Los enfrentamientos entre Pakistán y Afganistán han escalado después de que el gobierno talibán anunciara una ofensiva contra posiciones militares pakistaníes cerca de la frontera, y Islamabad respondiera con bombardeos sobre objetivos en Kabul y en las provincias limítrofes de Kandahar y Paktika. Es la más reciente escalada de un conflicto latente entre los dos vecinos, con un historial de violencia intermitente. Los primeros informes emergieron el jueves 26 de febrero, cuando el gobierno talibán lanzó una ofensiva en las provincias de Nangarhar, Nuristan, Kunar, Khost, Paktia y Paktika. Según los portavoces talibanes, los ataques comenzaron a las 20:00 hora local. Pakistán replicó rápidamente, acusando a los insurgentes de haber abierto fuego sin provocación en varias localidades de su provincia de Khyber Pakhtunkhwa.
Durante la madrugada del viernes, las fuerzas pakistaníes realizaron una serie de bombardeos sobre objetivos en Kabul y en otras provincias fronterizas, según fuentes militares de Islamabad. Se informaron más incidentes cerca del paso fronterizo de Torkham, clave para el comercio y tránsito entre Peshawar y Jalalabad.
¿Quién hay implicado?
Los ataques incluyen posiciones militares y, según el gobierno pakistaní, instalaciones gubernamentales del gobierno afgano. Los insurgentes habrían utilizado drones comerciales cargados de explosivos para atacar tres localizaciones: la escuela de artillería del ejército en Nowshehra, una zona próxima a la academia militar de Abbottabad y un punto cerca de una escuela primaria en Swabi. Pakistán asegura que todos los drones fueron destruidos antes de causar daños significativos.
Cada bando acusa al otro de comenzar los enfrentamientos. Islamabad afirma haber eliminado 133 combatientes talibanes y herido a más de 200, mientras los portavoces del gobierno talibán hablan de numerosas bajas y capturados entre las fuerzas pakistanesas. Ninguna de estas cifras ha podido ser verificada independientemente.
¿Qué dicen los gobiernos?
El primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, ha afirmado que las fuerzas de su país han “aplastado” a los oponentes, mientras el ministro de Defensa declaraba la guerra abierta a Afganistán. Desde el lado afgano, el portavoz militar del gobierno afgano ha asegurado que responderán si son atacados, pero que no iniciarán enfrentamientos ahora mismo.
La comunidad internacional ha pedido contención inmediata. Irán ha ofrecido mediación, destacando que es el mes de Ramadán y recordando la necesidad de solidaridad islámica. China ha hecho un llamamiento al cese del fuego, mientras que Arabia Saudita discute medidas para reducir tensiones con Islamabad.
¿Por qué pasa esto?
El episodio forma parte de un conflicto recurrente. Pakistán acusa a Afganistán de dar refugio y apoyo a grupos insurgentes que cometen ataques en su territorio, incluido un reciente atentado suicida en Islamabad. El gobierno talibán rechaza estas acusaciones y sostiene que su territorio no se utiliza para amenazar a terceros.
Las tensiones han aumentado después de bombardeos anteriores de Pakistán sobre Afganistán, que, según el gobierno, han causado muertes civiles. Esta escalada es particularmente significativa porque los objetivos pakistaníes ya no son solo grupos militantes, sino instalaciones gubernamentales.
¿Qué pasa en la frontera?
Los enfrentamientos en la región de Torkham —punto estratégico entre Peshawar y Jalalabad— han dificultado el tránsito e incrementado la inseguridad. El uso de drones y bombardeos sobre áreas pobladas ha hecho que el riesgo de bajas civiles aumente, y muchos analistas alertan que, a pesar de que Afganistán no dispone de una fuerza convencional comparable a Pakistán, su experiencia en guerrilla podría prolongar el conflicto.
Según Michael Kugelman, experto del Atlantic Council, los bombardeos pakistaníes son inéditos porque apuntan directamente a estructuras del gobierno talibán y no solo a grupos insurgentes, lo cual podría marcar el inicio de una fase más peligrosa de la crisis.
Afganistán, por su parte, ha amenazado con “respuestas aún más decisivas” en el futuro, dejando entrever que la tensión podría derivar en un conflicto mayor en la región.
