En el distrito de Sarrià-Sant Gervasi encontramos el Bar Sant Josep, con casi veinte años picando piedra y dándolo todo en el barrio del Putxet i el Farró. Para ser exactos, el 1 de julio de este año, Pepo y Montse celebrarán diecinueve años al pie del cañón contentos de cómo van las cosas, a pesar de que el barrio ha cambiado mucho. Me explican que cuando abrieron, la mayoría de los clientes eran nacidos en el barrio y los visitaban habitualmente; ahora, sin embargo, continúan teniendo parroquianos que son vecinos, pero otros son trabajadores que están por la zona, incondicionales que vienen de otros barrios para probar sus desayunos de tenedor, y transeúntes que entran por casualidad.

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Bar Sant Josep / Víctor Antich

El local hace esquina con las calles Saragossa y Sant Eusebi, y podríamos afirmar que es un bar de los de toda la vida, donde la conversación y el ambiente familiar se mezclan con una cocina a fuego lento que no se detiene, motivo por el cual hoy estoy aquí tenedor en mano a punto para desayunar. Este barrio está bien surtido de lugares emblemáticos; precisamente está muy cerca de la centenaria Bodega Josefa y la Bodega Pàdua, que este año ha celebrado sus setenta y cinco años dando guerra y que, junto con el bar Sant Josep, forman un triunvirato irresistible.

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Montse en la cocina del bar Sant Josep / Foto: Víctor Antich

Pepo y Montse suben de lunes a viernes la persiana y encienden los fogones de la cocina para ir cociendo a fuego lento y poco a poco los platos tradicionales, normalmente de un día para otro, pues todos sabemos que este tipo de platos están más buenos al día siguiente de haberlos cocinado. Sus desayunos tienen mucha fama en el barrio y también fuera de él, porque mira por dónde hoy me entero de que mi amigo Jonatan, de Esmorzars de Forquilla, leridano de pura cepa, lo visita a menudo, y Pepo, por su parte, le ha devuelto la visita por la fiesta del caracol, donde Jonatan, así entre nosotros, es la máxima autoridad.

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Fricandó. Bar Sant Josep / Foto: Víctor Antich

La pareja empieza a trabajar cuando despunta el día repartiéndose el trabajo de la cocina, pero a medida que avanza la jornada, Pepo está más de cara al cliente y Montse se hace cargo ella sola de la cocina. Vale mucho la pena verla cocinar. El producto lo traen diariamente del mercado de Sant Ildefons de Cornellà, donde han comprado toda la vida y donde los tenderos los conocen bien, porque viven muy cerca. Actualmente abren de lunes a viernes, porque cuando abrían los sábados no les daba la vida, y ahora por suerte libran el fin de semana, mientras que los días laborables se centran en los desayunos de tenedor y los menús de mediodía, y cierran por la tarde cuando abandona el local el último cliente de la comida.

En el Bar Sant Josep la gente viene a pasarlo bien degustando sus desayunos de tenedor o su menú de mediodía bueno, abundante y económico 

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Jarrete de ternera. Bar Sant Josep / Foto: Víctor Antich

En la pared veo escrita la lista de bocadillos del día, que son los típicos para este tipo de establecimiento, pero, como quien no quiere la cosa, me tomo la licencia de acercarme a la cocina para abrir las cazuelas que humean y ver el festival que están preparando, con el permiso de Montse, claro. Así, veo cómo hacen chup-chup cazuelas llenas de codillo, carrillera de cerdo, callos de ternera y fricandó, además de unas albóndigas que tienen una pinta increíble, pero que no se pueden tocar, me dice Montse, hasta la hora de comer. Porque en el Bar Sant Josep la gente viene a pasarlo bien; tienen un menú de mediodía bueno, abundante y económico. Hoy, por ejemplo, ofrecen empanadillas de atún, judías estofadas, macarrones y ensalada verde de primer plato, y fricandó, albóndigas y pescado rebozado de segundo. El presidente Laporta podría pasarse un día por aquí para así probar los macarrones, y os aseguro que no quedaría decepcionado, sino más bien al contrario.

Mientras devoro el fricandó con aquella fe —que, por otro lado, encuentro muy bueno—, entra una pareja joven o una joven pareja que a primera vista parece que se han equivocado de local, pero compruebo que no, que saben muy bien dónde están, porque una vez sentados a la mesa, piden un jarrete de ternera y una tortilla de patatas que se ventilan junto con dos cervezas casi sin respirar. ¡Buen provecho!