Bien haríamos en darnos cuenta de que la soldadura de la vía de Adamuz no es siquiera el fallo más peligroso, como apuntaba Liliana Sainz, hija de una de las mujeres fallecidas en el tren, refiriéndose a la polarización. Ya estamos otra vez ahí en una semana de varios hitos a izquierda y derecha con barro a espuertas en ambas cámaras —Congreso y Senado— y más circo que en los platós. La comparecencia de Óscar Puente en el Congreso llega tras la última de siete horas en el Senado. Aportó datos —no habrá muchos más nuevos para hoy—, pero también un show por ambas partes. Los senadores del PP aporrearon los escaños y se fueron como llegaron coincidiendo con la hora del funeral en Huelva. Y Puente cayó en la autocomplacencia en el peor día. “He dormido tres horas de media”.
Las explicaciones sobre el accidente de Adamuz no dan más de sí por ahora. Puente ya depende de los técnicos. La comparecencia del Congreso sí evidenciará la crisis de Rodalies de la que Puente se ha puesto de perfil. Cometió el error de cambiar la velocidad de los tramos en órdenes y contraordenes. De “no saber” de quién era el muro que se desplomó y mató al maquinista cuando pertenece a la autopista o ADIF, ambas competencia de Transportes. Los datos que destaca el diputado de Junts Isidro Gavín son elocuentes. En los dos últimos años, Rodalies ha perdido 10 millones de pasajeros (8,4% menos) y Madrid ha ganado 15,3 millones (7,7% más) con una desinversión flagrante y una normalidad que tardará en llegar.
El PP solo tenía un día difícil en el Congreso. En la cita de la DANA, Alberto Núñez Feijóo ha cargado contra el PSOE por citarle en los días del accidente de Adamuz mientras citaban a Puente el día del funeral. Se ha enfrentado a todos los grupos, aireando el fantasma de ETA a Óscar Matute, riéndose de Sumar y atacando al PSOE. Ha elegido reventar la Comisión en lugar de elevarse. Siempre más útil para las gradas. Según la derecha, ha estado sublime en los ataques. Según la izquierda, no ha contestado por qué mantuvo estar “informado en todo momento” sabiendo que era mentira —lo reconoció judicialmente— y dejó a Carlos Mazón de aforado.
En el déjà vu del ómnibus, el Gobierno pelea por llevarlo al Consejo de Ministros con el escudo social completo, es decir, revalorización de pensiones y freno a los desahucios. La estrategia es retratar al PP y salvar un paquete amplio de medidas. Con la confianza de un Junts más por “la labor”, apuntan en la Moncloa. Desde el ejecutivo no se reconocen oficialmente las conversaciones, pero confían en un Junts menos tenso que el pasado otoño. Que acepte ampliar las garantías a los propietarios podría ser una opción, pero Míriam Nogueras ya ha dicho ser escéptica por el escaso despliegue de esas ayudas en el último año. Para allanar el terreno de un posible fracaso, Yolanda Díaz ha dejado caer que podrían separar la revalorización de las pensiones y seguir trabajando por separado el freno a los desahucios. Una medida que o va en el ómnibus o no saldrá. Díaz lo sabe.
Con Podemos de vuelta al bloque de investidura, en Moncloa cuentan con tramitar las competencias migratorias aunque no de inmediato. Falta triangular la negociación entre PSOE-Junts-Podemos por el preámbulo del texto. Los morados aceptan un traspaso de competencias como mera burocracia sin el discurso político que hizo Nogueras cuando decayó, imposible de asumir por los morados.
Igual que el PSOE se estrella, el PP no gobierna solo en ningún sitio
Y luego está Aragón y un próximo lunes negro para el PSOE. El PP ha colocado la comparecencia de Paco Salazar —ex de presidencia y de la cúpula orgánica socialista— para desgastar a Pilar Alegría antes de las elecciones del domingo. No será necesario. Como indican las previsiones, los socialistas pueden repetir el titular de Extremadura con el peor resultado de la historia en Aragón. En Moncloa reconocen lo adverso del ciclo. Confían en Castilla y León, donde Alfonso Fernández Mañueco sufre el desgaste de la gestión (incendios incluidos). Mientras el PSOE digiera las derrotas, confían también en evidenciar la dificultad del PP para formar gobiernos con VOX. Porque igual que el PSOE se estrella, el PP no gobierna solo en ningún sitio. Es demoledor para los socialistas repetir el escenario extremeño y verse como tercera fuerza en ciudades pequeñas y municipios. También para el PP la posición de fuerza de un Abascal que no cede ni media en las negociaciones. El futuro reparto de carteras en Extremadura o Castilla y León, donde VOX no bajará de una cifra que le permita ser gobierno, pondrá al PP en el foco. Con todo, el PSOE no tiene una sola victoria a la vista. La foto de ser terceros, por detrás de la ultraderecha, en municipios y ciudades pequeñas, es demoledora para Pedro Sánchez. A corto plazo, el presidente que confronta con Trump y Elon Musk tiene en lo autonómico el mayor daño.
