Robert F. Kennedy Jr. ha acumulado numerosas polémicas a lo largo de su trayectoria, especialmente como activista antivacunas, por su pasado personal con adicciones y por declaraciones controvertidas en salud pública. Estas se han intensificado desde su nombramiento como secretario de Salud por Donald Trump meses después de llegar a la Casa Blanca en enero de 2025. Pero la confesión sorprendente que ha hecho este jueves se ha hecho viral, y ha sido muy criticada como inapropiada viniendo del responsable de la sanidad pública de los Estados Unidos, especialmente por minimizar los riesgos virales con una anécdota personal impactante para demostrar que no le tiene miedo a los gérmenes. “No tengo miedo a los virus, yo esnifaba cocaína sobre las tazas de váter”, dijo Kennedy en un episodio del podcast This Past Weekend, del comediante Theo Von, donde relató cómo durante su juventud consumió cocaína de manera extrema.

Theo Von presentó a Kennedy como su “amigo”. Kennedy y Von se conocieron previamente en reuniones de recuperación de adicciones en Los Ángeles, y hablaron de cómo Kennedy priorizó estas sesiones presenciales durante la pandemia de la covid-19, saltándose el confinamiento, porque consideraba que su adicción representaba un riesgo mayor que el virus. De aquí surgió la frase sobre esnifar cocaína en los asientos de los váteres, para ilustrar su falta de temor a los gérmenes. “Esta enfermedad sí me podría matar”, dijo, refiriéndose al alcoholismo y la drogadicción, que, según explicó, superó “hace 43 años”. El secretario de Salud de Trump admitió que, si no se tratan estas adicciones, “es malo para mí. Esto implica ir a reuniones cada día. Era una cuestión de supervivencia. Y después está la oportunidad de ayudar a otros alcohólicos, que es el ingrediente secreto de estas reuniones”. El actual secretario de Salud enfatizó que sus experiencias pasadas forman parte de un proceso de “aprendizaje”.

Kennedy (que es hijo del senador y fiscal general Robert F. Kennedy, asesinado en 1968, y de Ethel Skakel Kennedy, sobrino del presidente John F. Kennedy, asesinado en 1963, y del senador Ted Kennedy) es considerado la oveja negra de una de las dinastías políticas demócratas más influyentes de los Estados Unidos. Rompió con la tradición familiar al aliarse con Trump, después de retirarse de la carrera  presidencial,  y adoptar posturas muy controvertidas, especialmente por su activismo antivacunas. El controvertido secretario de Salud de la Administración Trump, de 72 años, nunca ha ocultado su largo historial de consumo de drogas, que comenzó cuando tenía 15 años, poco después del asesinato de su padre. Kennedy, en una entrevista de julio de 2024, explicó que cuando tenía aquella edad, un conocido le ofreció LSD. “Nunca había tomado ningún tipo de droga. Lo hice justo después del asesinato de mi padre. Tuve un viaje probablemente de diez horas y me lo pasé muy bien”. Después del LSD, consumió peyote, metanfetamina y, más adelante, cocaína y heroína. Kennedy llegó a asegurar que “empecé a consumir heroína y fui el primero de mi clase. De repente, podía leer, concentrarme y escuchar lo que decía la gente. Las cosas tenían sentido para mí”, una declaración que puede incitar al consumo de drogas, aunque también ha reconocido que las adicciones pudieron acabar con su vida, como ocurrió con uno de sus hermanos, y que pudo desintoxicarse después de ser arrestado por posesión de heroína.