A lo largo de la última semana, la retórica de la Casa Blanca contra Irán se ha vuelto cada vez más agresiva, haciendo crecer las especulaciones sobre un posible ataque estadounidense contra la República Islámica. Tras su ofensiva en Venezuela, la mirada de Washington ha girado hacia Teherán, en un momento clave marcado por las protestas masivas que sacuden el régimen islámico. Ante la magnitud de las movilizaciones, Donald Trump ya ha dejado claro que apoya a los manifestantes y a su lucha por la “libertad”, y ha advertido de que, si el régimen encabezado por el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, continúa reprimiendo las protestas con violencia, Estados Unidos desatará “el infierno” sobre sus líderes. Todo ello mientras diversas filtraciones aparecidas en los medios estadounidenses apuntan a que el presidente estudia diversos escenarios de intervención para aprovechar la ola de descontento y debilitar definitivamente el régimen, incluidos posibles ataques militares dirigidos. Según The Wall Street Journal, será el martes cuando evaluará las distintas opciones con su equipo.

“Todas las opciones están sobre la mesa para el presidente Trump, pero no se ha tomado ninguna decisión”, ha asegurado un alto funcionario de la Casa Blanca en declaraciones recogidas por Axios. Los caminos planteados al magnate republicano incluyen tanto ataques militares como alternativas “no cinéticas”, es decir, medidas que no implican el uso directo de la fuerza y que no causarían muertes inmediatas. Según un segundo funcionario consultado por el mismo medio, aún no se puede anticipar qué vía escogerá Trump, pero las opciones militares están sobre la mesa. Además, The Telegraph apunta que el presidente ha sido advertido de que las Fuerzas Armadas estadounidenses necesitan más tiempo para preparar un eventual ataque, y que se le han presentado como potenciales objetivos diversos altos cargos del régimen iraní responsables de reprimir las protestas.

Dos posibles caminos

Entre las opciones cinéticas que se valoran desde la Casa Blanca hay dos bien diferenciadas: una campaña militar sostenida durante semanas o un ataque puntual y calculado contra objetivos específicos, mediante bombardeos ejecutados en un período corto de entre 24 y 48 horas. Esta segunda modalidad ya se puso en práctica el verano pasado con la operación Martillo de Medianoche, mientras que la primera requeriría un despliegue más amplio, con la participación de portaaviones. Actualmente, sin embargo, no hay ningún portaaviones estadounidense operativo en Oriente Medio, y el único próximo, el USS Abraham Lincoln, se encuentra en el mar de China Meridional, a varios días de distancia. Atacar a Irán sin ningún portaaviones desplegado implicaría riesgos muy altos, es por ello que muchos analistas coinciden en que, si Trump decide llevar adelante una ofensiva contra la República Islámica, difícilmente podría tener lugar antes de una semana e iría precedida de unos preparativos visibles, especialmente por los movimientos navales y aéreos del ejército de los Estados Unidos.

El USS Abraham Lincoln durante un ejercicio de tránsito / Marina de EE. UU.

Por otro lado, la opción de repetir un ataque rápido y quirúrgico similar al de la operación Martillo de Medianoche sigue sobre la mesa, según canales de OSINT —inteligencia de fuentes abiertas— que monitorizan el movimiento de unidades militares norteamericanas vía satélite. Desde el 5 de enero han estado rastreando decenas de KC‑135 Stratotankers y KC‑46A Pegasus saliendo de bases de Estados Unidos y del Reino Unido en dirección a la base aérea de Al Udeid, en Qatar, un importante enclave de la Fuerza Aérea norteamericana en la región. Paralelamente, C‑17 Globemasters han sido observados volando desde el Reino Unido hacia Arabia Saudí, y los 160 SOAR Night Stalkers, la misma unidad de helicópteros que participaron en la captura de Nicolás Maduro, también han sido avistados en bases británicas. Este patrón de movimientos es casi idéntico al que se registró antes de la operación Martillo de Medianoche en junio de 2025, cuando los bombarderos B‑2 Spirit lanzaron ataques sobre instalaciones iraníes como las de Fordow y Natanz.

Ahora bien, a diferencia de la respuesta contenida que Irán dio a la operación Martillo de Medianoche del pasado junio —con el lanzamiento simbólico de misiles balísticos fácilmente interceptables contra una sola base militar en Qatar—, la reacción de Teherán ante un nuevo ataque ligado al actual contexto de protestas masivas podría ser mucho más contundente. Un bombardeo de Estados Unidos en este momento sería percibido como una amenaza directa a la existencia misma del régimen islámico, lo que podría provocar una respuesta militar mucho más agresiva: desde una avalancha de drones y misiles lanzados contra múltiples bases militares estadounidenses repartidas por todo Oriente Medio, hasta acciones de milicias proiraníes en toda la región. De hecho, Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento iraní, advirtió el domingo que "en caso de ataque, tanto el territorio ocupado como los centros militares y navales estadounidenses serán nuestros objetivos legítimos". Todo ello en un momento en que el actual despliegue militar de Estados Unidos no sería capaz de proteger todas sus posiciones y el escenario podría derivar fácilmente en la muerte de decenas de soldados estadounidenses.

Israel, a la espera

Sea cual sea la opción elegida por Trump —siempre que sea cinética— contaría indudablemente con el apoyo de Israel. Las conversaciones entre Washington y Tel Aviv han sido constantes durante la última semana, con Irán en el centro de todas las preocupaciones. El Estado hebreo, que mantiene una relación de alianza estratégica con el Pentágono, se convierte en una pieza clave para los Estados Unidos en cualquier operación militar en Oriente Medio. Este sábado, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, mantuvo una conversación telefónica con el secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, para analizar la posibilidad real de una intervención militar, según ha revelado una fuente israelí citada por Reuters. El aparato de defensa israelí ya ha activado protocolos de alerta máxima ante el escenario, cada vez más probable, de una ofensiva estadounidense contra la República Islámica en medio de las protestas antigubernamentales.

Asimismo, fuentes de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han confirmado a i24NEWS que, “durante el fin de semana, se llevaron a cabo diversas evaluaciones situacionales en las FDI bajo el liderazgo del Jefe del Estado Mayor General”. Con estas palabras, el ejército israelí deja claro que está preparado para un escenario de máxima tensión. “Las FDI continúan totalmente preparadas defensivamente y están mejorando continuamente sus capacidades operativas”, reiteraban. El posicionamiento del ejército se alinea con las declaraciones públicas de Netanyahu, que este sábado declaró que esperaba que Irán se liberase pronto “de la tiranía”.

El clima de máxima tensión también se ha trasladado al espacio aéreo. Las principales aerolíneas del Golfo —Emirates, Etihad, Qatar Airways, Gulf Air y Flydubai— han reducido al mínimo sus vuelos sobre Irán, limitándolos prácticamente a trayectos inevitables como los que conectan con Rusia, Turkmenistán o el Cáucaso. Este cambio de rutas refleja hasta qué punto la situación actual es percibida como potencialmente explosiva. Mientras la Casa Blanca mantiene todas las opciones sobre la mesa e Israel se prepara para cualquier escenario, la región contiene la respiración ante un posible giro decisivo que podría marcar un nuevo capítulo en Oriente Medio.