El pasado julio la temperatura de Basora, al sur de Iraq llegó a 53.9ºC. En Bagdad, los pomos de las puertas te queman los dedos. Sana'a, capital del Yemen, se quedará sin agua en 2019. Y así todo. En el Oriente Medio, la dureza de las temperaturas mata cada año a 230.000 personas, más que las guerras y el terrorismo, según la Agencia de Medio Ambiente de la ONU.

"El análisis de los datos sugiere que desde la década de 1970 ha aumentado la frecuencia de las temperaturas altas extremas, mientras que disminuyen los días y noches de verano frescos," explica a The Economist Gemma Shepherd, una especialista del programa sobre el clima de la ONU en Nairobi (Kenia).

Hasta la década de 1970, "el clima de Basora era como el del sur de Europa", recuerda Shukri Al-Hassan, profesor de ecología en la ciudad-puerto iraquí. Basora, añade, tenía tantos canales que los iraquíes la llamaban la "Venecia del Oriente Medio". El río Shatt al-Arab regaba extensas marismas y sostenía el cultivo de diez millones de palmeras, las mejores del mundo.

La guerra, el agua salada que se filtra desde el mar a causa de los embalses río arriba, y la exploración del petróleo que ha arrojado a los agricultores fuera de sus tierras han dejado su marca. La mayor parte de las zonas húmedas y huertos son ahora desierto e Iraq tiene una media de una tormenta de arena de uno de cada tres días.

A diferencia de otras partes del mundo, donde el cambio climático deja inviernos más suaves, al Oriente Medio se han intensificado los extremos del verano. Incluso en el extremo oeste del mismo paralelo, en Marruecos, las temperaturas han llegado a 47°C.

Yihad y energía solar

En algún año entre 2070 y 2100, la temperatura en gran parte del Golfo puede llegar a tal punto que pasar más de seis horas en la calle sea intolerable incluso para los físicamente más preparados, predice al Dr. Elfatih Eltahir, profesor de clima en el Massachusetts Institute of Technology. Incluso la peregrinación al aire libre de la Meca podría llegar a ser peligrosa. "Esto sólo es la punta del iceberg", remacha.

Los estados más ricos pueden pagar entornos artificiales para aislarse del calor. En Kuwait, que esta semana ha registrado máximas como las de Basora, los centros comerciales ponen tan bajo el aire acondicionado que ya hay chistes que contrastan la extrema temperatura de la calle con "el verano más fresco del planeta" de los comercios.

A medida que aumentan los costes del cambio climático, también lo hace la conciencia. En su plan para transformar su país en el 2030, el príncipe de Arabia Saudí, Muhammad bin Salman, tiene como objetivo generar 9,5 gigavatios de energía renovable. La Liga Árabe ha creado un comité intergubernamental para examinar el cambio climático. Incluso los yihadistas de Siria se han apuntado. En un vídeo reciente, Jabhat al-Nusra, hasta ahora una filial de Al-Qaeda, alababa los beneficios de los paneles solares –aunque, en realidad, el mundo sería mejor si su organización no existiera.

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