Un terremoto de magnitud 7,5 ha sacudido este lunes el este de Japón, con el epicentro en el océano Pacífico, frente a la costa de Sanriku y a una profundidad de diez kilómetros. Las autoridades niponas han activado la alerta por tsunami, según informa la Agencia Meteorológica de Japón. Se esperan olas de hasta tres metros de altura en la prefectura de Iwate —al noreste de la isla principal, Honshu—, en la de Fukushima —costa central— y en partes de Hokkaido —la más septentrional de las grandes islas del país—. Por ahora se desconoce si se han producido daños a causa del terremoto, pero las autoridades han pedido a la población de las zonas afectadas que evacúe hacia lugares seguros. El gobierno japonés ha desplegado un equipo de emergencias para dar "todo el apoyo necesario", según ha explicado la primera ministra, Sanae Takaichi, en un comunicado.

El servicio de tren bala se ha suspendido en el norte de la isla principal, Honshu. También se han podido ver en la televisión pública del país, la NHK, barcos saliendo de algunos puertos como el de Hachinohe, en Hokkaido, para apartarse ante la previsión de grandes oleadas. Algunos testigos han explicado a los medios locales que han podido ver muros de hormigón derrumbados.

Japón se encuentra sobre el llamado Anillo de Fuego del Pacífico, una de las zonas sísmicas más activas del mundo, y sufre terremotos con relativa frecuencia, por lo cual sus infraestructuras están especialmente diseñadas para soportarlos. Sin embargo, la memoria colectiva japonesa y del mundo entero retiene con angustia los estragos del terremoto y tsunami que sufrió el país en 2011. En aquel caso, sin embargo, fue un terremoto de magnitud 9,1 también frente a la costa este de la isla de Honshu. Sacudió el país de manera violenta durante seis minutos, siendo el más potente registrado en Japón hasta ahora, y vino acompañado de un tsunami y del accidente nuclear en la central de Fukushima. El recuento final de muertos ascendió a más de 15.800 a lo largo de dieciocho prefecturas.

La realidad es que las alertas de tsunami son habituales en el país. La última ocasión fue el diciembre pasado, cuando hubo un terremoto de magnitud similar, de 7,6. Como medida de seguridad, se activó la alerta por olas de hasta tres metros de altura y se suspendieron las actividades portuarias en varias localidades costeras. Precisamente la ciudad de Hachinohe resultó especialmente afectada. Allí, varias personas quedaron heridas en un hotel. Antes, en julio, saltaron todas las alarmas por un fuerte terremoto de magnitud 8,8 registrado en la península rusa de Kamchatka. La amenaza de un tsunami con olas de hasta tres metros obligó a las autoridades a evacuar a cerca de dos millones de personas, que fueron trasladadas a refugios temporales habilitados para hacer frente a situaciones de riesgo.