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Olvidarse de sacar la carne del congelador antes de preparar la comida o la cena es un clásico. Cuando pasa, esperar varias horas deja de ser una opción y empezamos a buscar cualquier manera de acelerar el proceso. Uno de los trucos que más sorprenden consiste simplemente en poner la carne congelada entre dos sartenes metálicas. Puede parecer uno de esos inventos virales sin mucho sentido, pero detrás hay una explicación física muy sencilla: el metal transmite la temperatura mucho mejor que el aire. En piezas finas, como un bistec, esto puede conseguir que en unos 25 o 30 minutos la carne pase de estar completamente congelada a ser mucho más fácil de cocinar.

Un truco que parece imposible, pero que funciona muy bien

Dos sartenes y media hora: el truco es así de sencillo

Para hacerlo solo necesitas dos sartenes, cacerolas o superficies metálicas planas. Coloca una de las sartenes boca abajo sobre la encimera y pon el bistec congelado encima de la base. A continuación, pon otra sartén encima, de manera que la carne quede atrapada entre las dos superficies metálicas.

No hay que calentar las sartenes. Precisamente la gracia está en aprovechar la temperatura ambiente y la gran conductividad del metal. Mientras una pieza de carne dejada simplemente en un plato recibe calor principalmente del aire que la rodea, la carne situada entre dos sartenes está en contacto directo con un material capaz de transmitir esa energía mucho más rápidamente.

Además, el proceso se produce por los dos lados a la vez. La superficie inferior transmite temperatura por debajo y la sartén superior hace exactamente lo mismo desde arriba. Esto explica que la diferencia respecto a dejar un bistec simplemente sobre la encimera pueda resultar muy visible después de media hora.

¿Por qué el metal consigue acelerar tanto el proceso?

El secreto no tiene nada que ver con generar calor, sino con transportarlo. Los metales son muy buenos conductores térmicos y transfieren energía con mucha más facilidad que el aire. La carne congelada absorbe esta energía y la temperatura de sus capas exteriores aumenta progresivamente, ayudando a que el hielo del interior empiece a fundirse.

El resultado dependerá mucho del grosor. Un bistec fino puede estar considerablemente descongelado al cabo de 25 o 30 minutos, mientras que una pieza gruesa, un pollo entero o un trozo grande de carne necesitarán mucho más tiempo. Una vez descongelada con un procedimiento rápido, conviene cocinarla inmediatamente y no volver a dejarla durante horas a temperatura ambiente.

El truco puede salvar una cena cuando nos hemos olvidado completamente del congelador, pero no debería convertirse en el sistema habitual de descongelación. Cuando tenemos tiempo, la mejor opción sigue siendo planificarlo y pasar la carne del congelador a la nevera con antelación. Pero para aquel día en que abres el congelador y descubres que el bistec sigue como una piedra, dos simples sartenes pueden marcar una diferencia sorprendente.