Una semana más con tensión y nervios geopolíticos. La insistencia del presidente de los EE. UU., Donald Trump, para que los Estados Unidos tomaran el control de Groenlandia, territorio danés con autonomía, ha dejado una huella profunda en la relación transatlántica, según responsables europeos citados por CNN. A pesar de que el presidente estadounidense descartó el miércoles cualquier acción militar y retiró sus amenazas de aranceles después de una reunión con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, la diplomacia occidental todavía arrastra las consecuencias de semanas de tensión.
Un diplomático europeo describió la situación reciente como un “torbellino de absurdidad que perjudica las relaciones transatlánticas, distrae de la crisis de Ucrania y alegra a Rusia y China”. La presión de Trump llegó al punto de amenazar con aranceles a los países que se oponían a su ambición sobre la isla, considerada estratégicamente vital para la seguridad ártica y el tránsito marítimo. Dinamarca y los aliados europeos se mantuvieron firmes, considerando incluso medidas comerciales de represalia, generando un clima tenso en la reunión del World Economic Forum en Davos

El papel de la Unión Europea
A pesar de la retirada de Trump, los efectos se hacen sentir. Un grupo clave del Parlamento Europeo bloqueó la ratificación de un acuerdo comercial con EE. UU., mientras la confianza europea hacia Washington se ve claramente erosionada, según destacaba el mismo portal. Como señaló la vicepresidenta sueca, Ebba Busch, “la confianza ha sido realmente dañada, y costará tiempo repararla”. Charles Michel, expresidente del Consejo Europeo, declaró que “la relación transatlántica tal como la hemos conocido durante décadas está muerta” y que Europa debe asumir un nuevo enfoque para gestionar a Trump y futuras crisis.
El debate sobre Groenlandia ha puesto sobre la mesa no solo cuestiones comerciales, sino también la seguridad y la soberanía. Líderes como el canciller alemán, Friedrich Merz, han subrayado la necesidad de que Europa renueve su fe en la OTAN e invierta en defensa propia. “El antiguo orden mundial se está desmantelando a un ritmo vertiginoso”, afirmó Merz, añadiendo que Europa debe ser capaz de defenderse y mantener su competitividad económica. En la misma línea, el primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, insistió en que la cooperación diaria entre países de la OTAN continúa siendo estrecha, a pesar de las tensiones.

Groenlandia, la punta del iceberg
Los expertos apuntan que el conflicto sobre Groenlandia es solo la punta del iceberg. La isla es estratégica para la geopolítica ártica, con valor militar, minerales y control de rutas marítimas que se vuelven accesibles por el deshielo acelerado. Así, las acciones de Trump, más allá de ser consideradas excentricidades presidenciales, reflejan la competencia creciente entre EE.UU., Rusia y China por la influencia en el Ártico y la protección de los intereses occidentales.
Lo que queda claro es que, aunque Estados Unidos y Europa comparten un compromiso con la OTAN y la seguridad colectiva, la crisis de Groenlandia evidencia que las diferencias de enfoque estratégico y de diplomacia pueden poner en riesgo décadas de alianzas consolidadas. Europa deberá replantearse cómo equilibrar su dependencia militar de EE. UU. con la necesidad de ejercer soberanía política propia, mientras Washington navega entre transacciones unilaterales y compromisos multilaterales.