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Preparar una buena tortilla de patatas no depende solo de encontrar el punto exacto del huevo o de conseguir unas patatas bien confitadas. Hay un último detalle que a menudo pasa desapercibido y que puede estropear parte del trabajo hecho: cortarla inmediatamente después de sacarla de la sartén. Cuando la tortilla todavía está muy caliente, su estructura interior no se ha acabado de asentar y, si le clavas el cuchillo demasiado pronto, es más fácil que pierda parte de la humedad que la hace jugosa. Dejarla reposar unos minutos antes de servirla es un gesto sencillo que puede marcar una diferencia considerable.

Es importante no tener demasiada prisa a la hora de cortar la tortilla

La tortilla necesita reposar antes de cortarla

Cuando sacamos la tortilla de la sartén, la cocción no se detiene de golpe. El calor acumulado en las patatas y en el huevo continúa actuando durante unos minutos, aunque ya no esté en contacto directo con el fuego. Es lo que se conoce habitualmente como calor residual, y hay que tenerlo en cuenta si queremos controlar bien el resultado final. Durante este pequeño reposo, el interior de la tortilla se va estabilizando. El huevo acaba de cuajar ligeramente y la humedad se redistribuye entre las patatas. Si la cortamos justo después de girarla y sacarla del fuego, esta estructura todavía es muy frágil y podemos ver cómo parte de los líquidos salen inmediatamente hacia el plato.

Tortilla de patatas. Foto: Freepik

Esto es especialmente importante cuando buscamos una tortilla jugosa, pero no completamente líquida. Un reposo de unos cinco minutos acostumbra a ser suficiente para que la tortilla conserve mejor su forma sin perder aquel interior tierno que la hace tan agradable. No hay que dejarla enfriar completamente: simplemente darle unos minutos antes de empezar a hacer las porciones.

El punto de cocción también se tiene que calcular pensando en el reposo

Precisamente porque la tortilla continúa cocinándose un poco después de salir de la sartén, también es recomendable retirarla del fuego ligeramente antes del punto que queremos obtener. Si esperamos que el interior esté completamente cuajado en la sartén, el calor residual puede acabar dejándolo más seco de lo que esperábamos. Para conseguir una tortilla melosa, las patatas también son fundamentales. Tienen que quedar tiernas y bien impregnadas de aceite antes de mezclarlas con el huevo. Después de freírlas o confitarlas, conviene escurrir el exceso de aceite, mezclarlas con el huevo batido y dejar que reposen unos minutos para que ambos ingredientes se integren.

Después llega el momento de la sartén: fuego suficiente para crear una capa exterior que mantenga la forma, pero sin alargar excesivamente la cocción. Una vez girada y acabada, pásala a un plato y resiste la tentación de cortarla inmediatamente. Estos pocos minutos de reposo permiten que la tortilla se asiente y que, al cortarla, el interior continúe tierno y jugoso. A veces, una tortilla seca no necesita más huevo ni menos tiempo de sartén: simplemente necesita que esperes cinco minutos antes de clavarle el cuchillo.