El gobierno de Rumanía ha caído este martes después de que el Parlament aprobara una moción de censura impulsada por los socialdemócratas y secundada por fuerzas de ultraderecha. El primer ministro conservador, Ilie Bolojan, se mantendrá en funciones hasta la formación de un nuevo ejecutivo, en un escenario marcado por la incertidumbre política y económica. La moción ha salido adelante con 281 votos, muy por encima de los 233 necesarios, gracias a la alianza entre el Partido Social Demócrata (PSD) y diversas formaciones ultranacionalistas. Entre estas, la Alianza para la Unión de los Rumanos (AUR), segunda fuerza del Parlament, así como SOS y el Partido de los Jóvenes (POT). El líder del PSD, Sorin Grindeanu, ha justificado el apoyo a la iniciativa asegurando: “Deseo que continuemos con esta coalición, hacer cosas realmente buenas por los rumanos. Durante 10 meses no se gobierna como se debería. Es nuestro deber dejar de lado el orgullo partidario y encontrar una buena solución para Rumanía”. 

La ruptura llega después de meses de tensiones dentro del ejecutivo y de la aplicación de duras medidas de ajuste para reducir el déficit público, el más elevado de la Unión Europea. Estas políticas, que incluyen subidas de impuestos y la congelación salarial en el sector público, han impactado en el crecimiento económico y han disparado la inflación hasta cerca del 10%. En su defensa, Bolojan ha afirmado: “Hace 10 meses, llegué en una situación difícil para hacer aquello correcto, no aquello que es popular, sino aquello necesario. No lo provoqué, lo encontré y no pude esconderlo”. También ha defendido las reformas asegurando que “la Comisión Europea validó esta trayectoria”.

¿Y ahora ¿qué?

Con la caída del gobierno, el presidente rumano, Nicușor Dan, tendrá que abrir consultas con los partidos para proponer un nuevo candidato a primer ministro. Este dispondrá de diez días para obtener la confianza parlamentaria. Si no lo consigue, el país podría encaminarse hacia nuevas elecciones legislativas. La crisis política también genera preocupación en el ámbito económico, ya que los mercados temen que la inestabilidad afecte el compromiso de Rumanía con la reducción del déficit y ponga en riesgo el acceso a los fondos europeos. De hecho, la moneda nacional, el leu, ya ha caído a mínimos históricos ante el euro antes de la votación.

En este contexto, el presidente ha querido enviar un mensaje de calma y ha reafirmado el rumbo proeuropeo del país: “Todas las opciones que tengo en mente, ya sean mayoritarias o minoritarias, en términos de la composición del gobierno, se basan en el apoyo mayoritario de los partidos prooccidentales”. La situación llega en un momento delicado, un año después de unas elecciones presidenciales marcadas por la polémica y el auge de la extrema derecha. Ahora, con los equilibrios parlamentarios rotos, Rumanía afronta una nueva etapa de incertidumbre política con consecuencias aún imprevisibles.