Suecia se ha despertado este lunes con un resultado tan ajustado que, de momento, nadie puede dar la partida por cerrada. La oposición de centroizquierda, liderada por la socialdemócrata Magdalena Andersson, tiene una mínima ventaja sobre el bloque de derechas del primer ministro Ulf Kristersson. Pero aún quedan votos por contar y, sobre todo, muchas negociaciones por delante. Estas son las cinco claves para entender qué pasará ahora.
1. Sin resultado definitivo
Con 6.273 de los 6.626 distritos electorales escrutados, la oposición suma 176 escaños y los cuatro partidos del bloque gubernamental —Moderados, Demócratas de Suecia, Demócratas Cristianos y Liberales— tienen 173. La mayoría absoluta del Riksdag, el parlamento sueco, es de 175 diputados.
Según destaca el diario Svenska Dagbladet, la diferencia es tan estrecha que los votos que faltan pueden ser determinantes. Este lunes empieza el recuento definitivo y el miércoles se contarán también los votos anticipados que han llegado tarde y los emitidos desde el extranjero. El resultado definitivo del parlamento se espera aproximadamente una semana después de las elecciones.
2. ¿Quién ha ganado? Es más complicado de lo que parece
El Partido Socialdemócrata es, de nuevo, la fuerza más votada, con cerca del 28% de los votos, pero apunta a su peor resultado en casi un siglo. A la derecha, los Moderados de Kristersson han recuperado la segunda posición que los Demócratas de Suecia (SD) les habían arrebatado en 2022.
Los SD, el partido de extrema derecha liderado por Jimmie Åkesson, han sido una pieza clave de la política sueca de los últimos años. Aunque no formaban parte formalmente del gobierno, apoyaron parlamentariamente a Kristersson después de las elecciones de 2022 y tuvieron un papel central en el llamado acuerdo de Tidö, que permitió a la derecha gobernar.
Ahora, sin embargo, han quedado por detrás de los Moderados. Es un cambio relevante dentro del bloque de derechas, aunque los SD siguen siendo indispensables para entender cualquier mayoría parlamentaria conservadora. Y, sobre todo, el partido ha logrado mantener un peso suficiente para seguir siendo un actor difícil de ignorar. Pero en el sistema sueco no gobierna necesariamente el partido más votado. Lo que importa es quién es capaz de reunir suficiente apoyo en el parlamento. Por eso, como subraya Dagens Nyheter, aún no se puede proclamar un vencedor claro.
3. El problema empezará dentro de los bloques
Si el 176-173 se confirma, Andersson tendrá una mayoría mínima con los Socialdemócratas, los Verdes, el Partido de Izquierda y el Partido de Centro. El problema es que estos partidos no forman una coalición compacta y tienen diferencias importantes, especialmente entre el Centro y la Izquierda.
A la derecha, Kristersson tiene 173 diputados y necesita ampliar apoyos o conseguir que otros partidos toleren su gobierno. Y aquí vuelve a aparecer el papel de los Demócratas de Suecia: a pesar de haber perdido la segunda posición, continúan siendo una pieza central del espacio conservador y difícilmente podrán ser ignorados en cualquier pacto que intente mantener a Kristersson en el poder. El primer ministro ya ha abierto la puerta a nuevas alianzas. Por eso, las negociaciones pueden ser tan importantes como el resultado de las urnas: el debate ya no es solo quién tiene más escaños, sino qué acuerdo puede reunir suficientes diputados para gobernar.
4. Ahora entra en escena el presidente del parlamento
Si Kristersson dimite, la pelota pasa al tejado del presidente del Riksdag —el talman—, que es quien debe poner en marcha la formación del nuevo gobierno. El primer paso será reunirse con los líderes de todos los partidos para sondear qué combinación tiene más posibilidades de superar la investidura. A partir de estas conversaciones, el talman propondrá un candidato a primer ministro.
Y aquí hay una particularidad del sistema sueco: el candidato no necesita una mayoría de votos a favor. La propuesta queda aprobada si no hay 175 de los 349 diputados que voten en contra. Esto permite formar gobiernos en minoría y hace que las abstenciones sean especialmente importantes: un partido puede no querer apoyar al candidato, pero a la vez decidir no votar en contra y facilitar su investidura.
Este hecho puede ser especialmente relevante ahora, con solo tres escaños de diferencia entre los dos bloques. Si el primer candidato fracasa, el talman puede intentarlo de nuevo con otro nombre, hasta cuatro veces. Si el parlamento rechaza las cuatro propuestas, Suecia debería celebrar unas nuevas elecciones extraordinarias.
5. El tiempo es finito
Las negociaciones pueden alargarse durante semanas. En 2018, después de un resultado especialmente fragmentado, Suecia vivió uno de los procesos de formación de gobierno más largos de su historia: pasaron más de cuatro meses entre las elecciones y la investidura de Stefan Löfven, concretamente 134 días. Cuatro años después, en 2022, Ulf Kristersson fue investido al cabo de 37 días. La diferencia muestra hasta qué punto los pactos entre partidos pueden acelerarse o encallarse según la aritmética parlamentaria.
Ahora hay, además, una primera fecha límite importante: el nuevo gobierno deberá presentar su presupuesto antes del 12 de noviembre. Si no es posible llegar a un acuerdo, el presupuesto actual seguirá vigente. Esto añade presión a unas negociaciones que no se limitarán a decidir quién será primer ministro o a repartir cargos, sino que deberán concretar qué prioridades tendrá la futura mayoría. Y los partidos saben cuáles son las preocupaciones de los votantes: según la gran encuesta a pie de urna de la SVT, la sanidad ha sido la principal cuestión de estas elecciones, seguida de la educación y de la economía sueca.
