1. El agravio es antiguo. El acuerdo al que llegaron los socialistas, los republicanos, los comuns y los independentistas sobre el catalán en la escuela no es ideal. Esto es evidente. Lo expliqué en mi anterior artículo. Mientras no seamos un país soberano, siempre dependeremos del Estado y de su marco legislativo para poder definir, no el modelo educativo, sino el modelo de país en general. Pero una vez asumida esta realidad, tenemos dos opciones, lamentarnos y denunciarlo permanentemente, o bien intentar paliar los efectos negativos de la acción centralista. En 2010 arrancó con fuerza el movimiento independentista porque el Tribunal Constitucional se cargó lo que quedaba de bueno del Estatut de 2006, impulsado por Pasqual Maragall. La sentencia decía que el catalán podía ser perfectamente la lengua vehicular en la escuela, pero esto no eliminaba la posibilidad de que el castellano también lo fuera, y decía que la protección del catalán en la escuela no podía excluir el castellano como lengua docente. A raíz de esta interpretación y de la supresión de la expresión “y preferente” en el artículo 6.1 que hablaba de cuáles eran las lenguas en la administración y en la escuela, el Tribunal Supremo empezó a admitir denuncias y dictar sentencias hasta llegar a la última, la del 25 %. La invasión lingüística será difícil de contener institucionalmente si los padres y madres no se comprometen en la defensa del catalán. Al Govern debe exigírsele un decreto ley que sea eficaz para proteger el catalán, los derechos de todo el mundo y a los maestros.
2. El proceso independentista. Para entender dónde estamos es necesario tener memoria. Además de los instrumentos que propiciaron el crecimiento del independentismo, como por ejemplo las consultas populares o la creación de la ANC y anteriormente de otras instancias, como la Plataforma pel Dret de Decidir, el proceso independentista tiene un origen claro. Estalló por el malestar que entre muchos ciudadanos de Catalunya generaba la política centralista de Madrid. ¿Es que no recordamos aquel catalán emprenyat que estaba harto de que los trenes de cercanía no funcionaran, que se tuvieran que pagar peajes para circular por todas partes y que no se construyera el AVE, mientras el déficit fiscal condenaba el país a una inversión inadecuada o, directamente, discriminatoria? En diciembre de 2007 entre 200 y 700 mil personas se manifestaron en Barcelona descontentas por los enredos con las infraestructuras detrás de una pancarta premonitoria: “Somos una nación y decimos basta. Tenemos el derecho a decidir sobre nuestras infraestructuras”. De las infraestructuras se pasó a la reivindicación política, que culminó, después de años de manifestaciones multitudinarias y pacíficas, en el referéndum de 2017. Les cuento esto porque no se puede analizar dónde estamos ahora sin un poco de memoria. Estaría bien que lo recordaran algunos de los jóvenes articulistas, hoy tan radicales, que entonces tenían, como mucho, diez años. Los movimientos son históricos y no solo fruto de la experiencia personal. Ocurre lo mismo con las revueltas.
Si este gobierno no cae es porque no tiene alternativa. El unionismo no suma y el tripartito de izquierdas, que sí que podría sumar, por ahora es imposible
3. La derrota de 2017. Cuando la noche del 27 de septiembre de 2015 la CUP proclamó la derrota en el plebiscito y rechazaba la presidencia de Artur Mas, dio alas al unionismo. Cuando el 22 de marzo del 2018 la CUP frustró la investidura de Jordi Turull, que al día siguiente tenía que ingresar en prisión, lo volvió a hacer. No haber culminado el procés, sobre todo después de la victoria del 1-O, ha tenido sus consecuencias. La responsabilidad es de Esquerra, Junts, la ANC y Òmnium. Cuando tienes buenas cartas en la mano y no sabes jugarlas, normalmente acabas perdiendo. Y esto es lo que ocurrió el 10 y 27 de octubre. Aunque pueda parecer paradójico, el resultado de aquella derrota no fue total. Si bien el gobierno español, presidido por el PP, pero aliado con el PSOE y Ciudadanos, se cargó la autonomía con la aplicación del 155, convocó elecciones autonómicas para el 21-D. Y en esas elecciones el unionismo perdió, a pesar de que Ciudadanos quedara en primera posición. Junts, Esquerra y la CUP hicieron piña para cerrar el paso al unionismo. Esta fue la debilidad de aquel pacto. No compartían ni interpretación sobre lo que había ocurrido ni sobre qué hacer a partir de aquel momento. Esta ha sido la característica de la relación entre los tres grupos. Se unieron para impedir que el unionismo accediera a la presidencia de la Generalitat. Y el 14-F hicieron lo mismo, si bien las grietas entre los tres partidos ya eran mucho más evidentes.
4. La mayoría del 52 %. La mayoría parlamentaria que invistió a Pere Aragonès no existe. La CUP no aprobó la ley de presupuestos, que es la más importante que aprueba cualquier gobierno, pero es que también discrepa sobre la orientación que republicanos e independentistas dan a la acción de gobierno. Con el pacto sobre el catalán en la escuela la CUP ha vuelto a hacer de CUP. O sea, inhibirse mientras difunden una crítica feroz contra sus aliados. Si este gobierno no cae es porque no tiene alternativa. El unionismo no suma y el tripartito de izquierdas, que sí que podría sumar, por ahora es imposible. Así, pues, el gobierno autónomo está en manos de esta mayoría del 52% que tiembla ante las ofensivas del Estado contra el autogobierno. Reproduce —y repudre— las discrepancias que hicieron fracasar el procés. Ahora tampoco han sabido concertar una política común. Los socialistas, en plena campaña de recuperación política para aprovechar el declive de Ciudadanos, se sirvieron de una antigua convergente, Irene Rigau, para plantear una propuesta de reforma de la ley de política lingüística inadmisible, que sin embargo Jordi Sènchez se tragó inicialmente. Pero en Junts se produjo la revuelta y se tuvo que volver a empezar. Puede gustar más o menos el resultado final; aun así, el pacto resultante no se parece a la propuesta inicial. Ahora bien, ¿cómo se puede defender la inmersión lingüística, que está tocada de muerte desde el 2010, sin unidad entre la mayoría del 52%? El cinismo y la hipocresía de esta mayoría impide avanzar, como la rivalidad entre esos mismos partidos, combinada con la represión, malogró el esfuerzo de diez años de lucha. En esta coyuntura, solo estamos salvando los muebles mientras se construye otra estrategia que sea ganadora.
