El Gobierno ha intentado encapsular en la medida de lo posible el “daño Ábalos” y, en cierta medida, lo ha conseguido. La legislatura estuvo en un punto crítico el pasado julio con la caída de Santos Cerdán, destapado cuando era diputado, y aquella imagen de la lectura del informe de la UCO desde su escaño como máxima autoridad del PSOE, y volvió a tambalearse en diciembre con la entrada en prisión de Ábalos. Por la repetición del relato o la falta de efecto sorpresa, la declaración en el Supremo —el día D de Ábalos— se ha diluido sin tener un impacto directo en Sánchez. En parte, porque Ábalos ha optado por un relato contenido y de control de daños, tanto sobre su propia situación como sobre el peso que tenía entonces dentro del Ejecutivo.
El juicio no está yendo a lo esencial. Se llama el caso Mascarillas y es lo que menos se menciona. Aldama tardó más de tres horas en su declaración en citar los contratos por los que se embolsó 6,6 millones de euros. Tampoco la instrucción avanzó mucho más desde la detención de Koldo García y Aldama en febrero y octubre de 2024. No hay una mesa de contratación investigada, por más que se adjudicaran por vía urgente. Y, ante la falta de sustancia, Ábalos ha cargado la decisión en los técnicos. “A mí nunca me han pagado”, se ha despachado sin mucha réplica.
Dónde está el dinero de Ábalos sigue siendo una incógnita
Lo niega todo, incluso la verdad, como en la canción de Joaquín Sabina, pero las pruebas incriminatorias son escasas. Dónde está el dinero de Ábalos sigue siendo una incógnita. A Ábalos no le han encontrado el supuesto incremento patrimonial derivado de los contratos de mascarillas. El descuadre es de 94.000 euros en diez años. Si se lo ha gastado, ¿cómo y cuándo lo hizo? Hay 20.000 euros de un supuesto préstamo de su hijo que no ha sido desmentido. Si se embolsó 75.000 euros en esa década, tampoco cuadra con la fecha de los contratos, pero los ingresos en efectivo están sin explicar. “¿A cuánto asciende eso?”, increpaba Ábalos al fiscal anticorrupción en la Sala, como si la cantidad redujera el delito.
Aldama señaló a Sánchez en el “escalafón uno” de la trama, pero en el volcado del móvil de Koldo García no hay mensajes entre Ábalos y el asesor con el presidente. Ni indicios, ni nada. Anticorrupción no da credibilidad a esa acusación por elevación del comisionista y mantiene la petición de siete años de cárcel. Su confesión es clave para implicar a Koldo y Ábalos, pero lo dicho sobre el PSOE, la financiación en B, el presidente Sánchez y la ristra de ministros señalados —la supuesta “trama de Estado” en la que él se sitúa como peón— no tiene consistencia: son acusaciones sin pruebas que no lo ayudarán en las causas que tiene por delante.
Poco edificante es la petición de la acusación del PP de rebajar la pena al comisionista a cinco años y dos meses. Pero la cercanía ideológica de Aldama con Vox y Alberto Núñez Feijóo (pidió el voto) ha quedado expuesta por Aldama en el último año. En un caso de corrupción como este, resulta desolador el manido “de qué lado estás” cuando la materia de Ábalos, Koldo y Aldama es la misma.
Al final de este camino, a Ábalos lo hunde lo que se veía desde fuera y no en sus cuentas. Ese relato esperpéntico que tanto chascarrillo provoca y alimenta el personaje del “galán de Fomento”. Esa “mala vida” que Sánchez no quiso ver a tiempo. El uso del Ministerio para sus relaciones con Jéssica Rodríguez, Claudia Montes y tantas otras mujeres, a quienes colocó en empresas públicas del Ministerio y que han confesado los enchufes y las prebendas.
Con la ratificación de la petición de penas de la Fiscalía —27 y 18 años para Ábalos-Koldo—, la pareja que creció y caerá junta, no habrá paz ni libertad para ninguno de los dos. Si el juicio visto para sentencia este miércoles sigue su curso, seguirán en prisión hasta el fin de la legislatura. Y Ábalos no parece poder tirar de su “manta”, si la tiene, ni de ninguna otra. El Gobierno ha conseguido hacer ghosting a Ábalos y dar la espalda a la causa. Con lo que hay, está amortizada. Pero quedan la financiación y las cuentas del PSOE en la Audiencia Nacional, por el trajín de Ábalos y Koldo con los tickets y los ingresos en efectivo. La causa más sensible para el PSOE se reactivará antes de que el caso Mascarillas tenga sentencia, previsiblemente antes de julio, el mes de la efeméride de Santos Cerdán.