La cúrcuma natural se ha convertido en uno de los ingredientes más comentados en los últimos años, y no es casualidad. Esta raíz de color amarillo intenso, muy utilizada en la cocina tradicional de Asia, destaca por su contenido en curcumina, un compuesto con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias que puede aportar beneficios interesantes cuando se integra de forma habitual en la alimentación. La clave no está en tomarla de manera puntual, sino en saber cómo incluir la cúrcuma en la dieta diaria para aprovechar todo su potencial sin complicaciones.
Incluye la cúrcuma en tu dieta de forma fácil
Una de las formas más sencillas de empezar es usarla como especia en platos cotidianos. La cúrcuma combina especialmente bien con arroces, legumbres, verduras salteadas, sopas y guisos. Añadir una pequeña cantidad al sofrito inicial o al caldo no solo aporta color y un sabor ligeramente terroso, sino que permite consumirla de forma regular, que es lo realmente importante. No hace falta usar grandes cantidades: con media cucharadita es suficiente para empezar a familiarizarse con su sabor.

Para mejorar la absorción de la curcumina, hay dos aliados imprescindibles: la pimienta negra y una grasa saludable. La pimienta contiene piperina, una sustancia que aumenta notablemente la biodisponibilidad de la curcumina, mientras que el aceite de oliva virgen extra, el aguacate o los frutos secos facilitan su asimilación al ser una sustancia liposoluble. Por eso, una buena idea es añadir cúrcuma y pimienta a cremas de verduras, aliños de ensalada o salteados con aceite de oliva.
La cúrcuma combina especialmente bien con arroces, legumbres, verduras salteadas, sopas y guisos
Otra opción muy popular es incorporarla en bebidas calientes, como infusiones o la conocida “leche dorada”. Basta con calentar una bebida vegetal o leche, añadir cúrcuma, una pizca de pimienta negra y, si se desea, canela o jengibre. Es una forma reconfortante de consumirla, especialmente en épocas frías, y puede integrarse fácilmente en la rutina nocturna.
En preparaciones frías también tiene su lugar. La cúrcuma puede añadirse a salsas, hummus, yogures naturales o vinagretas, siempre bien mezclada para que no resulte dominante. Combinada con yogur, mostaza, vinagre de manzana y hierbas aromáticas, se obtiene una salsa sencilla y muy versátil para ensaladas, verduras o platos de proteína.

Para quienes cocinan a diario, una buena estrategia es normalizar su uso como cualquier otra especia. Tenerla a mano y añadir una pizca a diferentes platos permite consumirla sin esfuerzo y sin caer en la monotonía. Además, al tratarse de cúrcuma natural, es preferible optar por productos de calidad y almacenarlos en un lugar fresco y seco para conservar mejor sus propiedades.
Incluir cúrcuma natural en la dieta no requiere recetas complicadas ni cambios drásticos. Con pequeños gestos, combinándola bien y usándola de forma constante, es posible aprovechar sus beneficios y enriquecer los platos diarios con un ingrediente tan antiguo como valioso.