En el marco de las protestas que han sacudido Irán durante las últimas semanas, la organización Human Rights Activists ha revelado este sábado que ya son 65 las víctimas mortales que han perdido la vida a manos del régimen islámico, mientras que la cifra de detenidos ha escalado hasta los 2.300. De este a oeste, millones de iraníes continúan marchando por las calles cada día en una ola de manifestaciones masiva, la cual ya es considerada como el mayor desafío en años al poder en manos del líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei. Las movilizaciones, que han tenido lugar en más de 100 ciudades, suponen una muestra evidente del malestar transversal que afecta a una sociedad cansada de décadas de represión y corrupción.
La chispa que ha encendido la actual oleada de protestas en Irán ha sido la rebelión de los propietarios de los bazares de Teherán, un sector tradicionalmente fiel al régimen islámico. Conocidos como bazaaris, estos comerciantes alzaron la voz ante una inflación fuera de control que ha disparado los precios de los productos básicos, como el aceite de cocina o el pollo, algunos de los cuales han desaparecido por completo de los establecimientos. El malestar se intensificó después de que el banco central pusiera fin a un programa que permitía a determinados importadores acceder a dólares estadounidenses a un precio más asequible, una medida que obligó a muchos vendedores a subir precios y, en algunos casos, a bajar la persiana. El hecho de que esta revuelta comenzara en un sector considerado uno de los pilares sociales del régimen es especialmente significativo, y refleja hasta qué punto se ha erosionado el apoyo popular. Rápidamente, el descontento económico se ha transformado en una protesta de carácter más profundo, con llamamientos directos contra el gobierno y el sistema teocrático.

Las protestas actuales no son un hecho aislado, sino una continuación de la tensión acumulada en los últimos años. En 2022, la muerte bajo custodia policial de Mahsa Amini provocó una ola de movilizaciones sin precedentes en todo el país, poniendo de manifiesto el malestar profundo de la población ante la represión de libertades personales, la discriminación de género y el autoritarismo estructural del régimen. Las manifestaciones de ahora recuperan aquella energía contestataria, pero con la crisis económica como componente añadido. A pesar de los intentos del régimen por ahogar la revuelta —como los cortes masivos de Internet y comunicaciones en Teherán y otras ciudades—, los iraníes continúan en la calle. En muchas zonas se han registrado imágenes de manifestantes encendiendo fuegos, bloqueando carreteras y gritando consignas como “libertad”. A pesar del apagón deliberado, los vídeos de las protestas continúan difundiéndose como la pólvora en las redes sociales.
ویدیوی دریافتی با شرح: "#تهران، پونک، جمعه ۱۹ دی' pic.twitter.com/HqI6vTMTDV
— Vahid Online (@Vahid) January 9, 2026
"¡Oh, buen rey, regresa a #Irán, los clérigos se han cagado en Irán!"
— Vahid Online (@Vahid) January 9, 2026
Vídeos recibidos con la descripción: "#Teherán, salieron de la calle Dowlat y bajaron a los guardianes"
El remitente dice que es del 'viernes 19 de Dey' y que él mismo grabó el vídeo y lo envió a través de Starlink. pic.twitter.com/2owEuR90CH
El instrumentalismo de la religión
El régimen de Irán interpreta las protestas masivas como un desafío existencial, y no como una expresión legítima de discrepancia social o política. Esta reacción extrema se explica por el carácter teocrático del sistema político, ya que Jamenei no solo es el máximo responsable político, sino también la autoridad religiosa del país. La doble condición permite al líder supremo presentar cualquier disidencia como un acto pecaminoso, y no como una crítica legítima a la gestión del Estado. Así, la protesta se convierte en una ofensa tanto política como espiritual. En esta línea, el Ejército de Irán ha emitido un comunicado en el que asegura que hará “todo lo necesario” para proteger la seguridad del país y desarticular lo que considera una “conspiración” impulsada por Estados Unidos e Israel. “El enemigo, con otra conspiración, con el apoyo del régimen sionista criminal y asesino de niños, y grupos terroristas y hostiles, busca perturbar el orden y la paz de las ciudades y la seguridad pública del país”, han denunciado las fuerzas armadas islámicas a través de un comunicado recogido por la agencia Tasnim. En el mismo texto, se hace un llamamiento a la población para que “mantenga la vigilancia y la inteligencia nacionales” para frustrar los “complots del enemigo” contra los pilares de la Revolución islámica.
Trump eleva la tensión
En sintonía con la retórica belicista que los Estados Unidos han adoptado desde principios de año, el presidente Donald Trump ha advertido a los líderes iraníes que desatará “el infierno” sobre ellos si "comienzan a matar gente" durante las manifestaciones, si bien diversas organizaciones de derechos humanos ya apuntan a decenas de muertos en el marco de las manifestaciones. "Les he hecho saber que si comienzan a matar gente, como suelen hacer durante los disturbios, porque tienen muchos disturbios, les daremos un golpe muy duro", ha declarado durante una entrevista telefónica con Hugh Hewitt. De momento, a pesar de las cifras de víctimas mortales, el republicano ve precipitado “responsabilizar necesariamente a alguien”. Desde Teherán, Jamenei ha respondido a las amenazas acusando a los Estados Unidos de incitar las protestas y ha instado a Trump a “centrarse en su propio país”.
During a call earlier into the Hugh Hewitt Show, President Donald J. Trump once against threatened to take action against Iran if they attempt to violently quell ongoing anti-government demonstrations, stating that if they kill any protesters, the United States will strike Iran… pic.twitter.com/viEJ5YmmBk
— OSINTdefender (@sentdefender) January 8, 2026