La cocina de montaña, con sus cazuelas y platos de caza; la de mar, con los suquets y los pescados a la brasa; o incluso la del delta del Ebro, con sus arroces exquisitos, son cocinas reconocidas y que nos apetece probar cuando viajamos. Pero hay comarcas que a menudo no tenemos en cuenta y no englobamos dentro de ninguno de estos tipos de cocina, y esto hace que nos perdamos una parte del país que ofrece una cocina de interior exquisita. Hoy vamos hasta el Solsonès para descubrir el restaurante El Solsonès, un local ubicado en un acogedor camping que prepara unos desayunos que no nos podíamos perder.
Abierto desde 1987, el restaurante El Solsonès celebrará 40 años el próximo año. Jordi es el chef y alma del local, el puntal del negocio familiar y la segunda generación al frente del restaurante, que fundó su madre Teresa. Un restaurante familiar en toda regla especializado en hacer cocina de proximidad y de temporada.

El local se ubica dentro de un camping grande y acogedor de la zona, con piscina, bungalows, glamping... unas instalaciones muy modernas. Todo ello en el entorno de la comarca de las 1000 masías: el Solsonès. Un lugar poco conocido de Catalunya, pero que esconde una gran belleza y una gastronomía sensacional. Con producto del territorio, como las setas o la carne, y la mano de un cocinero con sensibilidad por la cocina tradicional, en el restaurante El Solsonès se come excelente.

Empezamos este espectáculo de desayuno con uno de mis platos predilectos. Una de las joyas de mi tierra que aquí es la especialidad de la casa: los caracoles a la llauna. Seguimos con setas, en este caso, unos níscalos a la llauna y un revuelto de ceps.
Como un buen desayuno de tenedor pide siempre un buen postre, no nos podíamos perder el tradicionalísimo músico y el brownie de chocolate

Unas setas, todavía escasas, que son las primeras de la temporada. Seguimos con los platos fuertes de carne. Por un lado, el pato confitado, una receta poco habitual en cartas del país que aquí bordan de maravilla. El costillar a baja temperatura, un clásico tierno y meloso. Y finalmente la paletilla de cordero, la joya de la corona de los restaurantes de interior.

Y como un buen desayuno de tenedor pide siempre un buen postre, no podíamos perdernos el tradicionalísimo músico y el brownie de chocolate, una manera dulce de cerrar una comida excelente en un entorno de ensueño.