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Contar con un tesoro cultural y arquitectónico como el Hotel España y la Fonda España es todo un orgullo para Barcelona. Cumpliendo los ciento setenta y cinco años de historia, este edificio albergó en sus inicios unos baños públicos y unas viviendas de alquiler. La inclusión de la oferta de comidas caseras es lo que derivó en que se conociera como Fonda España, en contraposición con la denominación "hotel", que refería a unos servicios y alojamientos más elegantes, siguiendo el modelo francés. En ocasión de la Exposición Universal de 1888, se reforma para entrar dentro de la categoría de hotel, cambiando el nombre a Hotel España, pero el auténtico salto adelante, que crea los fundamentos del icono del Raval que es hoy en día, fue el encargo de su reforma al arquitecto Lluís Domènech i Montaner.

La gilda de la Fonda España. / Foto: Marta Garreta

Entre 1901 y 1903 se lleva a cabo el replanteamiento de uso del edificio para postularse como un Grand Hotel. Los establecimientos conocidos como tales estaban enfocados a dar cobertura a las necesidades de una clase alta que planteaba largas estancias: incorporaban restaurante, tiendas y disponían de salones para reuniones sociales, bailes y tertulias. Por supuesto, incorporaban los avances tecnológicos más modernos, como un ascensor, electricidad, calefacción o agua corriente en las habitaciones. El arquitecto dotó al Hotel España de esta modernidad que deslumbraba, con un conjunto decorativo y escultórico que todavía ahora se puede disfrutar: desde la chimenea escultura en mármol de Eusebi Arnau en el Salón de las Sirenas, concebido como una pecera donde sumergirse con imágenes y luz cenital en un mundo romántico, plagado de sirenas, olas y elementos patrióticos. La reforma actual, que ha devuelto esplendor a este edificio desde la rehabilitación y el respeto, ha mantenido más detalles de la época modernista, como los mensajes ocultos en el patio interior, los mosaicos en la escalera, el artesonado de los techos o el magnífico comedor que acoge al restaurante.

El restaurante, de hecho, está liderado por el reconocido chef Martín Berasategui desde 2011. Con Edu Rodas al frente de la cocina, Fonda España es un excelente ejercicio de reflexión gastronómica

La brandada de bacalao de la Fonda España. / Foto: Marta Garreta

El restaurante, de hecho, está liderado por el reconocido chef Martín Berasategui desde 2011. Con Edu Rodas al frente de la cocina, Fonda España es un excelente ejercicio de reflexión gastronómica. En otras palabras, en su carta han sabido reflejar con equilibrio una cocina actual, con platos estrella de Martín (como la cocotxa al pil-pil y salsa verde con mejillones Bouchot) de todos los tiempos, platos tradicionales (como la brandada de bacalao con olivada negra y crujiente de pan) y revisiones más de tendencia (como la gilda, con anchoa de L'Escala, oliva Manzanilla, piparra y pepinillo encurtido). Una oferta gastronómica para que el local disfrute desde la autenticidad y el visitante de otros países conozca un poco más nuestra cultura en la cocina.

Las famosas cocochas de Berasategui, en la Fonda España. / Foto: Marta Garreta

Rodas firma estos platos más cercanos a la gastronomía catalana de corte más tradicional, apostando por los productos de proximidad en temporada. Al ser un integrante del equipo de Berasategui de hace años, ejecuta una cocina de autor impecable, con detalles que rinden homenaje al pasado fondista, como el menú mediodía (45 €) disponible los miércoles, jueves y viernes que no sean festivos, para comer, que incluye bebida y postre. Hay más opciones: carta (que ronda un tique medio de 75 €) y menú degustación, llamado 'Modernista', conformado por 8 platos por 95 €, sin incluir bebidas.

El arroz de verduras y carne de la Fonda España. / Foto: Marta Garreta

El maridaje es opcional y, en esta ocasión, recomendable. La sumiller Elisa Colombano gestiona una carta donde el 80% de las referencias son catalanas, con preeminencia de Terra Alta y Priorat. Lo complementa con vinos de toda la península y referencias destacadas de otros lugares. Destacable la amplia selección de vinos a copas, entre 35 y 40 botellas que se abren en criterio de rotación. Unos vinos pensados para acompañar platos de auténtico disfrute, como un salmorejo con tartar de atún (begonia, huevas de trucha y salicornia) o un arroz de montaña impecable de verduras con papada de cerdo y rebozuelos. Y una experiencia medida y bien ejecutada que valora el escenario en el que se vive: un trozo de la historia de nuestra ciudad.