Cuando en casa sois muchos y toca preparar una comida que guste prácticamente a todo el mundo, hay recetas que funcionan mejor que otras. Unos buenos macarrones gratinados son un ejemplo perfecto: son sencillos, contundentes, se pueden preparar en una bandeja grande y admiten muchas variaciones según lo que tengas en la nevera. Esta versión combina un ragú de carne cocinado lentamente, tomate, un toque de leche para dar cremosidad y una capa final de mozzarella y parmesano gratinados. El resultado es un plato completo, intenso y especialmente útil cuando necesitas alimentar a muchas personas sin tener que preparar varias elaboraciones diferentes.
Unos macarrones ideales para hacer cenas en grupo
Un ragú sencillo pero con tiempo para que coja sabor
Para preparar una cantidad generosa necesitarás 500 g de cebolla morada, tres dientes de ajo, 1,5 kg de carne picada, que puede ser solo de ternera o una mezcla de ternera y cerdo, 1 kg de pulpa de tomate, 500 ml de leche y 1 kg de macarrones. También harán falta orégano, sal, pimienta negra, aceite de oliva virgen extra, mozzarella rallada y parmesano.
El primer paso es empezar el sofrito. Pon la cebolla cortada en una cazuela grande con un poco de aceite y cocínala a fuego moderado hasta que esté bien tierna y empiece a caramelizar. En este momento incorpora el ajo picado y déjalo cocer unos minutos más, vigilando que no se queme.
A continuación, incorpora la carne picada y sube el fuego. Es importante dejar que pierda toda el agua antes de continuar. Cuando el líquido se haya evaporado y la carne empiece a dorarse, añade la pulpa de tomate, el orégano, la sal y la pimienta negra. Baja el fuego y deja que el conjunto se cocine aproximadamente 45 minutos, para que todos los sabores se concentren. Pasado este tiempo, incorpora los 500 ml de leche. Este ingrediente ayudará a suavizar la acidez del tomate y dará al ragú una textura más cremosa. Rectifica de sal y especias si es necesario y déjalo cocer unos 15 minutos más.
Cocer menos la pasta es el secreto antes de gratinar
Mientras tanto, pon a hervir abundante agua con sal y cuece los macarrones dos o tres minutos menos de lo que indique el fabricante. No deben quedar completamente hechos porque después todavía pasarán por el horno. Reserva también un poco del agua de cocción, que te servirá para ajustar la textura de la salsa si queda demasiado espesa. Cuando la pasta esté lista, mézclala directamente con el ragú para que quede bien impregnada. Si es necesario, incorpora un poco del agua reservada hasta conseguir una salsa melosa que envuelva bien todos los macarrones.
Finalmente, pásalo todo a una bandeja apta para el horno, cubre la superficie con mozzarella rallada y parmesano y gratina hasta que el queso quede bien fundido, dorado y ligeramente crujiente. El resultado es una de esas recetas que difícilmente fallan: una gran bandeja de macarrones cremosa por dentro, gratinada por fuera y lo suficientemente contundente para servir una mesa llena. Además, el ragú se puede adaptar fácilmente con otras carnes, verduras o quesos, lo que convierte este plato en una solución especialmente práctica para las comidas familiares con mucha gente.
