La Guardia Costanera de los Estados Unidos ha interceptado este viernes un nuevo petrolero vinculado al transporte de crudo venezolano bajo sanciones internacionales, en una operación que confirma el endurecimiento de la estrategia marítima de Washington. Se trata del buque Olina, la quinta embarcación abordada en las últimas semanas, según ha avanzado The Wall Street Journal, en el marco de una campaña sostenida para controlar los flujos de petróleo procedentes de Venezuela.

El Olina, que anteriormente operaba con el nombre de Minerva M, ya había sido sancionado por los Estados Unidos por haber transportado combustible hacia Rusia. En el momento de su intercepción, navegaba bajo bandera de Timor Oriental, una práctica habitual entre buques que intentan esquivar las sanciones mediante registros de conveniencia. Según datos de tráfico marítimo, la última posición transmitida por el buque se registró a mediados de noviembre, cerca de la costa venezolana.

Los analistas alertan de que esta nueva acción puede incrementar la tensión con Moscú, especialmente después de que interceptaran el Bella 1, un petrolero que navegaba con bandera rusa y escolta naval, y que fue abordado en aguas del Atlántico Norte, entre Escocia e Islandia. Moscú calificó aquel episodio de provocación, mientras que Washington lo defendió como una aplicación legítima de las sanciones vigentes.

Estados Unidos considera que el Olina forma parte de la llamada “flota fantasma” del régimen venezolano: una red de embarcaciones que operan con identidades cambiantes, sistemas de localización apagados y documentación opaca para transportar petróleo sancionado. Según fuentes estadounidenses, esta flota podría estar integrada por cerca de un millar de buques y sería clave para sostener las exportaciones de crudo del país sudamericano a pesar de las restricciones internacionales.

La interceptación, una herramienta de Trump

La intercepción de petroleros se ha convertido en una herramienta central de la política exterior de la administración Trump para presionar al gobierno interino venezolano. Tanto el presidente como el secretario de Estado, Marco Rubio, han defendido que el bloqueo marítimo debería permitir redirigir hasta 50 millones de barriles hacia los Estados Unidos. Según la Casa Blanca, esta operación beneficiaría tanto a la economía norteamericana como a la población venezolana, una afirmación que ha generado controversia entre expertos y organismos internacionales.

Trump ha asegurado, además, que el gobierno provisional liderado por Delcy Rodríguez –hasta hace poco, mano derecha de Nicolás Maduro– apoya estas actuaciones. Maduro, según fuentes norteamericanas, se encuentra actualmente encarcelado en Brooklyn tras una operación de fuerzas especiales de los Estados Unidos, un extremo que ha sacudido aún más el escenario geopolítico regional.

Con la captura del Olina, ya son tres los buques interceptados esta semana. Los expertos señalan que cerca del 70% del petróleo venezolano dependía de buques sancionados para intentar mantener viva su industria petrolera. La presión marítima de Washington apunta ahora a desmantelar definitivamente esta red, a pesar del riesgo de escalada diplomática con actores como Rusia.