"Me he pasado la vida intentando agradar, acumulando méritos y gestos admirables que en el fondo creía que no eran míos, como si hubiera sido una representación constante de un personaje vacío." Así de frágil y sincero se muestra Oriol Mitjà (Arenys de Munt, 1980), el investigador médico especializado en enfermedades infecciosas que acaba de publicar On neix la llum. Mitjà es sensibilidad, ternura y honestidad en estado puro. Tiene un currículum tan brillante y extenso que cuesta resumir. Estudió Medicina y se doctoró en la Universidad de Barcelona. Actualmente, es profesor titular del Consejo Europeo de Investigación, jefe de sección en el Hospital Germans Trias i Pujol y asesor de la Organización Mundial de la Salud. Ha sido autor de numerosos artículos científicos que han obtenido reconocimiento internacional y han dado como resultado nuevos intentos de erradicación de la infección del pian y el control de la mpox y la sífilis; habla cinco idiomas, entre ellos chino, hindi y Tok Pisin (la lengua oficial de Papúa Nueva Guinea, donde ha vivido durante diez años), y a pesar de esta carrera perfecta, llena de méritos y titulaciones, a menudo la tristeza lo ahoga por dentro.
Se dio a conocer en el año 2020, cuando estalló la pandemia de la Covid. Aparecía regularmente en los medios de comunicación, para informar y resolver las dudas que planteaban los periodistas, y pronto se ganó la confianza de los ciudadanos, convirtiéndose en una de las voces más autorizadas y prestigiosas del país en la materia. En 2021 publicó A cor obert. Relat de tot el que he viscut y en 2022 El món que ens espera. Cuatro años después reaparece con On neix la llum, donde explica, de una manera muy generosa, que padece depresión crónica. En esta historia personal, se abre en canal, muestra su vulnerabilidad y sus heridas emocionales que aún supuran, y con una voz tierna y dulce que abrazarías, se sincera sobre cómo es convivir con esta enfermedad, cómo son las recaídas y el lento camino hacia la cura.
Leer este libro te permite observarlo por una mirilla, es navegar por su vida, por los hechos traumáticos que la han condicionado. Un intento de suicidio de su madre, las burlas y humillaciones en la escuela cuando era pequeño, la angustia constante por agradar, el deseo de ser reconocido, la necesidad de validación externa y los problemas que ha tenido con el alcohol. On neix la llum es un regalo para quienes creen que no tienen nada que hacer en este mundo, para quienes están rotos, para los que viven con la pena dentro, y también es un homenaje a los que viven sosteniendo el dolor de los demás. En On neix la llum expone su fragilidad, es un rayo de esperanza en la humanidad, un bálsamo para el alma, y es entender que el éxito no es que te acepten y te quieran los demás, sino estar tranquilo con uno mismo, aceptar las propias imperfecciones y perdonarse, abrazar la sencillez de la vida. Porque, como dice Carl Jung y recoge Mitjà en el libro: "Nos pasamos los cuarenta primeros años intentando demostrar a los demás que somos lo que ellos quieren que seamos, y lo más importante es intentar estar tranquilo".
"La herida del rechazo me enseñó pronto que tenía que ser excelente para tener un lugar, el éxito se convirtió en una manera muda de pedir afecto. Pero los aplausos casi nunca llegaban y, sin esta validación, el éxito se convertía en ceniza al instante". Leerlo remueve el alma; es una historia dura, muy valiente, que deja huella muchos días después de haber engullido el libro. En esta entrevista hablamos de la depresión, abordamos, también, el estigma que todavía arrastra la enfermedad y recordamos a las personas que siempre están ahí para sostenerte "cuando ya no puedes aguantar con tus fuerzas".

Es un libro donde te desnudas en canal y dejas al descubierto toda tu vulnerabilidad. ¿Has dudado en algún momento de exponerte de esta manera?
He dudado. Todavía hay algo que no estoy del todo preparado para explicar, a pesar de que parezca que está todo. Pero desde el principio sabía que tenía que ser un relato desde la intimidad y que mi experiencia pudiera conectar con experiencias muy universales. El relato trata sobre el sufrimiento, la depresión, las preocupaciones. Creo que en todo momento he tenido presente que cada lector encontrará su historia reflejada. Y siempre he sabido que era un libro para acompañar, para ayudar a los demás.
La depresión va más allá de la tristeza, es la pena que quita la alegría de vivir, es la sensación de que la vida es insoportable, que todo es demasiado pesado, demasiado doloroso para seguir viviéndola
¿Qué es exactamente On neix la llum? ¿Es una novela? ¿Es un libro de autoayuda?
No es un libro de autoayuda y no es ficción, es una parte de mi vida que relata episodios centrados en la salud mental, con una descripción más detallada de la emoción del sentimiento, porque muchas veces cuando pasamos por situaciones difíciles, no somos capaces de comprender qué es lo que estamos sintiendo. Entonces, durante años tomé notas y aquí intento poner orden a qué es la emoción, cómo se siente en el cuerpo todo este sufrimiento.
¿Cómo le puedes explicar a alguien, que nunca ha sufrido depresión, qué se siente?
La depresión va más allá de la tristeza, es la pena que quita la alegría de vivir; también es el cansancio físico, una incapacidad de moverte, de levantarte para hacer nada, es la falta de motivación, el corazón se vacía, no encuentras sentido en luchar por nada, y es la sensación de que la vida es insoportable, que todo es demasiado pesado, demasiado doloroso para seguir viviéndola.
A veces ayuda mucho más que te digan: “Entiendo lo que sufres, lo siento mucho. Estaré aquí para acompañarte”.
Me ha impactado cuando explicas que en algún momento no aceptabas que pudieras estar enfermo e incluso había quien te cuestionaba si lo que realmente sentías era pereza para hacer cosas y no una incapacidad real para actuar.
Por un lado, es natural que haya esta incomprensión porque se confunde con pereza o con dejadez. Tú lo que ves es una persona que solo quiere estar en la cama, que no se quiere levantar, que no quiere quedar con los amigos, que no tiene ganas ni de mirar la tele. Entonces, intentas animarle y le dices: "Sal, anímate, lo tienes todo, sé positivo", y, en cambio, no es una cuestión de fuerza de voluntad de poder salir, sino que la propia enfermedad te quita la voluntad, te quita la motivación. Por lo tanto, sí, hay personas que no lo entienden, y hay personas incluso crueles que dicen: "Eres un vago o eres un dejado". Y después hay personas que simplemente te quieren ayudar, pero no saben encontrar las palabras. Decirte: “Anímate”. No te puedes animar. La enfermedad te quita el ánimo. Y a veces ayuda mucho más que te digan: “Entiendo lo que sufres, lo siento mucho. Estaré aquí para acompañarte”. Te abren un espacio para que tú puedas sentir esta tristeza y puede ser que te puedas recuperar al ritmo que lo necesitas.

A una persona que no quiere vivir la ayudas haciéndole saber que a pesar de que está en un pozo, y a pesar de que no pueda ver una salida, hay una posibilidad de que el dolor se apacigüe o se reduzca, diciéndole que estarás a su lado para cuando ella o él no tenga fuerzas, tú lo puedas sostener
¿Cómo se ayuda a una persona que no quiere vivir?
Es que la razón por la cual no quieres vivir es porque hace demasiado daño, vivir; y entra el papel del acompañante. ¿Cómo acompañas a esta persona? Es muy, muy difícil para el acompañante. Hay el desgaste del acompañante, también y eso es importante, que el acompañante sepa que se puede desgastar. Después está el no juzgar, es decir, a veces no hace falta comprender lo que el otro está sintiendo, porque es muy complejo, y simplemente hay que estar ahí. Por si el otro te necesita, por si el otro ya no puede aguantar con sus fuerzas. ¿Y cómo ayudas a una persona que no quiere vivir? ¡Guau! Yo creo que la ayudas haciéndole saber que a pesar de que está en un pozo, y a pesar de que no pueda ver una salida, hay una posibilidad de que el dolor se apacigüe o se reduzca, diciéndole que estarás a su lado para cuando ella o él no tenga fuerzas, tú lo puedas sostener.
¿Tu madre ha leído el libro?
Sí.
¿Y qué te ha dicho?
Mi madre hace muchos años que sufre depresión. Ha sido una depresión muy grave. En un momento determinado fue muy severa con estas ideas de que no quería seguir viviendo. Incluso con intentos de suicidio. Y ahora vive una vida muy calmada, pero aún melancólica. Entonces comprende lo que significa el libro, le sabe mal que yo también pase por lo que le ha pasado. Preferiría que yo no hubiera tenido este problema. Y el libro la ha emocionado.
Pensar con el miedo al rechazo, la necesidad de validación externa, pensar que el otro me juzgará, qué pensará el otro de mí, cómo puedo hacer para demostrarle que soy digno de ser amado..., esta herida me acompaña hasta hoy. Esto te hace volverte muy autoexigente, perfeccionista y obsesivo con el control
¿Qué crees que ha desencadenado tu depresión? En el libro hablas de esta autoexigencia, de la necesidad de buscar validación constante, esta presión por ser perfecto; ¿crees que todo esto es el detonante de tu depresión?
Pienso que la depresión y la tristeza son parte del ser humano y que algunos tenemos más tendencia natural a sentir con más fuerza o a caer en esta enfermedad. Y después también hay toda una serie de factores que te pueden predisponer, que son tu historia. En mi caso sí que hay una infancia en la que había burla o humillación por cómo era de pequeño y entonces, si alguien se ríe de ti, piensas que el error está en ti, que tienes que esconder algo o que es arriesgado seguir siendo como eras. Por lo tanto, tienes que cambiar. Y eso te hace buscar maniobras o estrategias para demostrar que de alguna manera sí que tienes el valor para que el otro te pueda amar (el otro es el compañero de clase o el profesor). Y bien, cada uno encuentra su manera de demostrar. Algunos se hacen los graciosos, otros, como yo, intentamos destacar en los estudios para decir: “Sí, hay algo que es valioso en mí, o sea, ya me puedes amar”. Y esta cicatriz puede que quede de por vida o durante muchos años, que sigas interpretando toda tu realidad de acuerdo con esta herida. Y me acompaña hasta hoy. Pensar con el miedo al rechazo, la necesidad de validación externa, pensar que el otro me juzgará, qué pensará el otro de mí, cómo puedo hacer para demostrarle que soy digno de ser amado. Si trabajo más, considerará que soy de provecho. Esto te hace volverte muy autoexigente, perfeccionista y obsesivo en el control.

No me puedo esperar que todo esté solucionado para empezar a vivir
Este autoconocimiento que tienes de ti mismo (el hecho de reconocer tan bien las heridas emocionales, tus mochilas) ¿de dónde sale? ¿Cómo has desgranado, con tanta precisión, tu manera de ser? ¿Te han ayudado psicoanalistas y psicólogos, o es un trabajo que has hecho tú solo?
Siempre me ha interesado comprender el porqué de las cosas, incluso en investigación, pero en este caso estaba bloqueado, no me entendía a mí mismo. Y entonces recurrí a la ayuda de personas que sí que saben, de un psicólogo cognitivo-conductual, y de un psicoanalista. Hice un máster en mindfulness. Te dan diferentes perspectivas y te enseñan cómo la mente humana nos hace trampas, cómo a veces pensamos demasiado o hacemos rumiación. Es decir, tenemos muchos pensamientos que no son ciertos, que simplemente existen porque la mente genera pensamientos. Algunos los tenemos que escuchar, otros simplemente están para llenar un vacío. Y este pensamiento a veces te acaba hiriendo mucho. La vida es imperfecta y lo seguirá siendo, y es alocada, y a veces es cruel, pero incluso así la puedo vivir, y habrá momentos de dolor, habrá momentos de alegría, habrá momentos de injusticia. Y es así, es la vida, es la única que tengo. No me puedo esperar a que todo esté solucionado para empezar a vivir. Y también aceptarse a uno mismo. Es decir, toda esta presión social que recibimos afecta mucho.
¿Qué quieres decir?
Presión por rendir, por producir más, por estar más guapos, por tener la casa más limpia, por ser los que más disfrutamos. Llenar todos los fines de semana de cosas divertidas porque así somos los más felices. Es decir, nos presionan incluso por ser el más feliz. Y nos repetimos una palabra que es “el debería de”, debería hacer mejor este trabajo o debería ser más feliz, y eso es obligarte a perseguir una cosa externa que muchas veces ni depende de ti y que en el momento en que la has logrado, enseguida desaparece y necesitas perseguir el siguiente hito. Entonces es una carrera absurda por ser más, por tener más, por sentir más. Y esta carrera es destructiva para uno mismo.
Convivir con la depresión sabiendo que puede volver en cualquier momento, también es un poco triste saber que está aquí amenazando. Cualquier cosa triste que pasa me da la sensación de que volveré a caer al abismo
En el libro, además de la depresión, también hablas del concepto burnout. ¿Es un eufemismo de la depresión o es el paso previo a la enfermedad?
Con la depresión, obviamente, hay una predisposición genética, pero también hay factores que contribuyen o que la desencadenan. Y uno de estos factores muy actual es el burnout, es el hecho de quemarte; un incendio que avanza lentamente, que quizás no se vive como una llamarada, pero es que son las exigencias de cada día. Que te acaban dejando sin energía y sin ánimo, sin motivación. Y entonces el burnout te hace entrar en una situación que es muy parecida a la depresión. Es el no sentir motivación ni alegría por ir al trabajo, estar de mal humor con los compañeros porque es que no tienes ganas de relacionarte.
¿La depresión es, todavía, tabú?
El estigma estaba mucho antes, muchísimo. Y ahora cada vez se habla más y hay personas conocidas que empiezan a hablar de trastornos de salud mental. Pero en el fondo de nuestra mente o de la profundidad de nuestra sociedad sigue habiendo la idea de que la depresión es mala. Y te pongo un ejemplo muy fácil. Yo, cuando me tengo que presentar a una oposición o a un concurso de trabajo, o cuando tengo que convencer a un amigo para hacer un viaje, a veces me da miedo decir que tengo depresión, porque eso implica que seré más aburrido durante el viaje. No seré una persona supercontenta. Y en el trabajo les estoy diciendo que soy una persona que tengo riesgo de enfermar o de transmitir tristeza, cuando en el trabajo todo tiene que ser bienestar y alegría y transmitir motivación a los compañeros. Y no digo muchas veces que tomo antidepresivos, puedo decir que tomo medicinas para el colesterol, pero no para la depresión. ¿Cuántos compañeros del trabajo me han dicho que tienen depresión? Muy poquitos.
El hecho de decirlo, de hacerlo público, ¿te ha ayudado a aceptarlo y liberarte o te ha puesto más trabas?
Quizás me ha puesto más trabas y me ha cerrado algunas puertas. Pero poder hablar de ello con naturalidad me permite decir que yo soy así. Si quieres, me puedes amar tal como soy. Lo dice el filósofo Carl Jung. Dice que nos pasamos los cuarenta primeros años intentando demostrar a los demás que somos lo que ellos quieren que seamos. Es decir, la persona perfecta que no bebe alcohol, que no tiene ningún vicio ni adicción, que cuida a sus hijos, que cuida a los padres, que es perfecta en todos los ámbitos. Y después nos damos cuenta a los cuarenta que hemos estado interpretando el personaje que los demás deseaban. Y no hemos hecho nada de lo que en la profundidad de nuestro corazón queríamos hacer y quizás, simplemente, era estar tranquilos.
Un amigo me recuerda que no soy solo la depresión, porque yo pensaba que era una condena de por vida y que ya no tenía nada que vivir. Y de repente este amigo me dice: "No eres solo una depresión, tienes muchas otras cosas"
¿Cuándo te das cuenta por primera vez de que tienes depresión?
Fue el año 2009. Fue un episodio grave, con unos sentimientos de mucha tristeza y que el mundo se había apagado.
En el libro hablas de Sergi, tu pareja. Explicas que no te cuestiona, te acompaña. Me da la sensación de que es tu bote salvavidas.
Sergi es esta otra cara de la moneda. Por un lado, decía que siempre vivía pendiente de que me validaran los demás y de gustar a los demás, Sergi, de repente, es una persona a la que no necesito demostrarle que soy muy bueno, me quiere tal como soy con cualidades y defectos, y a veces me regaña porque no le gusta algo que hago. Pero acepta mis defectos, mi manera de ser, no le da tanta importancia a las cosas externas, no le da importancia al hecho de que gane más o menos dinero, tenga más o menos éxito, fama, belleza; es decir, todas aquellas cosas externas por las cuales solemos juzgar a todo el mundo. Y simplemente me ve por lo que soy, y le gusto como soy. Y eso es tan maravilloso.

¿Te has sentido en deuda, en algún momento, con Sergi?
Sí, absolutamente. Siento que le debo la vida. Me ha salvado tantas veces y eso también ha forjado un amor muy resistente basado en el respeto, en la ayuda mutua, en el acompañamiento. Y entonces yo, a mi manera, también se lo devuelvo, es decir, también estoy cuando él me necesita.
Tú explicas que tienes una depresión crónica. ¿Esto quiere decir que es como una sombra que siempre te acompaña? ¿No se puede curar?
Hay personas que sufren quizás un episodio y no vuelven a tenerlo, pero después hay personas que tienen más vulnerabilidad y que van teniendo episodios recurrentes, y cuantos más tienes, más probabilidad de que los tengas. Y en mi caso he ido cayendo y saliendo. He tenido varios episodios 6, 7, 8, de diferente magnitud y con diferentes sensaciones. Cada episodio de depresión es diferente. Lo que tienen en común es que cuando estás metido, piensas que nunca saldrás. Es decir, por mucho que conozcas la depresión por otras veces, cuando la tienes, piensas que es imposible que salgas, que aquello no puede mejorar. Y esto te aplasta como una losa, ver que no hay futuro. Y después, convivir con la depresión sabiendo que puede volver en cualquier momento, también es un poco triste saber que está aquí amenazando. Cualquier cosa triste que pasa me da la sensación de que volveré a caer al abismo. Y, por otro lado, un amigo me recuerda que no soy solo la depresión, porque yo pensaba que era una condena de por vida y que ya no tenía nada que vivir. Y de repente este amigo me dice, "No eres solo una depresión, tienes muchas otras cosas, eres un momento de alegría". Incluso me dice, "Y tienes ciertas responsabilidades sobre tu depresión". Porque yo atribuía toda mi tristeza a la enfermedad, como que estoy enfermo no puedo salir de la tristeza pero no. Hay un momento en que yo puedo tomar un poco de responsabilidad y decir me protegeré más, cambiaré mi estilo de vida, haré las cosas un poco de otra manera, que sean más respetuosas, evitaré los desencadenantes. Y este hecho de responsabilizarme me da un poco de espacio para maniobrar y me devuelve un poco de control sobre mi vida, es decir, soy más que una depresión.
Es posible que esta entrevista llegue a personas que sufren depresión. ¿Qué mensaje les querrías transmitir?
Lo he escrito para que sepan que comprendo lo que sienten y que espero que encuentren una compañía y encuentren que hay un rayo de esperanza o que hay oportunidades para seguir adelante, para cuidarse más de sí mismas, de sí mismos.
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