Ir a comer frente al mar siempre suma puntos, pero hay lugares donde, además, todo acompaña para que la experiencia sea redonda. Es el caso de Blau de Mar, en Arenys de Mar, un restaurante situado en una antigua casa indiana de principios del siglo XX, literalmente en primera línea de mar. Un espacio con encanto, dividido en diferentes ambientes: un patio precioso con lucecitas —de aquellos que en verano se convierten en escenario de cenas largas y románticas—, una planta baja acogedora y un primer piso con vistas abiertas. Incluso disponen de una terraza superior que, si la reservas para grupos, es un auténtico lujo.

La propuesta gastronómica se mueve dentro de la cocina mediterránea con producto de proximidad, con este espíritu slow food que cada vez se valora más. Y aquí tiene todo el sentido: estás en Arenys de Mar, con pescado fresco a tocar, y se nota. Además, tienen un menú de mediodía por unos 23 euros muy completo y con platos que ya dan ganas de quedarse, porque el lugar es tan agradable que incluso una comida entre semana puede tener ese punto especial que te cambia el día. Nosotros, sin embargo, veníamos con una idea clara: probar el arroz. Y antes, abrir apetito como es debido.

Empezamos con un vino blanco de la DO Alella, Can Matons, una elección muy acertada y también una pequeña reivindicación: una denominación a menudo olvidada, pero que da vinos frescos, elegantes y perfectos para maridar con cocina marinera.

Calamares de Arenys

Producto top: la gamba y el calamar de Arenys

El primer entrante es una declaración de intenciones: carpaccio de gamba blanca de Arenys con aceite de sus cabezas. Aquí hay poco que esconder: producto excelente y punto. La gamba de Arenys es conocida por su dulzor y textura fina, y en este caso se presenta cruda, delicada, casi mantecosa en boca. El aceite de las cabezas le aporta intensidad y aquel sabor a mar más profundo. Fresco, elegante y absolutamente adictivo. De aquellos platos que repetirías sin pensártelo.

Gamba de Arenys

Continuamos con el otro gran protagonista de la zona: el calamar. Calamares de Arenys a la andaluza con mayonesa de chile ahumado. Hacer fritos con producto tan bueno siempre tiene riesgo, porque puedes cargarte el sabor. Aquí pasa todo lo contrario: rebozado finísimo, nada pesado, y un calamar tierno y sabroso que se nota fresquísimo. La mayonesa de chile ahumado le pone el punto canalla y hace que no puedas parar. Fácilmente, de los mejores calamares a la andaluza que he comido. Cerramos entrantes con unas mini bravas de la casa, ideales para compartir, con alioli suave y pimentón de la Vera. 

Arroz para volver a ello

La carta de arroces es amplia y bien pensada, con opciones para todos los gustos: desde el arroz negro de calamar con cremoso de aguacate, pasando por el clásico marinero con gamba roja, hasta propuestas más contundentes como el de pato con foie o el de montaña con costilla y butifarra. También hay opciones veganas y fideuá con gambitas de Arenys.

Nosotros optamos por el arroz de magret de pato, foie y trompetas de la muerte. El plato llega con el foie fresco en dados por encima, que se funde con el calor del arroz y crea una textura cremosa brutal. El grano está perfecto, suelto, sabroso, pero sin ser excesivamente intenso —de esos arroces que te dejan disfrutar sin hacerte una tarde pesada.

Arroz de magret, foie y trompetas de la muerte

El magret, cortado en láminas por encima, está al punto: tierno, jugoso, sin aquella dureza que a veces puede tener si se pasa de cocción. Y las trompetas de la muerte —una seta de sabor profundo y ligeramente ahumado— aportan un toque de bosque que liga muy bien con el conjunto. 

Final ligero (que se agradece)

A pesar de estar bien llenos —porque ya se sabe que el arroz hace la barriga grande—, siempre queda espacio para un postre. Elegimos un milhojas de mascarpone y pistachos, ligero, con un hojaldre crujiente y una crema nada empalagosa. Dulce justo, textura agradable y perfecto para terminar sin sensación de pesadez.

Blau de Mar es de esos lugares que lo tienen todo: producto, ubicación y ambiente. Un restaurante precioso, con un trato excelente y una propuesta honesta que valora el territorio. Ideal tanto para una comida con vistas como para una cena de verano que se alarga sin mirar el reloj.