La histórica visita de Donald Trump a China solo ha tenido una duración prevista de 48 horas, pero más allá del impacto geopolítico y económico del encuentro de los líderes de las principales potencias del mundo —que han abordado temas que afectan la estabilidad global como el comercio, los aranceles, la tecnología, la inteligencia artificial, Taiwán, la seguridad regional o el conflicto en Oriente Medio—, la visita ha estado cargada de ceremonial, simbolismo y anécdotas que han impresionado al presidente estadounidense. A Trump le encanta la pompa y las escenografías grandilocuentes porque transmiten poder y control a primera vista. El teatro político calculado, los grandes gestos, ayudan a centrar la atención mediática, simplifican el mensaje y crean momentos virales que su equipo explota en redes y prensa. Y China ha demostrado que conoce muy bien a Trump, su personalidad, y que es fácilmente impresionable; por eso ha cuidado hasta el extremo cada escenografía y han incluido toda una serie de ceremonias muy vistosas, actividades culturales, visitas a lugares secretos y mensajes cargados de intención.
Recibimiento con simbolismo
Desde el primer momento en el que pisó suelo chino, Trump se encontró con un recibimiento de máximos honores encabezado por el vicepresidente Han Zheng, sin la presencia del presidente Xi Jinping, pero cargado de simbolismo: una banda militar, la guardia de honor del Ejército de Liberación Popular presentando armas, unos 300 niños y niñas entusiasmados con banderas de los dos países, una alfombra roja hasta una limusina Cadillac y también se hizo viral el vídeo de un soldado impertérrito mientras el Air Force One pasaba a pocos metros de distancia. Trump no ha viajado esta vez acompañado de su mujer Melania, que sí lo hizo en el primer viaje oficial de Trump a China, celebrado en noviembre de 2017, cuando el presidente estadounidense ya compartió con la primera dama y con Xi Jinping y su mujer, la soprano Peng Liyuan, varios actos, incluida una visita por la Ciudad Prohibida. Esta vez, el presidente ha estado acompañado por su hijo Eric Trump y su nuera, Lara Trump. Trump y la comitiva han estado alojados en el hotel Four Seasons, cercano a la Embajada de Estados Unidos, rodeado con un especial dispositivo de seguridad. La llegada se produjo en una inusualmente calurosa jornada en la capital china, donde los termómetros llegaron hasta los 34 grados, una temperatura poco común para mediados de mayo.
El vídeo panorámico de Elon Musk
El mandatario estadounidense también ha estado acompañado de varios altos ejecutivos del sector tecnológico y de la gran industria, como Elon Musk, fundador de Tesla y SpaceX, que ha sido también una de las grandes atracciones de los chinos; Tim Cook, consejero delegado de Apple; y Jensen Huang, máximo responsable de NVIDIA. También formaban parte de la delegación Cristiano Amon, director ejecutivo de Qualcomm; Sanjay Mehrotra, máximo responsable de Micron; y Dina Powell, representante vinculada a Meta, así como directivos de Mastercard y Visa relacionados con el sector de los pagos y las finanzas digitales. La comitiva incluía igualmente figuras destacadas del mundo financiero y de la inversión, como Larry Fink y David Solomon, además de responsables de grandes empresas aeroespaciales e industriales como Boeing o GE Aerospace. El objetivo del viaje era combinar la presión comercial con propuestas de inversión y cooperación tecnológica. Musk también protagonizó un momento viral en las redes cuando, teléfono en mano, grabó un vídeo panorámico del edificio del Gran Salón del Pueblo, en la plaza Tiananmen de Pekín. Mientras el resto de ejecutivos mantenía posturas formales en las escaleras exteriores, antes de la ceremonia oficial de bienvenida entre Trump y Xi Jinping, Musk daba 360 grados para grabar la espectacularidad del edificio.
Una cena de Estado muy protocolaria
Además de los encuentros bilaterales con los altos ejecutivos que viajaron con la delegación y sus homólogos chinos para abordar inversiones y posibles contratos, el primer día terminó con una cena de estado, un banquete oficial que fue el acto protocolario más destacado y simbólico de la visita. Se celebró en el Gran Salón del Pueblo —con sus características paredes de paneles dorados y columnas rojas con ornamentos dorados, muy al estilo Trump— y siguió inmediatamente a la sesión de trabajo de dos horas, a la ceremonia de bienvenida en Tiananmen con salva de 21 cañonazos y el himno nacional de Estados Unidos, interpretado por una banda militar, y una visita cultural al Templo del Cielo. La cena estuvo cargada de simbolismo, incluyó guardia de honor, himnos, discursos oficiales y platos de la tradición Huaiyang —considerada una de las grandes tradiciones de la alta cocina diplomática china—, con varias entradas y platos regionales refinados en un menú pensado para combinar simbolismo cultural y hospitalidad institucional, pero también con algunos platos para adaptarse más a los gustos occidentales y, especialmente, a las preferencias de Trump: costillas de ternera crujientes, pato asado al estilo de Pekín, fideos de trigo con salsa de soja fermentada, langosta con sopa de tomate, salmón con salsa de mostaza, panecillos de cerdo a la plancha y de postre, tiramisú, fruta y helado, uno de los postres favoritos y más conocidos de Trump. En las redes se comentó que Trump, que no bebe alcohol, brindó y bebió de una copa que supuestamente contenía una bebida alcohólica, como gesto de respeto a Xi Jinping. ¡La cara después de beber paga…!
La trampa de Tucídides
Entre las muchas cosas que han dicho Trump y Xi Jinping durante esta visita, hay una que despertó la curiosidad de los analistas. "China y Estados Unidos deben superar la trampa de Tucídides", evocó el presidente chino en los discursos que precedieron a la reunión que las delegaciones mantuvieron en privado en el Palacio del Pueblo, en el marco de la cumbre bilateral marcada por las disputas comerciales, la competencia tecnológica y el aumento de la tensión en torno a Taiwán. Un concepto histórico que expresa los temores a un conflicto entre las dos mayores potencias del planeta. La llamada trampa de Tucídides es una teoría que intenta explicar por qué a menudo las grandes potencias acaban enfrentándose cuando una nueva potencia empieza a crecer y amenaza el liderazgo de la dominante. El concepto proviene del historiador griego Tucídides, que relató la Guerra del Peloponeso entre Atenas y Esparta hace unos 2.500 años. Según él, el miedo de Esparta ante el ascenso de Atenas hizo inevitable la guerra. Hoy, muchos analistas comparan aquella situación con la rivalidad entre China y Estados Unidos: China sería la potencia emergente y EE. UU. la potencia dominante. Xi Jinping recuperó esta idea para lanzar un mensaje claro: ambos países deben evitar caer en este patrón histórico que tantas veces ha acabado en conflicto. La historia sirve como advertencia, no como un destino inevitable. Por eso, el hecho de que Xi mencionara la "trampa de Tucídides" ante Trump se interpreta como una llamada a evitar que la actual rivalidad entre China y Estados Unidos desemboque en un conflicto militar, especialmente en un momento marcado por fuertes tensiones comerciales, tecnológicas y geopolíticas.
La visita al jardín secreto
Una vez terminadas las reuniones sobre comercio, Taiwán e Irán, Xi Jinping quiso cerrar la cumbre con Donald Trump con una visita más simbólica. El presidente chino acompañó al mandatario estadounidense en un paseo por los jardines y los árboles centenarios de Zhongnanhai, el recinto fortificado del poder político chino situado en el centro de Pekín. El espacio, que en el pasado había formado parte de los jardines imperiales, es hoy la sede del Partido Comunista Chino y del Consejo de Estado, el principal órgano ejecutivo del país. El complejo se encuentra muy cerca de la Ciudad Prohibida y de la plaza de Tiananmen, dos de los lugares más representativos de la capital china. Un micrófono abierto captó parte de la conversación entre los dos dirigentes durante la visita, en la que Donald Trump se mostraba sorprendido por la antigüedad de algunos de los árboles del recinto. "Déjenme decirles que todos los árboles de este lado tienen entre 200 y 300 años", explicaba Xi Jinping a través de un intérprete mientras señalaba varios troncos monumentales. "Allí hay algunos que superan los 400 años". Trump, curioso, reaccionó preguntando: "¿Viven tanto tiempo?" Xi continuó: "En otras zonas también hay árboles con más de mil años de historia". El presidente estadounidense también quiso saber si otros líderes internacionales habían sido recibidos en aquel complejo. "Muy pocas veces", respondió Xi. "Al principio no celebrábamos actos diplomáticos y, incluso después de empezar a organizar algunos, sigue siendo muy excepcional. Por ejemplo, Putin ha estado allí".
