En la glorieta Ruiz Jiménez de Madrid (aunque todo el mundo la llama "de San Bernardo"), está el Edificio Princesa: un ejemplo internacional de brutalismo arquitectónico. El monstruo de hormigón surgió como encargo del general Medrano para el Patronato de Casas Militares y se encargó a los arquitectos Fernando Higueras y Antonio Miró, que no eran precisamente franquistas. Pero parece que Medrano estaba harto de los arquitectos militares...
(Paréntesis: Higueras compaginaba su profesión con la de guitarrista, experimentó abiertamente con las drogas, grabó más de 2.000 películas porno y dijo que cuando muriera quería que dijeran de él "murió follando y habló bien de muy poca gente". Cierro paréntesis.)
Sea como fuere, Medrano acertó. Los característicos balcones pétreos están pensados para repeler el ruido, las grandes jardineras evitan la mirada de los vecinos y, según la página web de la comunidad de vecinos, su perfil característico evoca las ruinas aztecas. "La estructura se parece casi a un accidente rocoso. En una época en la que nadie hablaba de edificios ecológicos, la idea era que la vegetación lo cubriera y que los aleros hicieran sombra", se lee.
El Edificio Princesa es un testimonio de la contradictoria Transición española de la que tanto hablamos esta semana
El edificio se entregó en 1975, ya con Franco criando malvas. Y aunque terminó de jubilado de costa en Málaga la mayor parte del tiempo, el vecino más famoso fue... Antonio Tejero Molina. No sé si les suena. Allí vivía junto a su mujer, Carmen Díaz, quien —según los papeles hechos públicos ayer— le llamaba “desgraciao” porque le dejaron “tirao como una colilla” el 23-F. El caso es que algunas informaciones periodísticas aseguran que en el Edificio Princesa también vivía el general Alfonso Armada. Así que tendré que buscar en la web de la Moncloa la información para confirmar que el golpe de Estado se fraguó en este edificio, entre vecinos de escalera.
Ahora ya no viven —solo— militares. El escritor Daniel Saldaña, que vivió allí entre 2002 y 2006, explicaba en un artículo la experiencia de tener un golpista como vecino de abajo. Detallaba cómo el portero, un antiguo músico de Raphael, era el encargado de llamar a la policía cuando aparcaban coches sospechosos frente a la finca. Y que con varios amigos de izquierda quisieron enviarle mensajes a través de aviones de papel. Sin embargo, los resultados electorales dejan entrever que todavía manda entre sus vecinos la ideología derechista. Mientras en las islas de Malasaña, inmediatamente al sur, ganan las izquierdas, en la sección censal donde se encuentra el Edificio Princesa, el PP es el más votado, seguido del PSOE... y Vox.
En fin, que, como decía, ahora viven escritores, periodistas y gente con posibles. Así que, de bunker para el entorno fiel a Franco a vivienda de lujo para vecinos que han hecho fortuna en democracia, el edificio es un testimonio de la contradictoria Transición española de la que tanto hablamos esta semana.