Mantener un físico como el de Mario Casas no es fruto de una dieta milagro ni de fórmulas secretas, sino de constancia y equilibrio. Así lo explicó el propio actor en una entrevista hace unos meses, donde dejó claro que no sigue ningún plan estricto, pero sí una pauta muy definida basada en una alimentación sencilla, limpia y adaptada a su entrenamiento diario. Lejos de modas pasajeras, su enfoque se apoya en lo básico: ingredientes reconocibles, sin excesos y con especial atención a cómo se combinan.
La dieta de Mario Casas
Cuando su exigencia física aumenta, especialmente en etapas de trabajo centradas en la fuerza o la resistencia, su dieta gira en torno a alimentos muy concretos. Arroz, pollo, pescado y verduras forman la base de su alimentación, siempre con una premisa clara: evitar las salsas. Para Casas, esta elección no responde a una obsesión, sino a una forma práctica de mantener el control sobre lo que come sin complicarse, priorizando el producto por encima de los añadidos.
Este enfoque encaja con una tendencia cada vez más extendida: la de apostar por lo que muchos llaman “comida limpia”. Es decir, platos simples, poco procesados y fáciles de identificar. En su caso, no se trata de eliminar grupos de alimentos ni de restringir en exceso, sino de construir una rutina que funcione a largo plazo. De hecho, él mismo reconoce que ha probado otras estrategias, como el ayuno, pero que actualmente prefiere comer con normalidad porque su nivel de actividad física lo exige.

Su dieta gira en torno a alimentos muy concretos
Aun así, su dieta no es rígida. Más allá de esa base principal, también incluye fruta, yogures o cereales, adaptando su alimentación a las necesidades del día a día. El plátano, por ejemplo, tiene un papel importante, especialmente en momentos de entrenamiento, donde lo utiliza como una fuente rápida de energía que le permite mantener el ritmo. Este tipo de decisiones reflejan una relación con la comida más funcional que restrictiva.
Uno de los aspectos más interesantes de su rutina es cómo gestiona los antojos. Casas admite que los productos industriales le resultan muy atractivos, pero ha encontrado una forma de equilibrarlo: permitirse pequeños caprichos controlados. En su caso, el chocolate con alto porcentaje de cacao actúa como una recompensa puntual que le ayuda a mantener el resto de hábitos, evitando caer en excesos mayores.
El desayuno también sigue esa misma línea de sencillez. Café, fruta y, en ocasiones, algún extra como yogur con cereales o una tortilla francesa configuran una primera comida del día sin complicaciones pero efectiva, pensada más para funcionar que para impresionar. Es una rutina que se adapta a su ritmo de vida, sin necesidad de elaboraciones complejas.
Pero si hay un elemento clave en todo este enfoque, es el deporte. El propio actor insiste en que entrena, como mínimo, dos horas al día, y que esa disciplina ha influido directamente en su forma de comer. Para él, el ejercicio no es solo una cuestión estética, sino una parte esencial de su estilo de vida que condiciona todos sus hábitos.

El método de Mario Casas no tiene misterio, pero sí coherencia. Comer bien, entrenar con regularidad y encontrar un equilibrio realista. Porque, más allá de titulares, su físico responde a algo mucho más simple: una rutina constante basada en decisiones sostenibles en el tiempo.