La seguridad en el automóvil no depende únicamente de la velocidad o del estado de la vía. La postura de los ocupantes es un elemento esencial para que los sistemas de protección funcionen correctamente en caso de accidente. En este contexto, la Dirección General de Tráfico sanciona a los copilotos que viajan en posiciones inadecuadas, como con los pies apoyados sobre el salpicadero, una práctica más extendida de lo que parece.
Aunque pueda interpretarse como una postura cómoda en trayectos largos, altera de forma radical el comportamiento del cuerpo ante una colisión. Los vehículos actuales están diseñados para proteger a los ocupantes bajo unas condiciones muy concretas de posición corporal. Cualquier desviación significativa reduce la eficacia de los sistemas de seguridad pasiva.
Qué es el efecto submarino y por qué es tan peligroso
El denominado efecto submarino se produce cuando, durante un impacto frontal, el cuerpo del ocupante se desliza hacia delante por debajo del cinturón de seguridad. El cinturón está concebido para apoyarse firmemente sobre la pelvis, una zona ósea capaz de soportar grandes fuerzas. Sin embargo, si la postura es incorrecta, esa banda puede desplazarse hacia el abdomen.
No es ningún secreto que el abdomen es una región mucho más vulnerable ante una desaceleración brusca. Si el cuerpo se introduce por debajo del cinturón, la presión se concentra en órganos internos, aumentando el riesgo de lesiones graves. Este deslizamiento se ve favorecido cuando las piernas están elevadas y el respaldo no soporta adecuadamente la espalda.
Lo destacable en este caso es que el peligro no termina ahí. En una colisión, el airbag del acompañante se despliega en milisegundos y a gran velocidad. Si los pies están apoyados en el salpicadero, el airbag impacta directamente contra las piernas, proyectándolas hacia atrás con enorme fuerza. Las consecuencias pueden incluir fracturas de fémur, cadera y pelvis, además de lesiones en la columna vertebral.
El efecto submarino es un fenómeno documentado en ensayos de choque y estudios biomecánicos. Se produce por la combinación de inercia, postura incorrecta y fuerzas de desaceleración. La posición natural, con los pies en el suelo y la espalda completamente apoyada en el respaldo, es la única que garantiza que el cinturón y el airbag trabajen de forma coordinada.
Motivos de sanción y responsabilidad del ocupante
La normativa obliga a todos los ocupantes a utilizar adecuadamente los sistemas de retención. No basta con llevar el cinturón abrochado; es imprescindible hacerlo de forma correcta y mantener una postura que no comprometa su funcionamiento. Viajar con los pies sobre el salpicadero puede ser considerado un uso indebido del sistema de seguridad, lo que da lugar a sanciones económicas.
Llama especialmente la atención que esta conducta se observe incluso en vehículos equipados con avanzados sistemas de asistencia a la conducción. La tecnología activa puede reducir el riesgo de accidente, pero no elimina la posibilidad de una colisión. En ese escenario, la protección depende en gran medida de la posición del cuerpo en el momento del impacto.
Cabe destacar que los fabricantes desarrollan cinturones con pretensores y limitadores de carga, además de airbags calibrados con precisión, para actuar bajo parámetros definidos. Si el ocupante modifica radicalmente su postura, esos sistemas no pueden cumplir su función tal y como fueron diseñados.
La sanción impuesta por la DGT responde a un criterio preventivo. El objetivo no es penalizar una actitud relajada, sino evitar consecuencias potencialmente devastadoras en caso de siniestro. El efecto submarino demuestra que un simple gesto, como apoyar los pies en el salpicadero, puede multiplicar el riesgo de lesiones graves. La postura correcta no es una recomendación estética, sino un elemento esencial de seguridad.
