Hay tendencias que nacen en la pasarela y otras que lo hacen en la mesa. El foodcore pertenece claramente a esta segunda categoría. Lo que empezó como un guiño divertido en redes sociales ha terminado por consolidarse como una corriente estética que mezcla gastronomía y moda, convirtiendo alimentos cotidianos en protagonistas de camisetas, accesorios y colecciones completas. En 2026, vestirse también puede ser una forma de expresar lo que nos gusta comer, en una época donde la gastronomía ha dejado de ser solo consumo para convertirse en una experiencia cultural y visual compartida.
La moda ‘foodcore’ convierte la comida en tendencia estética
El auge de esta tendencia no se entiende sin el papel de la gastronomía en los últimos años. Compartir recetas, descubrir nuevos locales o seguir a creadores de contenido culinario forma parte del día a día digital. A esto se suma la aparición de nuevos perfiles profesionales, desde estilistas culinarios hasta diseñadores de platos, que han contribuido a elevar el aspecto visual de la comida. En ese contexto, no sorprende que el salto hacia la moda haya sido natural, dando lugar a una estética con sentido del humor y fuerte carga emocional.

El foodcore se caracteriza por su capacidad de evocar momentos concretos. Los estampados más populares giran en torno a escenas reconocibles, como desayunos o aperitivos. Croissants, tazas de café, donuts o cupcakes aparecen en prendas con colores suaves y referencias a momentos de placer cotidiano. No es solo una cuestión estética: estos elementos conectan con sensaciones de calma, disfrute o desconexión, convirtiendo cada prenda en algo más que un simple objeto.
En 2026, vestirse también puede ser una forma de expresar lo que nos gusta comer
A medida que avanza el día, la inspiración cambia. El universo del aperitivo gana protagonismo con referencias que van desde encurtidos hasta bebidas icónicas, en composiciones que recuerdan a una barra de bar. Aquí, la paleta cromática se intensifica y apuesta por tonos más vivos, generando una identidad visual que mezcla tradición y modernidad. Entre todos los elementos, algunos ingredientes destacan especialmente, consolidándose como iconos dentro de esta tendencia por su fuerza estética y su reconocimiento inmediato.
El fenómeno no se limita a pequeñas marcas o propuestas independientes. Grandes firmas han entendido el potencial de esta conexión entre gastronomía y moda, dando lugar a colaboraciones inesperadas. Cafeterías y espacios gastronómicos han evolucionado hasta convertirse en marcas con identidad propia, lanzando colecciones de ropa y аксессorios que refuerzan su imagen. De esta manera, el café o el aperitivo dejan de ser solo momentos de consumo para transformarse en símbolos que también se llevan puestos.
En paralelo, bares y restaurantes han encontrado en el diseño textil una nueva vía de relación con sus clientes. Tote bags, camisetas o sudaderas con ilustraciones vinculadas a su propuesta gastronómica funcionan como recuerdo, pero también como herramienta de fidelización. Llevar una de estas prendas implica formar parte de algo, integrarse en una comunidad que comparte gustos y experiencias más allá del propio local.

Además, el acceso a herramientas de diseño y producción ha facilitado este proceso, permitiendo que cada vez más establecimientos apuesten por crear su propio universo visual sin grandes inversiones. Esto ha democratizado una tendencia que sigue creciendo y evolucionando.