El acceso al seguro de automóvil supone uno de los mayores desembolsos para los conductores menores de 25 años. La falta de experiencia, unida a las estadísticas de siniestralidad asociadas a este tramo de edad, sitúa a este perfil entre los considerados de mayor riesgo por las aseguradoras. El resultado es una prima anual que, en muchos casos, duplica la de un conductor con más años de carné y un historial consolidado.

Esta diferencia de precio no siempre responde únicamente al vehículo o al tipo de cobertura contratada. La configuración de la póliza tiene un peso determinante en el cálculo final. No es ningún secreto que el papel que ocupa cada persona dentro del contrato —ya sea como titular o como conductor habitual— modifica de forma sustancial la valoración del riesgo y, por tanto, el importe a pagar.

Por qué el titular joven encarece tanto la póliza

Cuando un menor de 25 años figura como titular del seguro y conductor principal del vehículo, la compañía interpreta que la mayor parte del uso recaerá sobre un perfil con escasa experiencia al volante. A efectos actuariales, eso implica una mayor probabilidad de siniestro y, en consecuencia, una prima más elevada.

Además, muchos conductores jóvenes no cuentan con historial previo que permita aplicar bonificaciones por buena conducción. Al iniciar una póliza desde cero, parten sin descuentos acumulados, lo que incrementa todavía más el coste inicial. Este escenario es habitual cuando el vehículo está a nombre del propio joven y se contrata un seguro independiente.

Conductor joven

La situación cambia de forma significativa cuando el automóvil pertenece a uno de los progenitores y el seguro se mantiene a su nombre. En ese caso, el hijo puede figurar como conductor habitual declarado dentro de la misma póliza. Cabe destacar que esta fórmula no elimina el recargo asociado a la juventud, pero lo integra en un contrato cuyo titular presenta un perfil de riesgo más estable y con posibles bonificaciones acumuladas.

El resultado suele ser una prima global más contenida que la que afrontaría el joven como tomador único del seguro. La diferencia puede alcanzar varios cientos de euros anuales, especialmente en coberturas amplias o en vehículos de potencia media o alta.

Conductor habitual declarado: clave para reducir el sobrecoste

La figura del conductor habitual implica que la aseguradora conoce y acepta que esa persona utilizará el vehículo de forma frecuente. Esto garantiza que, en caso de accidente, la cobertura se aplique sin conflictos contractuales. Por otro lado, permite ajustar el precio teniendo en cuenta tanto la edad del conductor joven como el historial del titular principal.

Lo destacable en este caso es que la combinación de un titular con experiencia y un conductor habitual joven genera un equilibrio en el cálculo del riesgo. La compañía no evalúa el contrato como si el único usuario fuera un menor de 25 años, sino como un uso compartido donde interviene un perfil con menor índice de siniestralidad.

Es fundamental que la declaración sea veraz. Incluir al joven como conductor ocasional cuando en realidad utiliza el coche a diario puede dar lugar a problemas en caso de siniestro. La aseguradora podría aplicar penalizaciones o revisar la cobertura si considera que el riesgo real no se ajusta a lo declarado.

A medida que el conductor acumula años de experiencia y construye su propio historial sin partes, el impacto de la edad en la prima se reduce progresivamente. En ese momento, puede resultar más conveniente formalizar una póliza independiente. Hasta entonces, mantenerlo como conductor habitual en el seguro familiar se consolida como una estrategia legal y eficaz para evitar pagar de más.

El mercado asegurador penaliza el riesgo estadístico, pero también valora la estabilidad y la trayectoria sin incidentes. Ajustar correctamente la figura contractual dentro de la póliza puede marcar una diferencia relevante en el presupuesto anual destinado al seguro del coche durante los primeros años de conducción.