La clasificación ambiental de los vehículos en España afronta una modificación relevante que redefine el alcance de la etiqueta CERO. La Dirección General de Tráfico ajusta los criterios técnicos que determinan qué modelos pueden acogerse a esta distinción, en un contexto marcado por la expansión de las zonas de bajas emisiones y por una electrificación cada vez más acelerada del parque automovilístico.

Hasta ahora, la etiqueta CERO se concedía a los vehículos 100 % eléctricos y a los híbridos enchufables con una autonomía mínima de 40 kilómetros en modo exclusivamente eléctrico. Ese umbral permitió que una amplia gama de modelos PHEV accediera a los máximos beneficios regulatorios. Sin embargo, el nuevo requisito eleva de forma sustancial la exigencia técnica.

Más autonomía eléctrica para mantener la etiqueta CERO

A partir de la actualización normativa, los híbridos enchufables deberán homologar al menos 90 kilómetros de autonomía eléctrica para conservar la etiqueta CERO. El salto es significativo y deja fuera a numerosos modelos comercializados en los últimos años, que ofrecían cifras comprendidas entre los 40 y los 80 kilómetros.

Los vehículos eléctricos puros mantienen su clasificación sin cambios, al no depender de este criterio. En cambio, buena parte de los híbridos enchufables pasarán a portar la etiqueta ECO, lo que supone un escalón inferior dentro del sistema de distintivos ambientales. No es ningún secreto que muchos de estos modelos fueron diseñados con baterías dimensionadas para cumplir el anterior mínimo, priorizando el equilibrio entre coste, peso y eficiencia global.

PHEV
PHEV

Lo destacable en este caso es que la revisión responde a una voluntad de alinear de forma más estricta la etiqueta con el uso real del vehículo en entornos urbanos. El argumento técnico que sustenta el cambio parte de la premisa de que 90 kilómetros de autonomía eléctrica permiten cubrir la práctica totalidad de los desplazamientos diarios sin recurrir al motor térmico. Con ello se pretende reforzar la coherencia entre clasificación administrativa y emisiones efectivas en circulación.

El incremento del requisito coincide con la evolución reciente de los sistemas híbridos enchufables. Las nuevas generaciones incorporan baterías de mayor capacidad, mejoras en la gestión térmica y motores eléctricos más potentes. Algunos modelos superan ya los 100 kilómetros en ciclo homologado, lo que evidencia el margen tecnológico existente para adaptarse a la nueva normativa.

Consecuencias en el mercado y en la movilidad urbana

La pérdida de la etiqueta CERO tiene implicaciones prácticas relevantes. Este distintivo permite acceder sin restricciones a numerosas zonas de bajas emisiones, disfrutar de bonificaciones en estacionamiento regulado y beneficiarse de determinadas ventajas fiscales en el ámbito municipal. Al pasar a la categoría ECO, los híbridos enchufables afectados conservarán ciertos privilegios, pero no todos los asociados al nivel máximo.

En este sentido, el cambio introduce un nuevo factor competitivo en el mercado. Los fabricantes deberán decidir si amplían la capacidad de sus baterías para mantener la etiqueta CERO o si reposicionan sus modelos dentro de la categoría ECO. El aumento de autonomía implica mayor coste, incremento de peso y posibles ajustes en la arquitectura del vehículo, lo que puede repercutir en el precio final.

Por otro lado, la medida refuerza la diferenciación entre el vehículo eléctrico puro y el híbrido enchufable. Mientras el primero mantiene intacta su condición de cero emisiones locales, el segundo queda sometido a un estándar más exigente para demostrar su capacidad de circular en modo eléctrico durante trayectos prolongados. Llama especialmente la atención la rapidez con la que evolucionan los criterios regulatorios en paralelo al desarrollo tecnológico.

La actualización de la etiqueta CERO refleja una etapa de madurez en la política ambiental aplicada al automóvil. A medida que las autonomías eléctricas aumentan y la infraestructura de recarga se consolida, los requisitos tienden a endurecerse para impulsar soluciones con menor impacto en uso real. El resultado es un escenario más selectivo para los híbridos enchufables y una señal clara de que la electrificación seguirá avanzando bajo parámetros cada vez más estrictos.