado la destitución del fiscal ucraniano que llevaba el caso de posibles irregularidades de la empresa gasista Burisma Holdings, en manos de un oligarca ruso, en la que estaba su hijo cobrando entre 2014 y 2019 un sueldo elevadísimo sin tener una experiencia relevante. ¿Ha cometido algún error?, le preguntaron a Hunter. "Y bien, quizá sí, pero no en el sentido ético", respondió. Hunter fue calificado de vendedor de influencias, aunque no sea ilegal. En ambientes empresariales se denomina a esa actividad "cobrar el apellido". 

Si el Ucraniagate acaba como el Watergate de Nixon, puede tener un impacto a gran escala sobre la economía

Adam Schiff es el presidente de la Comisión de Investigación de la Cámara de Representantes y el encargado de tomar declaraciones en las audiciones públicas que hasta ahora se hacían a puerta cerrada en el Capitolio, donde no se permitía la presencia de republicanos, si bien se trasladaba rápidamente a la prensa afín. Lo curioso del comportamiento de Schiff, hasta ahora un desconocido para el público, es que el 26 de setiembre se puso a imitar la dicción del presidente, haciendo comentarios propios de un gángster: "No te lo voy a repetir siete veces, así que es mejor que me escuches bien", dijo Schiff con la voz de Trump. "Quiero que comprometas a mi adversario político, ¿comprendes tú?" Aún peor: el agente que lanzó la alerta sobre Trump había tomado contacto con un colaborador de Schiff antes de mostrar su denuncia.

En la conferencia del martes de Trump en el Economic Club de Nueva York, el interés de los participantes se centró en la cuestión de los aranceles con China y la evolución de los negocios en EE.UU. Ni una palabra ni una pregunta sobre el Ucraniagate, que si acaba como el Watergate de Nixon, puede tener un impacto a gran escala sobre la economía. El Wall Street Journal ha calificado la iniciativa pro-impeachment de "intento de subvertir la Constitución".

Pero la sombra del Joker sigue presente, dada la polarización política reinante. A Trump hay mucha gente que le detesta y juzga su presencia peligrosa.

Steve Bannon, ex asesor presidencial, ha advertido a Trump que la acusación es "una amenaza mortal", recomendándole que empiece a tomarlo en serio. "Hay demasiadas piezas sueltas, móviles", señala. Todo indica que las elecciones en 2020 van a ir acompañadas de la máxima tensión. Como en las aventuras del Joker, personaje de culto para sus seguidores. 

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