En el corazón de Mura, uno de los pueblos con más encanto del Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac, hay restaurantes que explican mucho más que una carta. Hablan de un territorio, de una familia y de una manera de entender la cocina. Cal Carter es precisamente eso: una casa de comidas con historia que, desde 1964, mantiene viva una cocina catalana arraigada al producto y al paisaje que lo rodea. Mura es conocido por muchos como el pueblo de los tions, pero también es uno de esos rincones donde el tiempo parece caminar más despacio. Calles empedradas, plazas pequeñas e iglesias de piedra que invitan a pasear sin prisa. En este escenario medieval, Cal Carter se ha convertido en una parada casi obligada para quienes buscan una experiencia gastronómica que conecte con el territorio.

Interior del restaurante Cal Carter. / Foto: Jordi Àvila
Interior del restaurante Cal Carter. / Foto: Jordi Àvila

Tres generaciones de cocina catalana

El restaurante está regentado por la familia Perich desde hace más de sesenta años. Tres generaciones que han sabido mantener los valores de los orígenes: hospitalidad, producto de calidad y una cocina que respeta la tradición. Hoy es la tercera generación quien toma el relevo. El cocinero Jordi Perich aporta una mirada actual a aquella herencia culinaria sin perder su esencia. El resultado es una cocina catalana contemporánea, refinada pero reconocible, donde cada elaboración busca potenciar el producto en su mejor momento. La temporalidad es uno de los pilares de la propuesta. En Cal Carter se trabaja con ingredientes de temporada, con elaboraciones selectas y respetuosas que permiten disfrutar del producto en su máximo esplendor. No hay artificios innecesarios: el protagonismo es para la materia prima.

A veces, los platos más humildes son los que mejor explican la sabiduría de una cocina

Croquetas de asado del restaurante Cal Carter. / Foto: Jordi Àvila
Croquetas de asado del restaurante Cal Carter. / Foto: Jordi Àvila

Producto de proximidad e identidad

En la mesa, la declaración de intenciones es clara desde el primer momento. El pan de payés del horno de Mura, servido con tomate de colgar y aceite de oliva virgen extra catalán, es aquel gesto sencillo que explica toda una filosofía: proximidad, calidad y respeto por la tradición. A partir de aquí, la cocina de Cal Carter despliega una carta que combina platos reconfortantes con elaboraciones más sofisticadas. Un buen ejemplo es el brioche con anchoa del Cantábrico Don Bocarte y mantequilla de trufa hecha en casa. La suavidad del brioche y la intensidad de la anchoa se combinan con una mantequilla aromática que anticipa uno de los grandes protagonistas de la cocina del restaurante: la trufa. También merecen mención las croquetas de asado de pollo, 100% caseras. Crujientes por fuera y cremosas por dentro, son un recordatorio de que, a veces, los platos más humildes son los que mejor explican la sabiduría de una cocina. La trufa vuelve a aparecer en uno de los platos más celebrados de la casa: los huevos fritos trufados con patatas, alcachofas, cebolla y panceta a baja temperatura. Un plato contundente y aromático que resume el placer de la cocina catalana de invierno.

Garbanzos pequeños del restaurante Cal Carter. / Foto: Jordi Àvila
Garbanzos del restaurante Cal Carter. / Foto: Jordi Àvila

La carta continúa con platos que combinan tradición y elegancia. Los garbancitos de Cal Carter con pato, foie-gras y trufa son un ejemplo claro: una legumbre humilde elevada con ingredientes nobles y una elaboración precisa. Entre los segundos, la brasa tiene un papel destacado. El solomillo de ternera a la brasa con salsa Perigourdine y trufa es una de aquellas recetas que hablan de producto y técnica. La carne, tierna y sabrosa, se combina con una salsa profunda y aromática que refuerza la presencia de la trufa. Para los amantes de la cocina clásica, hay una propuesta especialmente destacada: la liebre à la Royale. Este plato emblemático de la gran cocina francesa requiere tiempo, técnica y respeto por la tradición. En Cal Carter lo sirven con una elegancia que confirma el nivel gastronómico del restaurante.

En un momento en que la gastronomía a menudo busca sorprender con novedades constantes, Cal Carter recuerda que la autenticidad sigue siendo un valor esencial

Solomillo de ternera del restaurante Cal Carter. / Foto: Jordi Àvila
Solomillo de ternera del restaurante Cal Carter. / Foto: Jordi Àvila

La propuesta gastronómica no se entendería sin la bodega. Aquí también se respira la misma filosofía: calidad y proximidad. La carta de vinos incluye una representación destacada de la DO Pla de Bages, una denominación que en los últimos años ha ganado prestigio gracias a vinos con personalidad y arraigo al territorio. Además, encontraréis referencias fascinantes de todo el país, seleccionadas con criterio y sensibilidad por la sumiller Mireia Perich. El resultado es una bodega pensada para acompañar la cocina con coherencia y personalidad, donde cada botella cuenta también una historia de paisaje y de viticultura.

Elegancia en entorno rural

Una de las sorpresas de Cal Carter es su espacio. El restaurante ofrece una elegancia poco habitual en entornos rurales, con una combinación armónica de detalles rústicos y contemporáneos. El diseño interior, obra de la interiorista Sílvia Busquets, combina piedra, madera y líneas modernas para crear un ambiente cálido y sofisticado. El equilibrio entre tradición y modernidad refleja perfectamente la filosofía del restaurante. Esta atmósfera convierte el restaurante en un lugar ideal tanto para una escapada gastronómica como para celebrar ocasiones especiales.

Flan del restaurante Cal Carter. / Foto: Jordi Àvila
Flan del restaurante Cal Carter. / Foto: Jordi Àvila

Visitar Cal Carter es también una excusa perfecta para descubrir Mura. Antes o después de la comida, vale la pena perderse por las calles del pueblo, observar las fachadas de piedra y dejarse llevar por la tranquilidad que ofrece este rincón del parque natural. En un momento en que la gastronomía a menudo busca sorprender con novedades constantes, Cal Carter recuerda que la autenticidad sigue siendo un valor esencial. Tres generaciones después, la familia Perich mantiene vivo un proyecto que combina memoria, producto y sensibilidad contemporánea. Y quizás esta sea la clave de su éxito: una cocina que mira hacia el futuro sin olvidar nunca de dónde viene.