Israel da un paso más en la escalada militar en el sur del Líbano. El ministro de Defensa, Israel Katz, aseguró este martes que el ejército israelí ampliará su control hasta el río Litani, una franja clave del territorio libanés que, según Tel-Aviv, ha sido utilizada por Hezbolá para operar contra Israel.
Según Katz, las fuerzas israelíes ya han destruido cinco puentes sobre el río, que considera infraestructuras estratégicas para el movimiento del grupo chií. El objetivo ahora es claro: controlar los pasos restantes y consolidar una “zona de seguridad” que se extienda desde la conocida Línea Azul —la frontera de facto entre Israel y el Líbano— hasta el Litani.
Control temporal o presencia prolongada?
El ministro no especificó si este control será temporal o si se plantea como una presencia prolongada. Pero el mensaje político es contundente. “Si hay terrorismo y misiles, no habrá ni casas ni residentes”, advirtió Katz, dejando claro que el retorno de la población desplazada no es una prioridad inmediata.
La decisión tiene un fuerte impacto humanitario. Cientos de miles de personas han sido expulsadas del sur del Líbano desde el inicio de los bombardeos, y el gobierno israelí condiciona su regreso a la garantía absoluta de seguridad para sus ciudadanos. Es un planteamiento que recuerda lo que ya se ha visto en Gaza, con ciudades como Beit Hanun o Rafah prácticamente destruidas después de operaciones militares prolongadas.
¿Por qué es polémica esta franja?
La franja entre la Línea Azul y el río Litani no es cualquier territorio. Según las resoluciones de la ONU, esta zona debería estar desmilitarizada, con presencia exclusiva de la misión internacional FINUL y del ejército libanés. La entrada y operativa de tropas israelíes en esta área añade, por lo tanto, una nueva capa de tensión en un escenario ya altamente volátil.
Desde el inicio de las hostilidades el pasado 2 de marzo, en paralelo a la escalada regional vinculada a Irán, el balance en Líbano es grave: más de 1.000 muertos —entre ellos más de un centenar de niños— y miles de heridos. Las cifras reflejan una intensidad creciente del conflicto, que se extiende más allá de las fronteras inmediatas.
Objetivo: frenar Hezbollah
Este movimiento de Israel se inscribe en una estrategia más amplia para frenar la capacidad operativa de Hezbolá, pero también responde a una lógica de control territorial preventivo. El problema es que esta estrategia choca con el derecho internacional y con la realidad sobre el terreno, donde la población civil es quien paga el precio más alto.
Mientras tanto, la comunidad internacional observa con preocupación cómo el conflicto en Oriente Medio continúa expandiéndose, conectando frentes y actores. El sur del Líbano se convierte así en una pieza más de un tablero regional cada vez más complejo, donde las líneas entre seguridad, ocupación y escalada se difuminan. Y, como en otros puntos del mapa, la pregunta de fondo continúa sin respuesta clara: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar Israel para garantizar su seguridad, y qué coste tendrá esto para una región ya profundamente marcada por el conflicto?
