Suecia abre este domingo las urnas en unas elecciones que pueden marcar algo más que el futuro gobierno de Estocolmo. El país escandinavo, durante décadas asociado a una socialdemocracia fuerte y a un amplio consenso político, afronta la posibilidad de que los Demócratas Suecos, la formación ultraderechista de Jimmie Åkesson, entre por primera vez en el gobierno. El resultado llega, además, después de la victoria contundente de la AfD en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt, convirtiendo a Suecia en un nuevo test para medir hasta dónde ha llegado la derecha radical europea.
La extrema derecha ya no es marginal
Los Demócratas Suecos ya no son un partido marginal como lo habían sido en el pasado. Dieron apoyo parlamentario al gobierno de centroderecha de Ulf Kristersson durante la pasada legislatura y han tenido una influencia especialmente importante en las políticas de inmigración y seguridad. Ahora, el primer ministro ha abierto la puerta a incorporarlos formalmente al Ejecutivo si la derecha conserva el poder. De hecho, y en esta misma línea, el Financial Times destaca que este paso supondría la culminación de la transformación de un partido que nació en ambientes vinculados a la extrema derecha y que durante años había sido rechazado por las principales fuerzas políticas.
Pero los resultados de estas elecciones son especialmente relevantes en el contexto europeo actual. En Alemania, la AfD acaba de conseguir un 44% de los votos en Sajonia-Anhalt, en una victoria histórica que ha vuelto a poner en cuestión el cordón sanitario de los partidos tradicionales. La agencia Reuters pone énfasis en el hecho de que la formación alemana ha basado buena parte de su ascenso en el rechazo a la inmigración, la inseguridad y el malestar económico.

¿Qué pasa en Suecia con la inmigración?
En Suecia, la inmigración y la seguridad también han cambiado el mapa político. El país ha sufrido durante los últimos años una oleada de violencia vinculada a bandas criminales, con tiroteos y explosiones que han convertido la delincuencia en una de las principales preocupaciones del electorado. Ahora, la situación ha mejorado, pero la población no está del todo contenta. Según datos recogidos por el Financial Times, hasta agosto se habían registrado 48 tiroteos y 12 muertos, frente a los 391 tiroteos y 62 muertos de todo el 2022. El gobierno atribuye parte de esta reducción al endurecimiento de las penas, la ampliación de los recursos policiales y la persecución de las redes criminales.
Los Demócratas Suecos han hecho de la inmigración uno de sus principales argumentos. El gobierno ha endurecido las normas migratorias y, desde enero, ofrece hasta 350.000 coronas suecas —unos 31.400 euros— a algunos inmigrantes de fuera de la UE para que se marchen voluntariamente del país. Ahora bien, Reuters destaca que, a pesar de los incentivos económicos, solo 171 personas habrían aceptado la oferta hasta ahora.
La inmigración es un punto importante en estas elecciones, pero no es el único que preocupa a los suecos. La economía, el sistema de bienestar y la seguridad también son cuestiones centrales. La oposición socialdemócrata de Magdalena Andersson defiende reforzar los servicios públicos, mientras que el gobierno de Kristersson reivindica su política económica y los resultados en materia de seguridad.
¿Qué dicen las encuestas?
Las encuestas dan ventaja a la oposición, pero la distancia se ha ido reduciendo. Un sondeo de Demoskop recogido por Reuters situaba en agosto a los partidos de centroizquierda en el 50,6% de los votos, frente al 46,9% de las fuerzas de derecha que sostienen el gobierno. Al frente de la oposición están los Socialdemócratas de Magdalena Andersson, el principal partido del país, que obtenía un 30,2%. A la derecha, los Moderados del primer ministro Ulf Kristersson son la principal fuerza del gobierno, pero comparten espacio con los Demócratas Suecos, el partido de ultraderecha liderado por Jimmie Åkesson, y con los Demócratas Cristianos y los Liberales, dos formaciones más pequeñas.

Precisamente los Liberales pueden tener la clave de las elecciones. En agosto se quedaban por debajo del 4% de los votos, el umbral necesario para entrar en el Parlamento, pero las últimas encuestas los sitúan ligeramente por encima. El último sondeo de Novus, publicado esta misma semana por Reuters, da un 50,3% al bloque de centroizquierda y un 47,9% al bloque de derechas. Los Liberales llegan al 4,3%. Unos pocos miles de votos pueden determinar, por lo tanto, si el bloque de Kristersson conserva suficiente fuerza para gobernar.
Y hay otra incógnita: los Demócratas Suecos. El partido de Åkesson ya es una de las principales fuerzas de la derecha y ha sido clave para sostener el actual gobierno, pero desde fuera del Ejecutivo. Ahora Kristersson ha abierto la puerta a incorporarlo formalmente a un nuevo gobierno. Si esto ocurre, la ultraderecha daría un paso más hacia el centro del poder en Suecia, en una evolución que conecta con el ascenso de formaciones similares en toda Europa.
El papel de Rusia y Putin
La guerra de Ucrania también planea sobre las elecciones. Suecia abandonó su tradicional política de no-alineamiento y se incorporó a la OTAN en 2024, en respuesta directa al cambio del entorno de seguridad provocado por la invasión rusa de Ucrania.
La defensa y la relación con Rusia, por lo tanto, han ganado peso en la política sueca. El gobierno también ha reforzado las medidas para proteger las elecciones ante posibles campañas de influencia extranjera, con la participación de los servicios de inteligencia, la policía y los organismos responsables de la ciberseguridad, tal como destaca el propio gobierno sueco.
Después del avance de la AfD en Alemania, Europa mirará hacia Estocolmo. Estas elecciones serán clave para saber, no solo quién gobernará Suecia, sino para comprobar la normalización de la extrema derecha en el continente.