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El sofrito catalán es una de esas preparaciones que parecen sencillas, pero que separan un plato correcto de un plato con sabor a cocina de verdad. Cebolla, tomate, aceite, sal y paciencia. No parece mucho, pero de esta base dependen arroces, fideos, guisos, legumbres, albóndigas, fricandó o platos de pescado. El problema es que mucha gente lo hace con demasiada prisa. Y el sofrito, precisamente, no perdona las prisas a la hora de prepararlo. El sabor aparece cuando parece que ya no está pasando nada, cuando la cebolla se ha ido oscureciendo poco a poco y el tomate ha dejado atrás el agua para convertirse en una pasta densa y concentrada.

La base de un buen plato tradicional catalán siempre debe ser un sofrito de esos que se cuecen a fuego bajo y con tiempo y la paciencia que se merece

La cebolla necesita tiempo para transformarse

El primer error es pensar que la cebolla solo se tiene que cocer hasta que esté transparente. Esto puede servir para muchas recetas rápidas, pero no para un sofrito con profundidad. En un buen sofrito, la cebolla tiene que perder agua, ablandarse, volverse dulce y coger un color dorado intenso sin quemarse.

Ingredientes de un sofrito

Este proceso no pasa en cinco minutos. Hace falta fuego suave, aceite de oliva y remover de vez en cuando. Al principio parece que la cebolla no avance. Después empieza a reducirse, a pegarse un poco al fondo y a dejar un olor mucho más dulce. Es aquí donde mucha gente se cansa y añade el tomate demasiado pronto. Y este es el punto donde el sofrito pierde parte de su potencial.

Si el tomate entra antes de que la cebolla esté bien hecha, la acidez domina y la base queda más plana. En cambio, cuando la cebolla ya está confitada, el tomate encuentra una base dulce que equilibra todo el conjunto.

El tomate también tiene que reducir

Una vez añadido el tomate, tampoco hay que correr. El tomate tiene que perder agua, concentrar color y cambiar de textura. Al principio parece una salsa líquida, pero con el tiempo se vuelve más espeso y brillante. Una buena señal es cuando el aceite vuelve a aparecer ligeramente a los lados de la cazuela.

Este momento es importante porque significa que el sofrito ya no es solo cebolla y tomate cocidos, sino una base concentrada. A partir de aquí, cualquier ingrediente que añadas cogerá mucho más sabor. También conviene no cargarlo con demasiadas cosas. Una hoja de laurel, un poco de ajo o un punto de pimienta pueden ayudar, pero el protagonismo debe ser del tiempo. El sofrito catalán no necesita hacer ruido para estar trabajando. A menudo, cuando parece que no pasa nada, es cuando realmente se está construyendo el sabor.

Así pues, si quieres un sofrito con sabor de verdad, no mires solo el reloj. Mira el color, la textura y el olor. La cebolla debe confitarse, el tomate debe reducir y la cazuela debe hacer su trabajo sin prisa. El secreto no es añadir más ingredientes, sino esperar el momento exacto en que el sabor aparece.