En tiempos de prisas, envases desechables y pastillas de encendido llenas de químicos, resulta casi poético volver a esos trucos de abuela que nunca fallan y que demuestran, una vez más, que la sabiduría doméstica tiene poco que envidiar a cualquier manual moderno. En la cuenta oficial de Instagram de @maximiliana.es, esta entrañable señora explica un método sorprendentemente simple y tremendamente eficaz para encender una barbacoa sin pastillas, sin malos olores y aprovechando restos que normalmente tiraríamos. Ella insiste en hacerlo con cuidado, sí, pero también recuerda que es un proceso fácil, económico y sostenible, perfecto para quienes quieren un fuego rápido y estable sin complicarse la vida ni llenar el entorno de productos industriales.
El truco de las abuelas para encender las barbacoas sin pastillas
El truco consiste en crear una especie de “pastilla casera” usando dos ingredientes que siempre tenemos en casa: azúcar y aceite, preferiblemente aceite usado, ese que ya no sirve para cocinar, pero que no sabemos muy bien dónde aprovechar. La mezcla es mágica. En un bol se combinan ambos hasta obtener una textura empapada y consistente, algo parecido a una masa granulada que absorbe perfectamente la grasa. Lo interesante es que esta unión, tan cotidiana y aparentemente inocente, se convierte en un encendedor potente y duradero, capaz de prender los troncos con fuerza y rapidez. Cuando se coloca sobre un trozo de cartón y se coloca bajo la leña, actúa igual que una pastilla comercial, pero con el encanto de lo casero y la satisfacción de estar reciclando aceite en lugar de tirarlo.

La razón por la que funciona tan bien es doble: por un lado, el aceite proporciona la combustión lenta y constante que necesita una barbacoa para arrancar; por otro, el azúcar actúa como acelerante natural, caramelizándose y creando calor suficiente para que la llama cobre vida. Es un método que muchas abuelas han utilizado durante generaciones y que ahora, gracias a las redes sociales, vuelve a popularizarse entre quienes buscan alternativas más respetuosas, más baratas y, por qué no, más ingeniosas. Además, evita el olor químico típico de las pastillas industriales, lo cual es un plus cuando se quiere disfrutar de una barbacoa con aroma auténtico.
Esta es la alternativa perfecta para quienes buscan opciones más respetuosas
Otro de los grandes beneficios es que este sistema no requiere habilidad especial ni herramientas adicionales: basta un bol, una cucharada generosa de azúcar, un chorrito de aceite reciclado y un trozo de cartón. En cuestión de segundos tienes lista tu “pastilla” hecha en casa y lista para colocar bajo los troncos. Y aunque Maximiliana insiste en hacerlo con precaución, también deja claro que es un procedimiento muy seguro si se maneja con la atención habitual que merece cualquier fuego.
Este truco demuestra que a veces las soluciones más eficaces son las más sencillas, las que vienen del pasado y las que aprovechan lo que ya tenemos. Un pequeño gesto que sirve para encender la barbacoa, ahorrar dinero y, al mismo tiempo, practicar una forma inteligente de reciclaje doméstico.