Hay días que apetece preparar un postre casero sin llenar la cocina de utensilios ni pasar la tarde pendiente de la receta. Este pastel de queso encaja en este plan: la masa se prepara en un único bol, no necesita una base de galleta y se hornea directamente. La combinación de queso y yogures permite conseguir un interior cremoso y esponjoso, con una superficie dorada. Solo hay que reservar tiempo para que se enfríe antes de cortarlo.
Un postre ideal para hacer en casa sin demasiado esfuerzo
Tres yogures para conseguir una textura cremosa
Para prepararlo necesitas 450 gramos de queso crema, cuatro huevos grandes, 190 gramos de azúcar, 60 gramos de harina, dos yogures griegos y un yogur de limón. También un poco de mantequilla para untar el molde y papel de horno para cubrir la base. Son ingredientes fáciles de encontrar que se van incorporando progresivamente en el mismo recipiente, sin tener que preparar cremas separadas ni montar capas antes de cocerlo.
El queso crema tipo Philadelphia da un gusto más marcado y una textura con cuerpo, pero cremosa. Si prefieres un sabor más suave, puedes utilizar mascarpone, que aporta un acabado más sedoso. En cualquier caso, saca el queso de la nevera con un poco de antelación para que pierda frío y se integre fácilmente. Si está demasiado duro, costará deshacerlo con las varillas y pueden quedar pequeños grumos dentro de la masa.
Los yogures son el otro elemento que define esta versión, que se prepara sin nata. Los dos griegos aportan cremosidad y una acidez que equilibra el azúcar, mientras que el de limón incorpora un matiz cítrico discreto. El resultado tiene una textura diferente a la de los pasteles más densos: conserva un poco de esponjosidad y un corte cremoso que gana consistencia después de pasar unas horas en la nevera.
Una masa sencilla y un horno bien controlado
Empieza poniendo los huevos y el azúcar en un bol amplio. Bátelos con varillas eléctricas durante unos minutos, hasta que la mezcla se aclare y aumente de volumen. Incorpora el queso y continúa batiendo, ahora a menos velocidad. Añade los tres yogures y mezcla hasta que todo quede homogéneo. Finalmente, pasa la harina por un tamiz o un colador fino e intégrala suavemente, sin dejar grumos. Ya tienes la masa preparada para hornear.
Utiliza un molde circular de unos 24 centímetros, preferiblemente desmontable. Cubre la base con papel de horno, unta los laterales con mantequilla y vierte la preparación. Cuécela en el horno precalentado a 180 grados, con calor arriba y abajo, durante aproximadamente 50 minutos. Evita abrirlo antes de tiempo y comprueba el punto cuando la superficie esté dorada: un palillo en el centro debe salir limpio. El tiempo puede variar según el horno.
Cuando esté cocido, deja que pierda el calor inicial y luego guárdalo en la nevera durante al menos dos horas. Espera que se haya enfriado bien antes de desmoldarlo, porque caliente es más frágil y se puede deshacer cuando lo cortas. Si lo preparas el día antes, el reposo nocturno ayudará a asentar su textura. Al día siguiente tendrás un postre a punto para servir, con una costra fina y un interior cremoso.